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Series de asesinos reales: entre la glorificación y la revictimización

La serie de Jeffrey Dahmer es una de las más vistas en Netflix en 2022, pero también una de las más criticadas por las familias de las víctimas del asesino real. ¿Qué dice el consumo de estas series sobre nuestra percepción de la realidad y la ficción?

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El actor Evan Peters interpreta a Jeffrey Dahmer.
Foto: Netflix.

No es sino que se publique un podcast, serie o película con historias de asesinos en serie para que se ponga de moda. El turno más reciente le tocó a Jeffrey Dahmer (que tiene actualmente la serie más popular de Netflix), pero Ted Bundy, Richard Ramírez o John Wayne Gacy también volvieron a ganar relevancia, décadas después de sus crímenes.

Si bien en años recientes, podcasts como Serial y series como Making a Murderer o American Crime Story dieron una nueva popularidad al género, las historias de crímenes reales han existido desde hace varios siglos.

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De acuerdo con JSTOR , entre 1550 y 1700, los autores e impresores británicos produjeron una cantidad sin precedentes de publicaciones que informaban sobre delitos capitales.

A medida que aumentaban las tasas de alfabetización y surgían nuevas tecnologías de impresión, comenzaron a circular folletos temáticos entre los consumidores recién alfabetizados y semianalfabetos. Cientos de panfletos sobre crímenes (libros breves y sin encuadernar de aproximadamente seis a 24 páginas, que generalmente detallan asesinatos horribles) circularon durante esta época.

Durante la pandemia de COVID-19, en Estados Unidos, series como Dateline o 48 hours, y canales como Investigation Discovery, todos sobre crímenes reales, notaron un incremento en su audiencia .

La pandemia impulsó la popularidad de un género que ya venía consolidándose años atrás. “A mayor oferta, más se despierta el interés por el asunto”, nos cuenta Ana María Olivos, magister en estética e historia del arte, profesora universitaria y directora de arte de varias series y películas.

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Netflix, por ejemplo, viene construyendo desde hace tiempo un nutrido catálogo de documentales y series sobre asesinos en serie de todo tipo. La marca se dio cuenta que el tema se vende por razones que oscilan entre el morbo y la fascinación por saber cómo estas personas cometieron sus crímenes. O, incluso, porque la apariencia física de algunos de estos hombres resulta muy atractiva para el público”.

“Las series de asesinos en serie siempre han combinado suspenso, intriga, complejidad psicológica y personajes inquietantes, esta fórmula se repite una y otra vez y parece que jamás se agota”, opina Miguel Mendoza Luna, profesor y autor de varias novelas.

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“Las producciones basadas en hechos reales recientes vuelven a despertar las preguntas de siempre sobre el origen de la crueldad y la maldad humanas. Aunque se tengan muchas teorías sobre la mente del psicópata, aún su comportamiento genera inquietud sobre cómo es posible que un ser humano llegue a tales actos de perversión”.

¿Representación o glorificación?

Con la popularidad de este tipo de contenidos, surge el debate sobre cómo son representados los perpetradores, responsables de decenas de muertes y mucho sufrimiento de las víctimas y sus familiares, y la manera en la que el público los percibe.

Tras el reciente estreno de la serie de Dahmer, han proliferado decenas de memes que se burlan de cómo sería una cita con el asesino.

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En 2019, cuando se estrenó en Netflix la serie Conversaciones con asesinos: Las cintas de Ted Bundy, se registró un “trend” en TikTok en el que los usuarios fingían maquillarse mientras se preparaban para una "cita" con un asesino. Luego, se tiraban al suelo y eran arrastrados fuera de la pantalla, como si hubieran sido asesinados, en el siguiente cuadro.

Ese mismo año, con el estreno de la película Ted Bundy: durmiendo con el asesino, en donde Zac Efron interpretó a Bundy, surgieron críticas que afirmaban que el filme glorificaba al asesino.

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“Entre más conocemos de ellos (los asesinos), más cercanos podemos llegar a sentirlos, olvidando algo fundamental en esta ecuación: entre más se humaniza al asesino, más se revictimiza a sus víctimas”, considera Olivos.

“Personalmente, veo una tendencia muy marcada a reducir todo a la imagen. En una sociedad hipervisual como la nuestra, cualquier tema, acontecimiento o producto puede ser reducido a una imagen y a partir de ella es que establecemos las relaciones con los mismos”.

