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Historias de resistencia: Pascuala Ilabaca, el estallido de la unión en Chile

Pascuala Ilabaca, referente de la nueva ola de cantautoras chilenas, cuenta cómo, a pesar del miedo, el paro ha despertado la unión en la comunidad.
Pascuala Ilabaca y las manifestaciones en Chile, Cortesía Francisca Wienecke
Pascuala Ilabaca y las manifestaciones en Chile, Cortesía Francisca Wienecke
Por
Redacción Shock

La cantautora y acordeonista Pascuala Ilabaca; Jaime Concha, bajista y fundador de Juanafé; y la agente de booking y managment de Egun Producciones, Camila León, cuentan cómo han vivido y participado activamente de las permanentes jornadas de manifestación social en Chile. También cómo han gestionado, desde su lugar en la música, las acciones comunitarias de resistencia.

Por Fabián Páez López @Davidchaka

Este es el segundo de una serie de contenidos en los que los músicos nos cuentan cómo han vivido las recientes jornadas de manifestación social en Latinoamérica. El paro, como un acto de protesta sostenido en el tiempo hasta lograr la concreción de las peticiones populares, en lugares como Chile y Puerto Rico, ha despertado un sentido comunitario poco antes visto entre jóvenes y demás ciudadanos habituados a modelos laborales represivos y absorbentes. Ha generado, también, que ciudadanos y músicos se reapropien de lo público. Y también ha desatado la preocupación en mucha gente por adquirir una cultura de la información que esté a la altura del debate político.

En este texto, Pascuala Ilabaca, una de las artistas más destacadas de la nueva escena de cantautores chilenos, cuenta cómo durante las recientes manifestaciones en Chile, a pesar del miedo, la desinformación y la violencia del Estado, se han creado redes de colaboración en su ciudad natal, Valparaíso. Los ciudadanos han salido a las calles a conocerse, a pensar en el país que quieren. Los artistas, por su parte, se han conectado para aportar canciones, micrófonos abiertos y para sumar al movimiento.

Pascuala Ilabaca ¿Por qué protestamos los músicos?

“Nosotros tenemos el ejemplo de Víctor Jara, que fue un músico que dio su vida por la justicia y que todavía no recibe justicia por su muerte. Fue asesinado vilmente porque le dieron más de 30 balazos. Fue un daño a un músico muy querido que tenemos todavía en la memoria. Yo por eso, desde niña, canto canciones de Víctor Jara, porque es parte de nuestro legado y ahora, con justa razón, salimos nuevamente a hacerlo: porque hay impunidad en Chile.

En el fondo, en lo que todos estamos de acuerdo, es en la asamblea constituyente. Nuestra constitución se escribió en la época de la dictadura de Augusto Pinochet y hemos seguido todo este tiempo fingiendo la democracia. Estamos con la carta magna que escribió Jaime Guzmán, que es la carta magna de la dictadura. Con esas leyes no podemos tener equidad social porque se le entregan los recursos naturales a las personas que vengan del extranjero a hacer inversiones en nuestro país. Somos el único país del mundo con el agua privatizada. Yo cuando digo esto siento que ya le queda claro a todo el mundo. No hay más explicaciones. El agua es privada. 

Por ejemplo, las tías abuelas de Jaime, que es el baterista de la banda, son campesinas de la zona central. Antes tenían sus propias tierras para cultivar y luego llegaron a esas tierras otras empresas de exportación y les quitaron toda el agua. Dejaron la tierra seca y esas señoras que siempre habían vivido en el campo ya no tienen agua. Es lo que pasa en toda América Latina. No te estoy contando algo que pasa solo en Chile. La diferencia es que nosotros tenemos que pagar por el agua cañería y tampoco nuestros agricultores tienen derecho a los ríos y nuestros pescadores no tienen derecho al mar. Eso ya es demasiado. 

La sociedad se ha ido encargando de dejar al artista en un lugar muy al margen. Pero nosotros somos personas que, por cierto, no somos consideradas trabajadoras. No tenemos derecho a la seguridad social y, por otra parte, nos detenemos a mirar la sociedad, lo que está pasando, desde una perspectiva creativa. Hay un lugar que ocupa el músico, que es como la carta del mago del tarot, que puede decir lo que siente porque tiene acceso a un micrófono y que por otra parte vive una experiencia de vida que no está tan aprisionada por el neoliberalismo. Es alguien que no tiene un jefe. Por eso los estudiantes y los artistas son las personas que están más libres del sistema. Por lo tanto, son personas más visibles de este movimiento”. 

¿Cómo cambiar el modelo, resistir al miedo y aportar al movimiento social?

“Yo con mi banda llevo 11 años y llevamos a cabo la economía solidaria, la economía del cooperativismo. Siento que ahora la gente lo que está buscando es un modelo que sea distinto al modelo neoliberal, porque ya se ve que el modelo neoliberal genera mucha desigualdad social. Es un modelo que promueve el abuso, que promueve la explotación de los recursos naturales a cambio de nada.

Por ejemplo, yo vivo en una ciudad en la que toda la costanera la ocupa una empresa española y esa empresa no tributa en mi ciudad. Nosotros perdemos el uso de toda la costanera y no recibimos nada a cambio. Somos una ciudad muy empobrecida, con el nivel máximo de cesantía. Esto hace que la gente esté en disgusto con el sistema neoliberal. Y los artistas aplicamos mucho la economía solidaria, la economía circular, el trueque. Otro tipo de economía. En estos momentos también hemos podido enseñar a la comunidad herramientas de cómo vivir sin el neoliberalismo. 

