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Afrofuturismo: la revolución cultural que se viene detrás de Pantera Negra

Llegó la hora de contradecir los prejuicios que se tienen contra el continente negro.
Pantera Negra
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Pantera Negra presenta Wakanda: un país que muestra una visión del futuro más avanzada que cualquier otra en el mundo mezclando a su vez misticismos religioso y tecnología de punta. Pero ese rincón imaginario no está en Asia, ni siquiera en Europa: está en África. Bienvenidos a un nuevo sacudón del black power.

Por: Julián Andrés Ramírez //@Sir_laguna

Wakanda, el reino que se inventaron Stan Lee y Jack Kirby en 1966 como escenario de la trama de Pantera Negra, no solo encarna una potencia mundial sino al país más rico y poderoso del mundo. La creación ficticia es uno de los mejores ejemplos de una corriente cultural que surgió en Estados Unidos en los años 50 entre músicos, escritores y artistas de ascendencia africana: el afrofuturismo.

El afrofuturismo puede ser literatura, música, cine, pintura, comic, televisión o videojuegos; el punto en común es su rechazo a la visión estereotipada que se tiene de la cultura negra y de las civilizaciones africanas para mostrar un futuro o un presente mucho más positivo y con un respeto tristemente inusual de sus tradiciones. Aquí se mezclan las herencias, la mitología y la estética tribal con escenarios de ciencia ficción, fantasía y hasta terror. La ropa, el maquillaje y hasta la arquitectura son evoluciones de las herencias Maasai (de Kenia y Tanzania), Tsonga (de Mozambique y Zimbabue), Zulú (de Suráfrica) y demás tribus del continente negro. La tendencia no se quedó en la mitad del siglo pasado sino que ha seguido permeando el presente, e incluso cantantes como Beyoncé, Rihanna o Janelle Monae han tomado elementos afrofuturistas en sus looks, líricas y videoclips.

La imagen más común que se tiene de África en el resto del mundo es la de un grupo de países subdesarrollados y con conflictos constantes (algo que tampoco dista mucho de la imagen que se tiene de Latinoamérica), y aunque sería absurdo negar los problemas que aquejan a esa región, el mundo ignora los adelantos de países como Nigeria o Angola. La Wakanda de Pantera Negra en los comics y el cine se ha convertido en una nueva refutación a ese prejuicio primermundista. Una melancólica posibilidad de lo que hubiera podido ser África si no hubiera sido arrasada por el yugo del colonialismo europeo. El estreno de la película volvió a poner en primera plana los ideales de la corriente exaltando la fuerza del “black power”.

El afrofuturismo pretende ayudar a cambiar la percepción de África, pero también de la cultura negra alrededor del mundo. Por eso el hip-hop, su estética y su lírica envenenada tienen tanta relevancia. La crítica hacia el racismo es parte importante, pero también las denuncias contra los rezagos de la esclavitud, los excesos de la autoridad, la inmigración y la multiculturalidad. Por eso las expresiones ya han desbordado los límites del continente africano y han abarcado historias en toda clase de mundos, dimensiones y planetas.

 

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Pantera Negra es obviamente el ejemplo más claro de esta corriente, pero no está lejos el trabajo de la fallecida escritora estadounidense Octavia Butler, que en libros como Kindred (1979), la trilogía Xenogenesis (1984-1989) o sus cuentos cortos exploraba temas como la diversidad racial y la esclavitud en el contexto de viajes en el tiempo y relaciones con razas extraterrestres. Otra gran escritora del género es la nigeriana-americana Nnedi Okorafor, que en historias como Los que temen a la muerte (2010), Binti (2015) y El libro del Fénix (2015) mezcla las mitologías africanas con la fantasía y el sci-fi. También podemos destacar a la canadiense Nalo Hopkinson se atreve a imaginar un planeta colonizado por descendientes de caribeños en Midnight Robber (2000).

No es casualidad que los nombres más reconocidos del afrofuturismo sean mujeres, pues el género es reconocido por historias marcadamente feministas que combinan el potencial de la mujer con el de la raza negra. Esta mezcla de identidades sale adelante al enfrentar tanta discriminación. Incluso en obras de autores masculinos como Pantera Negra (escrita y dirigida por Ryan Coogler) la mujer ocupa un lugar importantísimo.

En los videojuegos también tenemos un gran ejemplo de una utopía afrofuturista. En el mundo del exitoso juego de disparos multijugador Overwatch existe Numbani, “la ciudad de la armonía”, que es un hermoso lugar en el que los humanos y Omnics (robots) viven como iguales tras una guerra entre ambos bandos que se esparció por todo el mundo. Allí vive Efi Oladale, una niña genio experta en robótica y cuya apariencia es otra perfecta mezcla de los estilos tribales y futuristas de esta tendencia.

Incluso la televisión colombiana puede dar ejemplos de afrofuturismo. El popular Profesor Super O, vive en una versión de Quibdó, Chocó, convertida en una metrópolis libre de corrupción y llena de desarrollos tecnológicos kitsch.

Pantera Negra (más su acertada dirección de arte y poderosa banda sonora) y su éxito en taquilla y buena recepción entre la crítica aseguran que el afrofuturismo vuelva a pegar duro y que sus ideas no se limiten a ser comentadas en círculos académicos o nerds. ¿Vendrá con ello un significativo cambio social?