“Aclaro que el problema no está en la serie ni en el meme, por ejemplo. Está especialmente en lo que como espectadores hacemos con los contenidos que consumimos; está en cómo nos relacionamos como individuos en una sociedad a través de estas imágenes. La frontera entre la realidad y la ficción parece hacerse cada vez más difusa pues al tomar estos productos como entretenimiento, de igual forma que nos entretenemos con otros contenidos como realities, series, películas y demás, parecemos olvidar fácilmente que la base de estos productos es totalmente real”.

“Estos asesinos terminan convertidos en algo que nos resulta cercano y hasta agradable. Qué más da si tenemos una taza para el café con su rostro o usamos su imagen de avatar en las redes sociales. Qué más da, si incluso, como a cualquier personaje de la ficción, le tomamos afecto y cariño, desdibujando por completo la noción de que es un personaje real, además interpretado por un actor joven y atractivo favorito de muchos”.

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Para Mendoza, la glorificación se da cuando los asesinos son representados como "mentes maestras". "Bundy y Dahmer, los más famosos de la historia de los asesinos en serie del siglo XX, cometieron actos atroces; la crueldad con sus víctimas llegó a niveles inimaginables; con este tipo de casos siempre se corre el riesgo de que la narración audiovisual de sus biografías genere la sensación de una "mente criminal superior", lo cual no es cierto. Los asesinos seriales son astutos depredadores, pero no "mentes geniales". Los guionistas y novelistas de este tipo de historias suelen recurrir a la construcción de personajes fascinantes, que en la realidad sólo eran seres insensibles incapaces de piedad alguna".

¿Qué piensan las víctimas?

Recientemente, familiares de las víctimas de Dahmer han criticado la serie por no consultarles sobre el contenido, que también ha sido considerado revictimizante para ellas.

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“Cuando vi parte de la serie, me molestó, especialmente cuando me vi a mí misma, cuando vi mi nombre en la pantalla y esta señora diciendo textualmente exactamente lo que dije”, escribió Rita Isbell, hermana de una de las víctimas de Dahmer, en un ensayo para Insider .

“Si no lo supiera mejor, habría pensado que era yo. Su cabello era como el mío, tenía la misma ropa. Por eso tenía ganas de revivirlo todo de nuevo. Me trajo de vuelta todas las emociones que estaba sintiendo en ese entonces”.

Mindy Pendleton dijo a TIME en 2020 que “se volvió un desastre”, al ver la publicidad de una nueva serie de Netflix (I am a Killer) sobre el asesinato de su hijastro. La mujer mostró la revista varios correos escritos a la productora en los que les pedía que no hicieran la serie.

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No importa la intención del producto audiovisual era glorificar al asesino o no: es imposible para las víctimas no ver a otras personas lucrarse mientras recrean los peores momentos de sus vidas.

Si bien en algunas ocasiones, las series de crímenes reales han permitido visibilizar negligencia o racismo en el sistema de justicia, también plantean un debate sobre cómo el representado el asesino y el papel de las víctimas en hechos tan atroces.

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"La mayoría de estas series oscilan alrededor del asesino y terminan cosificando a sus víctimas indirectamente, dado que para que él pueda asesinar necesita de sus víctimas que se terminan convirtiendo simplemente en el medio para el horror", agrega Olivos.

"Otro factor que vale la pena analizar y es la tendencia que venimos viendo desde hace un tiempo a través de la cuál vemos un villano de la ficción humanizado desde su trauma (Joker o Cruella, por ejemplo) que parece que fácilmente trajera de la mano a esta oleada de asesinos en serie hipermediatizados, olvidando por el camino la diferencia entre la ficción y la realidad".

Es claro el éxito de las series sobre crímenes reales, pero con él también surgen varias preguntas sobre cómo recibimos esos contenidos y sus implicaciones, tanto en nuestra salud mental, que elige ver el horror, como en las víctimas y su papel en estas producciones.

En palabras de Mendoza:

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"Si las series de este tipo se reducen a la trama policíaca o al morbo que generan ciertas escenas o al presumible encanto de tales asesinos, y se ignora que en la realidad hubo muchas personas que fueron víctimas de estos crueles seres humanos y familiares que sufrieron el dolor más terrible, tristemente, como se suele decir, los malos de la historia habrán ganado".

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