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'Descuida, yo te cuido': una ingeniosa radiografía del capitalismo tardío

El último hit de Netflix esculca con estilo en el lado maligno de la condición humana

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'Descuida, yo te cuido' (en inglés: I Care a Lot) fue estrenada en Netflix a principios de 2021.
// Zona de prensa Netflix.

Marla Gray pensaba que obrar bien le garantizaría éxito y felicidad, pero su experiencia le demostró que ser ejemplar no es más que una fábula inventada por los ricos para que el resto se mantengan pobres. Bajo esta sentencia, parafraseada por la protagonista de la historia, echa a andar I care a lot (Descuida, yo te cuido): una película escrita y dirigida por el británico J Blakeman y protagonizada por Rosamund Pike, Peter Dinklage y Eiza González, que cuenta la historia de una estafadora quien, amparada por la ley, llega a un punto de no retorno impulsada bajo el único objetivo de taparse en plata.

Por Álvaro Castellanos | @alvaro_caste

I care a lot es una confluencia entre suspenso y comedia negra sobre los oscuros alcances de la condición humana y un ingenioso anti-homenaje de 120 minutos al sueño americano capitalista, en donde funciona muy bien que todo vaya muy mal.

El profeta 50 Cent había anunciado estas intenciones hace más de veinte años con el título de su álbum Get Rich or Die Tryin’. O nos hacemos ricos, o nos morimos. Marla, atenida a esta premisa, aprovecha las grietas legales de un sistema mezquino para amasar fortuna como tutora estatal de ancianos adinerados, a quienes termina quitándoles sus bienes mediante sincronizados chancucos y dejándolos prácticamente en la calle.

Sin embargo, luego de toparse con el pichón equivocado, descubrirá que está incluso dispuesta a pagar con la muerte el precio de volverse asquerosamente rica. Y aunque el caprichoso instinto humano de aferrarse a la vida la mantendrá en pie, no tendrá problema en morir como vivió: buscando su fin sin importar los medios.

Ahí está tal vez el mayor atractivo de I care a lot, estrenada en septiembre de 2020 en el Festival de Toronto y adquirida por Netflix en febrero de 2021. Siendo el arte un medio para reconocernos a nosotros mismos, nos resulta halagador cuando se exalta nuestro lado heroico, generoso o empático; pero también muy chocante cuando se nos confronta sobre los alcances peligrosos de nuestra propia moral, que puede llegar a ser más borrosa y distraída de lo que creemos. En épocas de redes de apoyo, autocuidado y capturas de frases de Rupi Kaur en redes sociales, I care a lot disfraza su título en la autoayuda misma para entrar en contravía de todas estas licencias y por eso nos hace ruido. Porque nos recuerda de forma hiperbolizada y hasta muy divertida el Dr Hyde que todos llevamos dentro y nos incomoda tanto reconocer.

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En I care a lot nadie es bueno. Ni Marla, ni Fran (su novia y cómplice), ni la viejita Jennifer, ni el mafioso Roman, ni el abogado Dean, ni el juez Lomax. Por acción u omisión, todos caricaturizan un ecosistema dañado que se explica muy bien desde la noción del «Capitalismo tardío»: concepto formulado, entre otros, por el filósofo alemán Jürgen Habermas hace más de 50 años. El origen del capitalismo tardío se produce ante la aparición de un enorme campo que, con complicidad de los Estados, se abre para permitir la acumulación de capitales.

De esta manera, el capitalismo tardío se caracteriza por armar un rompecabezas perfectamente concebido por los mercados, que utilizan al Estado como un mecanismo para sostener el equilibrio económico. Más explicativa que esta carreta teórica tal vez resulten las cuentas y publicaciones con el hashtag de Humans of late capitalism en Twitter, Instagram o Facebook, que a punta de memes reflejan la ridiculez humana en su afán por pertenecer al cruel sistema económico que nos oprime todos los días.

Ahora bien, si el capitalismo tardío saca a relucir el lado más indolente de las personas como actores de un sistema acumulador de riqueza mal distribuido, no cabe duda de que I care a lot es una ingeniosa radiografía del mismo.

A nivel de historia, entre otros méritos, Descuida, yo te cuido tumba la vara del antihéroe, un arquetipo clásico de las novelas negras, tantas veces llevado al cine. Este concepto, refinado por un director como Jeison Reitman, caracteriza con mucha astucia a protagonistas que se hacen querer por el espectador, aunque sus personajes son unos completos cretinos con trabajos detestables.

En Up in the Air, George Clooney es un bacán que viaja por todo EE.UU. para despedir gente de sus empleos con insoportable tacto y amabilidad. Y en Thank you for Smoking, Aaron Eckhart es un encantador vocero de las tabacaleras, que solapa con discursos emotivos la oscura misión-visión de una industria que, parecida a la de las armas, mata a miles de personas cada año. Más agresiva en la caracterización de sus personajes, I care a lot va totalmente de frente y no disfraza de persona ejemplar a la protagonista. Al contrario, la muestra tal y como es. Como una mujer inescrupulosa, con la sonrisa más falsa que las buenas intenciones de los bancos y a la que no se le mueve un pelo de su cabellera meticulosamente peinadita a la hora de aprovecharse de personas vulnerables.

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En este sentido, hay películas que parecen pensadas para sus protagonistas. The Wrestler de Aronosfky, por ejemplo, no pudo tener a alguien mejor que Mickey Rourke para hacer de luchador ochentero entrado en decadencia. O Machete con Danny Trejo como antihéroe mexicano vengador de indocumentados. O Joker con un Joaquin Phoenix ascendido a psicópata gracias al abandono de las instituciones.

Descuida, yo te cuido - Película Netflix
Peter Dinkladge como Rukov y Rosamund Pike como Marla en Descuida, yo te cuido
// Película I Care A Lote, Zona de Prensa Netflix

Por acá surge otra medallita para colgarle a I care a lot. Rosamund Pike es una protagonista perfecta. Sin ella, la película no tendría el mismo impacto. Si en Gone Girl de David Fincher la actriz británica ya se había graduado de arpía profesional, su papel protagónico en la película de J Blakeson entra como sierra eléctrica cortando mantequilla. Más fría que el agua del río, la interpretación de Pike es un deleite. Es una villana absoluta a la altura de una historia «deliciosamente desagradable» (como dice el afiche promocional de la película), que pretende incomodar a la moral más cuestionable y por eso no sorprende la nominación de la actriz a los premios Globo de Oro. Y si nos encanta odiar a Rosamund Pike, seguramente nos encantará odiar a esta película.

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