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Andrés Calamaro: Dos décadas de su Alta Suciedad

Ecos de la época dorada del rock en español
Por
José "Pepe" Plata

El retorno a la vida musical como solista de este argentino terminó siendo un disco que se convertiría en el segundo disco más vendido en su país tras El amor después del amor. Un fenómeno de antes del nuevo milenio que todavía tiene eco.

Por José ‘Pepe’ Plata // @owai

Si se mira en perspectiva el carácter de los grandes cantantes del rock argentino, es posible encontrar trayectorias en el desempeño creativo de voces como las de Charly García, Gustavo Cerati, Fito Páez o Luis Alberto Spinetta que están ligadas indefectiblemente a la nación del sur. Salvo Gustavo Cerati, que vivió algunos años en Santiago de Chile, esta ciudad fue un lugar clave en su historia musical. Pero cuando se mira en perspectiva la relación que tuvo Calamaro con la ciudad en los años noventa, encontramos que su quinto disco es una obra maestra alejada de esta ciudad.

Así es. Andrés Calamaro ha sido una de las voces más queridas en el continente desde sus inicios en los años ochenta. Formó parte de la legendaria agrupación Los abuelos de la nada, la cual fue liderada por Miguel Abuelo, pero su carrera como solista comenzó con un primer disco publicado en 1984 bajo el nombre de Hotel Calamaro. Vinieron luego Vida cruel (1985), Por mirarte (1988) y Nadie sale vivo de aquí (1989).

Pero los noventa le dieron un doble estatus. El primero, como parte de la banda Los Rodríguez, con la cual desarrolló una carrera destacada viviendo en Madrid y con la cual grabó tres discos que dejaron canciones como Sin documentos, Palabras Más, Dulce condena, Milonga del marinero y el capitán, entre otras. Pero luego de la disolución de la banda, Calamaro se encontraba comprometido a grabar nuevo material como solista.

Las opciones eran quedarse en Madrid, donde llevaba más de seis años viviendo, o regresar a su Buenos Aires querido y comenzar la nueva grabación. Pero no hizo nada de eso. Escogió irse a la ciudad de Los Ángeles en Estados Unidos. Justo a la ciudad de la industria de la música y donde hay espacio para todo. ¿Cuál era el motivo para salir de la seguridad de Madrid o llegar a Buenos Aires, hacer un par de llamadas y retornar a la seguridad?

 

La razón estaba dada en el aprecio y la fascinación de Calamaro por los músicos de sesión que formaron parte en la grabación de discos de artistas como John Lennon, Tom Waits, Elvis Costello o Aretha Franklin. Esos personajes que se acoplan a una idea, la graban, la vuelven a grabar y son maestros de su instrumento. Personajes curtidos en grabaciones y estudios de todo tipo. Además era una salida y a la vez necesidad para Calamaro. No tenía banda y tenía que grabar un disco por contrato. Pero también, ir a Nueva York, le significaba retomar contacto con un viejo amigo que había producido discos de Charly García y su anterior banda, Los Rodríguez: Joey Blayney.

Calamaro emprende un viaje a esta ciudad en octubre de 1996 y comienza una rutina creativa que consistía en escribir canciones y grabar tomas con músicos de estudio. Todo esto con miras a tener un conjunto de temas que fueran generando su confianza y decidida necesidad de grabar algo bajo su sello solista. El último disco con su nombre, databa de los años ochenta y ya Calamaro sentía la necesidad de dar un disco que dejara una marca.

Pasó el otoño, el invierno y la primavera que sirvieron para que este cantante se concentrara en armar un repertorio que se grabó entre Nueva York, New Jersey y Miami. En cada lugar, tomaba el aire que le daba tranquilidad y en el que sentía que daba lo mejor. Podía ser tan común como cualquier otro, porque no tenía raíces con las ciudades. Era tan ciudadano como visitante.

Esto no le impidió entonces que escribiera las canciones que marcaron un regreso y que se convirtieron en un clásico. Canciones tan certeras como Flaca y Loco. Una serie de gemas pop  y rock que sonaban así antes de que se acabara el milenio.

1.       Alta suciedad: Una canción rockera, irónica, con aire blues funk en la cual Calamaro dice que no hay nadie en quien confiar. Un gran sencillo de impacto en las radios del continente.

2.       Todo lo demás también: Una suave e íntima canción que nos deja sentir cómo se busca la confianza y cómo es complicado conseguirla.

3.       Donde queda marinero: Aquí ese sentido de aprecio por la melancolía y la duda está presente con un suave aire folclórico.

4.       Loco: La canción censurada, la que en su frase habla de salir a “fumar un porrito” y con la cual se le hizo una cacería de brujas a Calamaro. Un elogio a la locura y a cómo la vida es corta. Un clásico sin par.

5.       Flaca: Esta es la inolvidable canción que nos remonta al Calamaro especialista en canciones. Una inconfundible canción que sigue fresca y es capaz de dejarnos en claro que la lucha del amor y la indiferencia es eterna.

6.       Quién asó la manteca: Un blues escondido y refundido con el cual tenemos una oda la rutina, a lo que se convierte en costumbre y que termina por ser parte del decorado.

7.       Media Verónica: Conocida la afición de Calamaro por la tauromaquia, aquí tenemos un juego de palabras en las que se describe el ocaso del amor. Una mujer que está bien en la vida, pero que está cansada de esperar.

8.       El tercio de los sueños: La descripción de un encuentro amoroso infortunado en el cual hay tres y solo pueden estar dos. El que termina afectado es Calamaro porque no se fijan en él. Nuevamente los toros salen a relucir.

9.       Comida China: Una canción lenta entre lo triste y lo lúgubre, con la cual Calamaro vuelve a hablar sobre la rutina y cómo ella se vuelve parte de la vida y donde ya la caída del sol no lo sorprende.

10.     Elvis está vivo: Estando en Estados Unidos, ¿cómo no sería posible que Calamaro no se dejara llevar por esas eternas obsesiones gringas? Y es así como habla del Rey del Rock; que no está muerto, sino muy vivo. Justo en el año en el que cumplía veinte años de muerto.

11.     Me arde; Abre con un riff de guitarra que bien nos describe la dulce sensación de saber que una mujer se fue. Y además en ella, hay una colombiana que interviene como parte de la historia.

12.     Crímenes perfectos: Nuevamente el despecho está presente. Canción sobre la pérdida de un amor. ¿Estaría Calamaro despechado?

13.     Nunca es igual: Un gran tema en onda reggae que fue grabado en Miami. Y es una narración paradójica de un gaucho que tiene que aguantar y sobrevivir. Pero la vida es dura y tiene que ser vivida a como de lugar.

14.     El novio del olvido: Este disco cierra con un aire de tango en guitarra en el cual se hace presente Madrid, como una postal ausente. Como un recuerdo de la ausencia no deseada pero que tuvo que llegar.

Debido a que en ese momento la industria discográfica no prensaba vinilos, el disco tuvo el beneplácito de ser prensado en disco compacto y durar 54 minutos. Una duración que además de favorecer el repertorio que Calamaro ofrecía, llegaba en un momento crucial del rock argentino. Uno en el que Soda Stereo había finalizado su vida musical, uno en el que Fito preparaba el disco que le traería una enemistad con Joaquín Sabina (Enemigos íntimos, lanzado en 1998), uno en el que Charly García estaba en calma y uno el que Spinetta tenía el honor de hacer su Unplugged en Mtv. Fue así como Calamaro se apropió de 1997 y nos dejó este disco que tiene canciones tan recordadas como sonadas.

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