En las calles, la gente suele decir ‘yo no tengo miedo’, pero yo he sentido mucho miedo en estos días. Tenemos los referentes de Víctor Jara, que fue asesinado por los militares. Esas cosas no se nos han olvidado.

Siento que hay que ser elocuente con lo que uno siente, porque a lo mejor hay un músico que realmente se siente comprometido con lo que está pasando y por eso se siente llamado a decir algo, pero no es lo que le nace, o no sé. En Chile ha sido muy visceral. Tú ves cómo el pueblo sufre y tú también eres parte del pueblo. A ti también te empiezan a pasar cosas o entre tus familiares cercanos. Entonces, sales a defender.

Es como una madre. Una madre no decide si defiende a sus hijos o no, sino que sale visceralmente. Y a mí la verdad me brota visceralmente. A lo mejor no tendría que decir lo que estoy diciendo, pero es la forma que tengo para expresarme y para seguir viva. Es ser sincera y estar transmitiendo este mensaje de liberación, porque siento que hace muchos años todos los países de América Latina han estado sometidos. Y nosotros estamos cansados. Tenemos el derecho de poder decirlo, por lo menos. Imagínate todo lo que ha hecho el estado de Chile. Los militares han salido a la calle, nos tienen a todos atados de nervios, lo mínimo que podemos hacer es tener el derecho a reclamar”. 

Ha sido muy duro porque a mí lo que me da miedo es que nosotros, o bueno, primero, los estudiantes que empezaron con las protestas en el metro, con una foto que se hizo muy famosa porque quemaron estaciones, no fueron ellos los que las quemaron, han sufrido acusaciones. Es todo un montaje. La prensa manipuló todo y es muy difícil que la gente entienda realmente por lo que estamos pasando. Se utilizó o se justificó, a través de una marcha, la creación de terrorismo, pero terrorismo de Estado. No terrorismo de la gente. Todos los saqueos, todo ha sido un montaje. No es que no se haya hecho, sino que son situaciones generadas para crear caos social y que la gente se sienta descontenta. Hay muchas fuerzas que han hecho que el país haya dado una vuelta. Con los militares en la calle, con toque de queda. Yo nunca pensé que iba a vivir un toque de queda. Eso, pensé, era lo que le había tocado solo a mis abuelos. No pensé que lo iba a vivir. Es algo que hace unos meses no pensamos que ibamos a vivir en la vida y, de pronto, hubo un estallido de violencia por parte de los militares y del Estado, no por parte del pueblo chileno. El pueblo chileno tiene dignidad, quiere poder vivir en paz. Por eso la canción emblema por estos días es El derecho a vivir en paz [de Víctor Jara]. La gente no está tomando como bandera una canción que impide el odio. Todo lo contrario, está rescatando la canción de un hombre que fue asesinado y que pedía vivir en paz.

Lo que hacemos no nos sentamos a planificarlo. Sale y es superior a ti. Es como un niño que quiere nacer y le llega la hora. No puedes seguirlo sosteniendo. Yo soy de Valparaíso, una ciudad relativamente pequeña, de 300 mil habitantes. La gente toda ha salido a las plazas, al caceroleo, y se han unido a las juntas de vecinos. Se han hecho ollas comunes todos los días para poder compartir la comida. Y ahí vienen cosas muy bonitas. En el fondo, no estamos acostumbrados a compartir tanto los días que la gente no ha ido a trabajar. Están los padres, las madres, los hijos al frente de la plaza conversando acerca del país que nos gustaría tener. Ha habido momentos emocionantes, inéditos para mí, que tengo 34 años. No teníamos una vida tan política ni tan comunitaria en Chile. Es como un estallido social, también de comunicación, de momentos de encuentro. De realmente conocer quiénes son tus vecinos, cocinar juntos. Son momentos muy hermosos. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Yo hice con Mon Laferte un concierto en la plaza de la esquina de mi casa y subían todas las niñas al micrófono. Cada niña podía cantar lo que se le ocurría. Estamos todos al servicio de servir y de difundir esta revolución que es muy amorosa, es muy humana. Reivindica el derecho a poder compartir, a no estar trabajando para pagar deudas. Es como volver a la humanidad. Es un momento muy lindo y no hay líderes. De pronto la gente de derecha empieza a preguntar ¿Cuáles son los líderes? Y no hay, porque, en el fondo, como la política en general está tan desgastada, y venimos hace tiempo con conflictos de liderazgo tremendos hasta el punto que la gente no vota porque no cree en ningún político, realmente este es un movimiento sin líderes. También hice una canción un día que a la vocera del movimiento feminista le llegó un balazo en la oreja y se le reventó su tímpano. A mí me afectó mucho, porque ella es una mujer que defiende a todas las mujeres. Es una mujer con muy buen corazón. Y como músico, me imaginé que a mí me hubiera pasado que se me revienta el tímpano y me afectó mucho. Hice entonces una canción en homenaje a las mujeres que están en la lucha. 

Tenemos que seguir juntos defendiéndonos. No bajar los brazos. Merece mucho la pena lograr el objetivo: cambiar la constitución de Augusto Pinochet, poder pensar con un chip diferente, con otras normas que sean más justas. Por ejemplo, que la gente reciba pensiones dignas. No que unos sí y otros no. El punto es equilibrar un poco. Y tenemos derecho a querer eso. Vale la pena estar involucrado y simplemente poner toda la energía y no tener miedo".

 

 

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