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Brujería romántica: hierbas y esencias para amarrar al “verdadero” amor

Con estas recetas, ¿para qué Tinder?
Daniel Álvarez
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Plaza de mercado que se respete en Colombia cuenta con tienda esotérica. Al lado de los puestos de frutas y verduras, expuestos tras peceras con limones macho para la prosperidad del negocio y matas de sábila para alejar las malas energías, se encuentran expuestos tarros con baños, esencias, velas, perfumes y riegos para todas las necesidades. Los vendedores concuerdan que lo que más buscan los clientes son alivios para el amor y el desamor.

Por Trilce Ortiz // @trilceo - Fotos: Daniel Álvarez

Hombres y mujeres que llevan años de malas rachas amorosas, obsesivos que no han logrado superar al ex, celosos que no quieren que su pareja mire a nadie más o quienes están pasando por momentos difíciles con su pareja, consultan a los yerbateros y las brujas para que, entre sus consejos y los menjurjes, logren la felicidad junto al ser amado. Para algunos puede ser un acto de desespero, para otros un gasto pendejo de plata e incluso hay quienes ven este tipo de prácticas como algo pecaminoso.

Curiosamente el séptimo país con más católicos en el mundo, según estadísticas del Vaticano, también se mantiene fiel a ritos paganos que, históricamente, encuentran sus raíces en la existencia misma de la humanidad. Mucho antes de que llegaran los españoles a satanizar las maneras de los indígenas, existían los curanderos (hombres con un gran conocimiento del estado psicosomático de las personas) que generalmente lograban su diagnóstico sólo mirando al paciente a los ojos o tomando su pulso, y que encontraban en las plantas medicinales el tratamiento para todo tipo de males. Pero los curanderos no son brujos, no es su labor endulzarle la pareja a nadie ni mucho menos amarrarla.

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El esoterismo de plaza, así como los rituales de las brujas que se dedican a estas labores, es una mezcla de los conocimientos y creencias indígenas y sus posteriores variaciones campesinas con los aportes de las tradiciones negras, como el vudú, de los esclavos que fueron traídos de África y aportes de los mismos españoles. Contrario a la creencia general, la brujería no es solo asunto de “minorías” ni de estratos específicos.

“Yo he tenido políticos importantes, modelos, gente que tú ni creerías en mi consultorio, ofreciéndome mucho por hacerles amarres”, explica Maria Teresa, una mujer que tiene toda la pinta de bruja de cuentos de hadas con joroba y hablar místico. A ella la conocí cuando mi tía, aburrida de mis nueve años de fracasos sentimentales, me llevó a que me leyera la suerte. Ella me recibió en su apartamento de Cedritos, un tradicional barrio familiar y residencial de clase media bogotana, en el mismo en el que vive y atiende hace 25 años.

Acertó en el nombre del susodicho cuando, antes de sentarme o abrir la boca siquiera, me dijo que un ex mío me había mandado a trabajar para que no consiguiera amor nunca. Me mandó a hacerme una limpia con cocos, un velón blanco y esencia de destrancadera. Muy juiciosa hice el ritual durante siete días, y por efecto psicológico, por los poderes de Tere o tal vez por ambas, mi vida sentimental comenzó a mejorar un montón.

No hay necesidad de consultar una bruja para resolver una pelea con un novio terco, amarrar a una esposa que anda con media pata por fuera del matrimonio, o atraer el amor a la vida. Los que atienden los locales de brebajes conocen a profundidad sus productos. A una cuadra de la iglesia de Santa Marta, sobre la Calle 51, está La Prosperidad, una tienda donde igual se consiguen estampitas de la Virgen del Carmen, patrona de los conductores, como esencia “ven a mí” para atraer al ser amado.

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Doña Mariela, dueña del sitio, explica que hay esencias y baños para cuatro cosas fundamentales: amarres de amor, dominios, regreso del ser amado y endulzamientos. Los amarres sirven para que la persona receptora tenga sentimientos de amor hacia quien hace el trabajo (o lo manda a hacer). Los dominios someten el corazón de la persona amado; el regreso se aplica para cuando la persona amada se ha marchado; y los endulzamientos, que son los más inofensivos, arreglan las crisis de pareja. Según Mariela, si se quiere que el trabajo quede bien hecho, es mejor que lo haga una experta. Ella hace todo tipo de trabajos desde $30,000 a $80.000, dependiendo de lo que se quiera y qué tan difícil esté.

Tal vez la mayor congregación de tiendas esotéricas de Bogotá esté en Centro Comercial Caravana, en la calle 12 con carrera 9. Tienda tras tienda, los vendedores de los locales ofrecen promociones de esencia y jabones “para amarrar el amor y que nunca se vaya”. Paola, la chica que atiende uno de los locales del fondo recomienda a ojo cerrado el extracto de garrapata, que vende en una botella con el insecto en el fondo. “Es para que el hombre se le quede prendido, como el bicho. Le cuesta cinco mil pesos. O lleve el ‘amarra hombres’, se lo aplica después de bañarse con su jabón y así le llegan más”.

Orlando, el señor que atiende un par de locales más cerca de la entrada del pasaje comercial confía sobre todo en el poder de las velas. “Esta es la vela de los amantes”, me explica mientras me muestra una vela roja de la figura de un hombre y mujer entrelazados, “se utiliza para fortificar la relación, para que la pareja permanezca unida”. Hay dos tipos de vela de pareja, la roja que simboliza amor, y otra que es mitad rojo y mitad blanco que se usa para dominar a la pareja cuando “está rebelde”, como explica Orlando. Las instrucciones son sencillas: se escribe en la vela el nombre de ambas personas y se deja prendida hasta que se consume. “Esta vela le dura hasta dos días y es bien económica, le sale por seis mil pesitos”, cuenta Orlando, “para que sea más efectiva la puede consagrar con ‘pega-pega’ o miel de amor”.

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En el puesto de hiervas afuera de la Plaza de las Nieves en Bogotá, trabaja Jazbleidy con su mamá. Entre ruda, caléndula y menta ofrecen también parafernalias para atraer amor: jabón de Venus, baños de sígueme y esencia de pega-pega. Según ella para aplicar la sabiduría popular no hace falta consultar a una bruja. “Echa una tacita de pega-pega en un vasito con agua y se hace el baño final, después de la duda, con esa agua, por varios días, hasta que le funcione. Lo mejor es comenzar un martes o un viernes”. ¿Para qué sirve el pega-pega? Para afianzar a una pareja que está comenzando a mirar hacia otros pastos, todo por la módica suma de 5 mil pesos. Eso sí quienes venden los productos esotéricos se guardan con recelo el secreto de quién los produce.

Maria Teresa cobra $100 mil pesos la consulta y no atiende a todo el mundo. Ella explica que le siente la energía a la gente por teléfono y así decide a quién ver y a quién no. “Aquí sólo me gusta recibir gente buena”, dice Tere. Aunque es una mujer soltera y sin hijos, dice que entiende profundamente cuando la gente ama de verdad y que ayudar al amor, de vez en cuando, no es mala cosa. “Hay cosas sencillas que se pueden hacer como endulzar a la persona con miel, manzana y unas gotitas de imán y de quereme, pero eso no ata. Si no hay amor de verdad ahí, las esencias y las velas no sirven de nada”.

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