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Concierto de conciertos: yo por allá no voy

Por
Chucky García

Por: @chuckygarcia

Hay cosas que es mejor no continuar, zombis que no hay que despertar y conciertos que más vale recordar que volver a vivir. En 2018 se celebrarán 30 años exactos del evento del que se dice partió en dos la historia del rock en Colombia, el primer “Concierto de Conciertos Bogotá en Armonía”; y su publicitado sucesor –que se llevará a cabo el próximo 20 de junio– sigue sin dar pie con bola y su cartel deparó en una colcha sin gracia de artistas de reggaetón.

No me gusta hablar mal de otros conciertos porque personalmente trabajo en uno y sé mejor que nadie que cada cual mata sus propias pulgas como mejor puede; pero durante dos décadas la capital del país y el país mismo solo tuvieron un referente en cuanto a cultura de conciertos y ese justamente fue el llamado “Concierto de Conciertos”. Incluso aún cuando en la segunda mitad de los 90 ya existía el festival Rock al Parque y en los primeros años dos mil la oferta de conciertos estaba creciendo; “Bogotá en Armonía” seguía siendo un faro, una guía para entender cómo habíamos llegado a tener un sold out como el de Metallica en 1999 o la posibilidad de ver un show como el que Roger Waters trajo en 2007, y que gracias a su montaje, su sistema de sonido Surround 5.1 y el repertorio de Pink Floyd alcanzó la perfección de la música en directo.

¿Qué necesidad hay entonces de refritar una marca y más que una marca un episodio de la historia de la música en vivo en Colombia para traerlo a cuento sin contexto alguno y sin siquiera tener cierto apego por su memoria o por la experiencia que en su momento generó?

Hoy, cuando el país quizás mejor anda en materia de espectáculos en vivo y conciertos de todo tipo, ¿acaso hace falta desenterrar el “Concierto de Conciertos” y volverlo a poner sobre la grama del estadio El Campín pero con un line up que a estas alturas está más cerca de ser una hermana que le nació a la ya popular fiesta de reggaetón “Alístate Que Estoy Suelta Como Gabete”; y no una reinvención o por lo menos una actualización de algo que en todo caso hace parte de la cultura musical de los bogotanos y capitalinos?

Que los tiempos han cambiado y que volver a hacer un “Bogotá en Armonía” con Franco de Vita, José Feliciano, Pasaporte, Compañía Ilimitada, Océano (de Panamá), Timbiriche, Toreros Muertos, Los Prisioneros, Yordano y Miguel Mateos es como poner en marcha una versión para teatro de “The Walking Dead”; por supuesto.

Eso ni siquiera lo duden. Pero lo curioso e irónico de todo esto es que en 1988 el gran problema de quienes se inventaron el primer “Concierto de Conciertos” fue que les prestaran el estadio para albergar a las 65 mil personas que finalmente asistieron y aún más cuando todo los comentaristas deportivos al unísono se opusieron a tal cosa; y esta vez –28 años después– permiso para usar el estadio sí hay pero lo que no hay es gente que quiera ir, y eso que cualquiera puede separar su boleta a plazos y pagando solamente un 30% del valor de la misma.

Bajo el eslogan de “La Historia Continúa” primero se anunciaron artistas como Juanes, Enrique Iglesias, J Balvin y el propio Miguel Mateos; y a estas alturas la cosa va por Daddy Yankee, Wisin, Zion y Lennox, Plan B, Arcángel, Ñejo o Reykon; un cartel de reggaetón duro y parejo que vaya uno a saber si logra poner en armonía a quienes finalmente vayan a esta cita a cuotas.

Todo esfuerzo de la empresa privada en materia de conciertos a la final siempre traerá algo bueno para todos los demás públicos y privados comprometidos con seguir sacando adelante la movida nacional de espectáculos y el fortalecimiento de Bogotá como una plaza para seguir trayendo más oferta; pero el desconcierto que hoy rodea al Concierto de Conciertos no se puede ocultar y mucho menos pasar por alto.

Amanecerá y veremos, como reza el popular dicho, y ojalá en todo caso la gente que nació con el don de ser inmunes a una maratón de reggaetón de 12 horas asista de forma copiosa, que aprovechen y adquieran su boleta como quien saca una estufa de gas con el crédito fácil de Codensa, y que moviendo el bote se olviden de aquello de continuar la historia de un “Concierto de Conciertos” que tres décadas después sigue sin tener continuación alguna.

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