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El Hoyo: los temas clave del hit de Netflix y su final explicado

Detrás de una de las películas más exitosas en la última semana en Colombia.
El hoyo // Netflix
El hoyo // Netflix
Por
Julián Ramírez

Las listas de ‘lo más visto en Netflix’ suelen ser bastante predecibles. Allí podemos encontrar series nostálgicas como Friends, películas de alto presupuesto y las altamente promocionadas series originales de la plataforma, obvio. Pero en ocasiones nos encontramos allí con obras que, a simple vista, se salen de toda lógica. 

Por Julián Ramírez // @Sir_Laguna

Hace poco más de un año, esto pasó con Bird Box, una película de terror protagonizada por Sandra Bullock que se volvió un fenómeno en redes sociales gracias a cientos de memes.

Ahora está pasando algo similar con un filme español llamado El Hoyo. Bajo este curioso título, que se presta muy fácilmente para chistes inmaduros, tenemos una película llena de metáforas y símbolos que hablan sobre nuestra sociedad. Es una historia trágica y deprimente. Definitivamente, El Hoyo no es el tipo de filmes que solemos encontrar en los ‘tops’ de Netflix.

Y sin embargo, fue la película más vista en Colombia durante toda una semana.

El personaje principal de El Hoyo es un hombre llamado Goreng. Él despierta en el nivel 48 de una extraña ‘prisión’ que tiene un enorme hueco en la mitad de cada piso. Todos los días, una plataforma baja desde el nivel cero con un banquete increíble. Aquellos que se encuentran en los primeros niveles pueden disfrutar toda la comida que quieran. Los niveles intermedios pueden alimentarse de las sobras que dejan en los pisos superiores. Finalmente, no queda nada para los habitantes de los niveles finales, que tendrán que morir de hambre o buscar formas ‘creativas’ para alimentarse y sobrevivir.

Esta situación dura por un mes. Luego, cada pareja es movida a un piso al azar dentro del edificio. Esto puede significar su supervivencia si el destino quiere que lleguen a uno de los primeros niveles o su muerte si ocurre lo contrario, obvio.

No cabe duda que este es un concepto muy intrigante. Tan pronto conocemos la forma en que funciona este lugar, al que sus habitantes se refieren como ‘el hoyo’, nos llenamos de preguntas. ¿Quién creó este sitio? ¿Cuál es su verdadero objetivo? ¿Qué hay en el último nivel? Sus misterios recuerdan bastante a películas como Cubo e igual que esa película de culto, no resuelven directamente ninguno de ellos.

El objetivo de El Hoyo no es darnos una historia clara y directa, sino ofrecernos una alegoría que representa nuestro propio mundo. Igual que en la realidad, este es un mundo con recursos para todos, pero de los que no todos pueden disfrutar por culpa de terribles sistemas de gobierno y el egoísmo de la sociedad.

Resulta curioso ver cómo algunos comentaristas tratan de negar este mensaje en redes sociales. “Es solo una película”, dicen. “No tiene por qué compararse con el mundo real”. Pero es claro que el director Galder Gaztelu-Urrutia y los guionistas David Desola y Pedro Rivero tenían muy claros los temas que querían tratar en este filme.

A diferencia de otras obras con elementos de ‘crítica social’, El Hoyo no se enfoca en la forma en que las clases altas abusan de los sistemas que ellas mismas crearon para beneficiarse a costa que los que están por debajo. Eso se da por sentado aquí. En cambio, la trama quiere mostrarnos es la forma en que los estamos debajo aceptamos la opresión de esos sistemas porque tememos las consecuencias y confiamos en una posible recompensa.

Cuando Goreng presenta la idea de racionar comida para que alcance para todos, inmediatamente es acusado de ser comunista y su idea es rechazada. Cuando otros personajes proponen ideas similares o piden ayuda para salir de ese lugar, son objeto de burlas y desprecio. “Los de arriba no te van a poner atención porque están arriba, obvio”. Nadie actúa de forma ‘racional’ ante la comida que les llega porque saben que los de arriba no lo hacen. “Si ellos no hacen nada por nosotros, ¿por qué tenemos que hacer algo por los demás?”. Este es un tipo de egoísmo que vemos todos los días en nuestra vida. Nos excusamos en la actitud de los demás para justificarnos, entrando en un círculo vicioso en el que nadie hace nada por nadie. Si nosotros no sacamos provecho de algo, si no ‘somos los vivos que viven de los bobos’, alguien más lo hará. Obvio.

El hoyo es un experimento social. Aunque la película no lo dice, podemos asumir que ‘La Administración’ está bastante orgullosa de este lugar. Bajo circunstancias ideales, todo debería funcionar bien. Cada ‘prisionero’ comería solo lo que le corresponde y todos quedarían satisfechos. De esta forma, se pueden lavar las manos de lo que ocurre allí ya que ellos están ofreciendo la comida suficiente para todos. Esto refleja estructuras capitalistas reales que dicen que en el mundo hay trabajo, dinero, comida y techo para todos. Los privilegios de los que gozan algunos por su posición, riqueza, raza y hasta género hacen que el sistema no funcione, pero como algunos le sacan provecho, nada cambia. Todos esperamos algún día ser esa persona que le saca provecho, aunque los demás sufran.

