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¿Por qué las canciones que tanto nos gustan después nos parecen una mierda?

Sí, es posible embutirse una canción hasta quedar indigesto. La ciencia nos explica por qué nos dejan de gustar las canciones después de cierto tiempo.
Foto: Vevo Luis Fonsi
Foto: Vevo Luis Fonsi
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Redacción Shock

¿Se han puesto a pensar hace cuánto tiempo no escuchan alguna de las canciones más sonadas de 2015? Digamos, por ejemplo, Lean On, de Major Lazer y Dj. Snake. Un track que en su momento sonaba hasta en la sopa, hoy solo es la sombra de Despacito o de lo nuevo del mismísimo Dj. Snake. Es un fenómeno común. Lo conocemos como darle palo o quemar una canción que nos gusta hasta que nos sabe a mierda. Es como cuando uno come tanto de lo mismo que se intoxica y lo único que queda es un recuerdo traumático del que queremos huir. Para los músicos también es un arma de doble filo que ha mandado a muchos a la no tan honrosa gaveta de los one hit wonder. Puede que tenga que ver con el tipo de música y la sobreexposición, pero también hay una explicación psicológica.

La psicóloga Amaya Terrón, cuenta en una entrevista para Verne, el proceso mental detrás de estos casos. Según dice, la sobreexposición a un estímulo lo acaba vaciando. "La explicación psicológica a que una canción que nos gusta nos acabe aburriendo, está en la habituación. Al sobreestimular los centros de placer, el estímulo pierde su potencial evocador".

También compara la habituación con el proceso que se utiliza en psicología para superar traumas: "Funciona con estímulos buenos y malos. En terapia se va exponiendo poco a poco al paciente a situaciones que le provoquen miedo para que las acabe superando. Al fin y al cabo, consiste en acostumbrarse a algo", explica.

En términos de industria, muchos factores intervienen: la radio, las recomendaciones espontaneas o la viralización en Internet, por ejemplo. En primera instancia, que uno se sienta atraído por una canción puede atribuirse a muchos factores, bien sean sociales o a que el track está diseñado para quedarse en nuestra cabeza como un gusano auditivo.   

Según palabras de un experto en psicología musical Michael Bonshor para el diario británico The Independent, "los neurólogos creen que el cerebro cruza dos etapas al escuchar una canción que nos gusta: el núcleo caudado del cerebro se anticipa a nuestra parte favorita de una canción, mientras que el núcleo accumbens se dispara por el subidón, causando la liberación de endorfinas".

 

Por tal razón, se cree que cuanto más conocemos una canción, menos se enciende nuestro cerebro al anticipar el momento del climax, o la liberación de endorfinas.

Desde luego, hay canciones que nos van a gustar para siempre. No todas son un Despacito o un Gangnam Style. Como cuenta el mismo Bonshor, otro elemento clave, es la complejidad de la canción. “Cuanto menos común sea la estructura de una canción, más posibilidades hay de que el estímulo se siga despertando con el paso del tiempo. Bonshor pone el ejemplo de Bohemian Rhapsody de Queen, un icono popular sin estribillo y separado en seis secciones muy diferenciadas, es decir, una canción original y compleja”.

Matar una canción por un mal momento

También es posible matar nuestro gusto por una canción por asociarla con un mal momento. Afirma Terrón para Verne que "Eso se llama condicionamiento", Es decir: "Asociamos un estímulo a una persona. Puede ser un lugar, una fecha o una canción. En su momento, el estímulo se refuerza de forma positiva porque la persona nos evoca sentimientos positivos. Sin embargo, si nuestra consideración de esa persona cambia, también lo hará el sentimiento que nos despierta el estímulo, es decir, la canción".

El ejemplo más claro de esto es cuando ponemos nuestra canción preferida como despertador, sobre todo si es muy temprano. Despertarse, desde luego, es una mierda. ¿Cómo no odiar la banda sonora del momento más trágico de cada día?

Lo mejor para solucionar ese problema, coinciden los especialistas, es acudir a la vieja confiable: darse un tiempo. Después de dejar de escuchar un track por un buen tiempo, al escucharla de nuevo, puede volver a tener impacto en nosotros.

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