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¿Quién es Patricia Teherán y por qué le están haciendo una novela?

Con ustedes, la Diosa del Vallenato
Por
Jenny Cifuentes

Patricia Teherán fue la guerrera que desafió el machismo del vallenato y se encumbró como estrella comercial en un género regido por hombres, proeza que ninguna mujer ha vuelto a repetir. 

Por: Jenny Cifuentes @Jenny_Cifu  //  Fotos de Chela Ceballos, cortesía de Jota Flórez de Blogvallenato.com

Pura euforia se siente durante las Fiestas de Sincelejo, Sucre, de 1995. Es 14 de enero y el público está alborotado  ante las descargas de sabor de Patricia, que está en tarima acompañada por su grupo Las Diosas del Vallenato. La cantante, mientras interpreta el tema Qué desastre, se dirige a un tipo de la audiencia, y dedicándoselo les dice: “¡Papacito, mi vida, qué bigotes tan hermosos!”. La gente se emociona, se ríe, silba, y Teherán, micrófono en mano, continúa: “se me ha puesto rojo el señor. Aunque está con la señora ahí, pero bueno, no deja de ser hermoso. Yo no tengo la culpa. ¡Pero qué estatura! Se me sale la baba”, apunta soltando una carcajada y sigue cantando y bailando.

Se le ve alegre con sonrisa grande, estampada y brillante como ese traje cortico azul que lleva, con el que muestra pierna. La cartagenera tiene 25 años, es talentosa, histriónica, desparpajada y resalta entre sus compañeras de grupo por su cabello crespo pintado de rubio.

Las mujeres se identifican con ella: a bastantes se les ha visto en sus shows, llorando desconsoladamente con botella en mano y coreando a grito herido porque sus temas van dirigidos al género masculino y porque, además, es la que se atreve a cantar sobre lo que a muchas avergüenza. Para las chicas, es ídolo.  Para los hombres, un imán. Aunque varios confiesan que los ha metido en problemas con esposas y novias por esa canción Tarde lo conocí, que tiene pegada y tronando en todo el país desde hace un año.  Esa a la que en algunos pueblos bautizaron “la quita-hombres”. La mencionada pieza dice, “por qué lo vine a conocer señor, cuando su vida toda de ella es, si primero lo hubiera visto yo, seguramente fuera su mujer”, y le dio el último impulso para convertirse en una luminaria vallenata.

La tradición de “el vallenato sólo lo hacen los hombres”, que se remonta a sus orígenes, había sido rasgada en el año 68 cuando se inauguró el Festival de la Leyenda Vallenata en Valledupar. En ese entonces la samaria Rita Fernández – de 18 años– armó junto a cinco amigas el primer grupo de vallenato femenino en  Colombia: Las Universitarias. Ellas firmaron con el sello Bambuco, grabaron un disco, hicieron presentaciones en Panamá, México y Estados Unidos, pero se desintegraron después de un año. Luego Rita se consagró como compositora escribiendo obras tremendas como Sombra perdida, grabada por El Binomio de Oro, o El Son del Tren, llevada a la pasta por Fruko. Las Universitarias fueron ese germen de “la resistencia femenina” en el vallenato, que más adelante se siguió viendo en instrumentistas como Fabri Meriño, que en el año 70 fue la primera mujer acordeonera que concursó en el Festival en la categoría profesional (en la que compiten los pesos pesados), o la niña Yeimi Arrieta, quien en 2007 se coronó como Rey Vallenato en la categoría Infantil del evento.

LAS MUSAS DEL VALLENATO

Una de las duras que se metió de lleno en ese frente de mujeres vallenateando que cranearon Las Universitarias fue la acordeonera “Chela” Ceballos quien desde su tierra, Barrancabermeja, había llegado a Cartagena con el firme propósito de formar una agrupación femenina de vallenato. En 1988, esquivando críticas de artistas y medios, lo logró. La banda resonaba timbales, bajos, teclados, y letras enfocadas en los hombres. En los tiempos de despegue “Chela”, además de dedicarse al acordeón, era la cantante; tarea con la que no se sentía muy a gusto.  Un día escuchó una orquesta ensayando cerca de su casa y le gustó la voz que se oía. Era la de Patricia Teherán, quien fue reclutada  y se convirtió en una de las vocalistas (la otra era Anita Puello) del grupo Las Musas del Vallenato.

Después de 8 meses de ensayos debutaron en vivo en la Universidad de Cartagena con buen eco del público. Pese a los contradictores, sus presentaciones se multiplicaron y ganaron seguidores trabajando al cien, hasta que sus shows se hicieron rentables.   

Poco después, el  acordeonero Rafael Ricardo les ayudó a que pudieran realizar su primera grabación, un sueño de todas y un reto para Patricia, según lo contaba, porque las mujeres cantando vallenato no eran nada comunes, y el camino era culebrero, como rezaba una  canción. Su disco debut Con alma de mujer (1990) salió al mercado y les dio más reconocimiento en su región, donde se destacaron los cortes Embriagada de Ilusiones y el que le da título al álbum.