Esto se muestra en la película con el cambio de piso que se da cada mes. Todos los prisioneros sueñan con estar en los pisos superiores para disfrutar del banquete a sus anchas, pero no hay meritocracia en ello. El privilegio se entrega al azar.

Cada una de las parejas que tiene Goreng a lo largo de la película representa una de las diferentes formas en que la sociedad reacciona a estos sistemas opresivos. Trimagasi es la conformidad. Según él, así son las cosas y no se puede hacer nada para cambiarlas, obvio. La única respuesta es aceptar el destino y tratar de sacarle ventaja cuando se pueda. Imoguiri representa a aquellos que confían en que el sistema funciona porque su privilegio no les ha dejado ver cómo son las cosas realmente. Una vez que comienza a verse afectada, se derrumba ante la presión de un mundo que no sabe cómo enfrentar.

Por último tenemos a Baharat. Con su cuerda representa, obviamente, a quienes creen en la movilidad social. “Trabaja duro, ten fe y confía en la ayuda de los demás. Así saldrás adelante”. Obviamente, esto es una fantasía. El sistema está creado para mantener a todos en su lugar y muchas veces llegar a un nivel superior es solo un golpe de suerte.

¿Se puede cambiar esto? Hay personajes de El Hoyo que lo creen. Hay personas reales que lo creen. La idea de bajar piso por piso, repartiendo a cada uno solo lo que necesita —a la fuerza si es necesario— no es mala (y es un poco comunista), pero no arregla el problema de raíz. La idea de un mensaje que llegue a aquellos que manejan directamente la comida —es decir, ‘los medios de producción’ (ok, es MUY comunista)— en busca de ayuda es el primer paso para acabar con el hoyo.

Aunque no es el primer filme en tocar estos temas, y aunque definitivamente no los maneja con la mayor profundidad posible, es digno de celebración que una película como esta haya alcanzado tal nivel de popularidad en Netflix. Pero resulta raro, ya que en tiempos como estos uno esperaría que películas que ofrecen un entretenimiento más sencillo sean preferidas por las audiencias. Es verdad que estos temas pueden atraer a un público cada vez más descontento con los sistemas económicos reinantes, pero la viralidad de El Hoyo apunta a otra cosa: que atrajo a la audiencia por sus misterios, no con su mensaje.

El Hoyo es una película rara que no explica mucho sobre su mundo. De hecho, las pocas explicaciones que nos da son expuestas como mentiras más adelante en la trama. Su final tan ambiguo dejó a las personas estupefactas, preguntándose qué acababan de ver.

El problema es que las ‘grandes audiencias’ prefieren respuestas directas, mientras que en este filme todo es simbólico. Miremos, por ejemplo, la plataforma que lleva el festín piso por piso. ¿Por qué parece moverse sola? La respuesta no es tecnológica ni sobrenatural. Se mueve sola porque eso dota al filme de un ambiente de misterio y hace que no podamos ubicar a esta estructura brutalista estrictamente en el presente o el futuro. Una pregunta más importante  ¿Por qué hay tantos inmigrantes en su interior? Piensen en ello.

(Alerta spoilers)

Lo mismo ocurre con el final (vienen spoilers, obvio). El vacío que encuentra Goreng en el fondo del hoyo no es un lugar real. Es una representación de la muerte. Que el último piso sea el 333 y haya dos personas en (casi) cada uno de ellos hace referencia al inframundo. Lo importante no es preguntarnos qué es este lugar, sino entender que Goreng, al abandonar la plataforma, acepta convertirse en un sacrificio por el bien de los demás habitantes de ese horrible edificio.

¿Funcionará el plan? Imposible saberlo. Hay una escena previa en la cocina que sugiere que no. Que buena parte del final no ocurrió en realidad y que ‘el mensaje’ fue malinterpretado por la administración. (Vienen más spoilers).

Esta es solo una posible interpretación. El encuentro con la niña al final y el vació que sigue al nivel 333 es solo una fantasía de Goreng en su lecho de muerte. El mensaje no es la niña, sino la ‘panna cotta’, que regresa al piso cero. Sin embargo. Una escena previa nos muestra a uno de los administradores reprendiendo al personal de la cocino porque un postre tenía un cabello.

Si esta escena se desarrolla tras la muerte de Goren y Baharat, podemos asumir que no entendieron que la ‘panna cotta’ representaba que algo tenía que cambiar. Pensaron que los prisioneros la rechazaron por el cabello. Las clases altas y bajas no se entienden entre sí. La estructura se mantiene. Todo sigue igual.

El Hoyo es una película muy interesante y no resulta difícil comprender por qué se convirtió repentinamente en un éxito. Pero también es comprensible que muchos se hayan  sentido enojados y frustrados con una historia tan poco directa.

Es obvio.

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