Dos años más tarde, apareció su segundo trabajo, Guerreras del amor, que incluyó su primer hit Me dejaste sin nada: un tema lleno de despecho y sufrimiento en el que Patricia le dice a un tipo que no le ruega más, y en el que incluso saluda a Kaleth Morales y a sus hermanos.  Un gesto de agradecimiento hacia el cantante vallenato Miguel Morales (padre de Kaleth), una de las figuras que según Teherán la apoyó en su carrera. Coreografías, minifaldas, look ochentero y sentimiento vallenato en el clip.

Con ese álbum muchas caras se empezaron a rendir ante la garganta privilegiada de Patricia y su carisma. Contra todo pronóstico, para admiración y sorpresa de muchos,  la radio traqueaba una mujer cantando vallenato. Vinieron viajes a distintos lugares del país,  a Ecuador y Venezuela.

En el 93 la producción Explosivas y sexis, salió al mercado, resonando canciones como Qué desastre y Otro en tu lugar. Este sería el último disco de Patricia junto a Las Musas del Vallenato, quien “por problemas de temperamento”, como dijo en una entrevista, se separó de “Chela”.

EL BOOM DE LAS DIOSAS DEL VALLENATO

Afirmando que las mujeres cuando tocan vallenato son unas diosas, Patricia armó y bautizó su nueva agrupación Las Diosas del Vallenato, teniendo como acordeonera a Maribel Cortina.

La banda sonaba poderosa. Tan bien, que según relataba Patricia, había quienes no creían que eran ellas las que tocaban. Alguna vez un hombre se acercó al escenario en un show y les gritó, “muestren el casete, muestren el casete, que están haciendo fonomímica”. En ese tiempo, a pesar de que ya eran reconocidas, narraba la cantante, tuvieron que buscar el respaldo de artistas vallenatos hombres para ser aceptadas en el cartel de algunos conciertos. Pero ya en tarima daban una gloriosa bofetada de sonido a sus detractores. La gente se emparrandaba con ellas, las aclamaba. Patricia, la chica osada que se presentaba en casetas y festivales, así como lo hacían estrellas como Diomedes Díaz o Jorge Oñate, que dedicaba su “¡ay hombe!” y sus cantos a los machos, como ellos se los dedicaban a las mujeres, era encumbrada por su público.

En enero del 94 Las Diosas del Vallenato publicaron el álbum Con aroma de mujer que obtuvo Disco de Oro por sus ventas, y que incluyó canciones que fueron éxito y se convirtieron en infaltables en el repertorio de los shows, entre ellas: Todo daría por ti , Amor de papel, Dueño de mi pasión (compuesta por Patricia) y el batazo Tarde lo conocí.

Todo daría por ti

Un tema romántico para bailar pegado, que dejaba sonando en la cabeza una y otra vez: “todo, lo haría por ti de todos modos, quiero que sepas que te adoro, que nunca te dejé de amar”

Amor de papel 

Una pieza que en los conciertos Teherán dedicaba a los hombres casados  y a las esposas les decía: “el gallo que en su corral cantó, tiene una verdadera mujer”

TARDE LO CONOCÍ

El súper hit que puso a Patricia como “la primera mujer que logró imponer un vallenato  a nivel nacional en Colombia” (según palabras del fallecido periodista Ernesto McCausland),  la posicionó muy arriba en el plano comercial. Había sido escrito por el compositor y Rey Vallenato (1989) Omar Geles a una mujer casada con un gerente de banco, de quien se enamoró muy joven. Inicialmente la canción estaba destinada para que la cantara Beto Zabaleta, pero luego de que Zabaleta no la grabara, y en vista de la insistencia de Patricia para  tener un tema de Geles en su disco, él hizo unos cambios para que le cuadrara interpretarla a una mujer. Se la dio y terminó produciendo y tocando el acordeón en la canción. El disco se les rayó a muchos de tanto ponerlo.

ADIÓS A LA DIVA

El 19 de enero de 1995, la artista se trasladaba en un carro de Barranquilla a Cartagena.  En el sitio conocido como Lomita Arena, en el departamento de Bolívar, una de las llantas estalló y el vehículo perdió el control. Tras el accidente, Patricia fue conducida al Hospital Universitario de Cartagena donde falleció. Era época de fiestas en el país y la cantante había dado en diciembre dos conciertos en San Andrés, actuó también en Cérete, en las fiestas de Sincelejo el 14 de enero, y realizó un último show dos días después en Plato (Magdalena). En Barranquilla, firmó para sus apariciones en pre carnavales e iba rumbo a Cartagena a abordar un vuelo que la llevaría a los Llanos Orientales a cumplir compromisos. Estaba además recogiendo canciones para su próximo disco, y hacía cuatro meses había sido madre.  Tras su deceso el público se conmocionó y lloró a la mujer que revolucionó el vallenato y que dejó sus cantos instaurados como clásicos, motivando a nuevas generaciones de chicas.  

Vino un disco en marzo de ese año titulado Adiós a la diosa que reunió cortes de su obra, y posteriores tributos como el grabado en 2013 por Zamia de La Rosa, conocida como ‘La Princesa Guajira’, oriunda de Villanueva, que denota la huella que dejó la artista.

Patricia Teherán, permanece hoy encumbrada en el universo vallenato, aún ninguna mujer ha logrado igualar ni superar su hazaña.

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