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9 formas de hacer el ridículo tomándose selfies en el estadio

Los estadios de fútbol son focos predilectos, nidos en los que se prolifera la epidemia de las selfies.
Foto. Gettyimages
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Habla el Balón

Ir a un evento masivo no es lo mismo desde que los celulares tienen cámara por lado y lado. En el mundo futbolero, los adictos a las selfies han empezado a inundar los estadios. La gente de Hablaelbalón nos hizo una tipología del clásico y sobreactuado hincha, de sí mismo.

Juan Francisco García @jfgarcia2809 // Hablaelbalón

Los miles de lectores que se disponen a leer este artículo, alguna vez, o muchas, o todos los días, se toman una autofoto (una selfie para que nos vayamos entendiendo). No hay nada que hacer: viejos y jóvenes, milennials y centennials; nadie se escapa de la compulsión irrefrenable de hacer del mundo un espejo: selfies en el baño, en el trabajo, en el sexo, en el gimnasio, en los conciertos, en los museos, en la casa de la abuela, en el nuevo restaurante, en la Bogotá Humana y en la Bogotá Para Todos, en las salas de espera, en la clase de yoga, en el trancón, en el parque, y así… hasta hacer de todo un collage sin forma y sin gracia (o con muy poca).

Este fenómeno sociológico, obvio, no se le escapa al papá de los deportes. Los estadios de fútbol son focos predilectos, nidos en los que se prolifera la epidemia de las selfies. A continuación, una descripción fidedigna de toda la fauna autofotera con la que nos toca lidiar cada vez que pagamos la boleta para ir a ver a nuestro equipo.

  • El Clasiquero

Este es uno de los especímenes más exóticos, pues solo se ve en las finales y durante los partidos internacionales. Reconocerlos es cagado: se pintan la cara, limpian la silla antes de sentarse, tienen una camiseta edición especial con la que todos sueñan y cuando “su” equipo hace un gol, mientras el hincha de verdad celebra con angustia y con rabia, ellos se toman selfies sin pasión y con la misma preocupación estética, el filtro, el ángulo y la nitidez con la que lo harían en una finca en Anapoima.

  • El Superhincha

Este tipo de hincha y amante de las fotos propias es, por naturaleza, muy inseguro. Aunque es un hincha genuino, de esos que de verdad acompañan al equipo en “las buenas y en las malas”, de esos que viajan y entienden los partidos de su equipo como horas sagradas e intocables en su agenda, para él, si no hay registro fotográfico de cada uno de sus movimientos, nada vale.

Su obsesión es mostrarle al mundo su aguante incomparable y entonces se toma fotos, siempre con la camiseta puesta, en todas partes a dónde va. Su colección de fotos en aeropuertos es infernalmente aburridora, además tiene selfies con todos los jugadores del equipo, y con el presidente, y el director de marketing, y el utilero. Este mira por encima de los hombros y con desprecio al hincha “común” que no tiene los huevos para estar en todas.

  • El Voltiarepas

El voltiarepas, como su nombre científico lo dice, se acomoda. Para él, el escudo no es sagrado ni excluyente ni inmodificable. ¿Que es de Santa Fe pero tiene novia costeña y el Junior sale campeón? No hay lío, nada pasa, se le verá jovial con su selfiestick liderando la sesión de fotos y poniendo encabezados costeños.

Después, cuando en las redes sociales sus amigos se le burlen por la traición manifiesta, no tendrá problema en esconderse bajo el cobarde manto del alicoramiento. Es ese mismo que cuando Colombia queda eliminada del Mundial, inmediatamente, se convierte en argentino y, obvio, se toma una foto. “Vamo, vamo, la Argentina”.

  • El Europeo

Este es quizá el peor de todos. Gomelo o arribista, cuando va al estadio lo hace con el objetivo de presentarle a sus seguidores en redes una muestra antropológica del atraso del fútbol “chibchombiano”.

Su álbum de fotos, chistosísimo y agudo, incluye autofotos burlándose de la lechona grasienta, el palo de queso de hace tres días y los hinchas populares con pintas “nada que ver, marica”. Si usted indaga en su Facebook, encontrará, por lo menos, cinco selfies en diferentes estadios de Europa; y si se fija bien, en todas la verá, esa cara idiota de “estos sí son equipos de verdad”.  

  • El Millonario

Este tiene algo del clasiquero y algo del europeo. Pero es menos irritante, pues en él sí hay entusiasmo genuino; ir al estadio es un acontecimiento, un plan de primera, un plan en sí mismo. Si se toma una selfie es hipnotizado por la euforia y no empujado por la necesidad patológica de figurar en redes.

Por eso, en vez de ir a burlarse, va a comprar y a gozar. Lo suyo son las autofotos felices y desparpajadas. La lechona le parece un deleite y no le da pena aparecer con el icopor y el crujiente cuero en la boca. Nunca faltan la cerveza sin alcohol y las crispetas en el entretiempo. Si no compra un prenda oficial a la salida (y se toma una foto con ella), siente que no fue al estadio.

El fútbol lo ama. Si todos fueran como él, en Colombia se pagarían sueldos europeos.

  • El Primerizo

Es tierno, pues nada como inmortalizar con una selfie la primera ida al estadio. Todo es novedoso: foto a la entrada, foto a la salida, foto con los jugadores calentando en el fondo, foto inadvertida con el vecino exótico que durante los noventa escupe injurias que él nunca antes había oído. Carcajada, no lo dude, cada vez que el estadio putea al unísono cuando el arquero visitante va a sacar de meta.

Es lindo ya que ante el exceso de selfies, de todos los colores y sabores, es difícil saber adónde va a ir a parar el primerizo. El fútbol no es de su gusto, eso se sabe, pues nadie al que le gusté el fútbol llega a la edad en la que la gente se idiotiza con las selfies sin antes haber pisado un estadio. Sin embargo, es muy probable que las endorfinas que libera una buena foto “futbolera” en redes sociales le causen una adicción inmanejable…

  • El Periodista

El peor de todos. Se cree más sabio que Menotti, Guardiola y Mourinho juntos. Para este cafre, si el técnico es extranjero, sea cual sea, por definición es un “paquete chileno”. Y si es colombiano, un mediocre sin remedio.

Además, no le basta con las selfies. Va más allá y hace autovideos, casi siempre en medio tiempo, para explicarles a sus amigos, con tono catedrático, los fallos del entrenador de turno y el “plan perfecto” para superarlos. Este es un mago para maquillar obviedades con conceptos pseudofilosóficos.

  • El Montador

Al tomafotos montador le trae casi sin cuidado que su equipo gane o pierda. El resultado final no cambia su domingo ni su lunes ni su semana. Pero eso sí, es el primero en alardear en redes sociales con autofotos autistas y encabezados fallidamente humorísticos e irónicos que se burlan del rival. 

Este también lleva las cosas a otro nivel y se aventura en hacer videos grabándose a sí mismo con canciones provocativas y parodias deficientes que, cree él y solo él, hacen arder de rabia a sus amigos hinchas del contrincante.

  • El Colombiche

Este aplica para los estadios por fuera de Colombia (siempre hay uno, ya sea en la final de la Champions, en un Boca-River o en un Alemania-España). Para él, lo más importante es que todo el que lo vea sepa que nació en la tierra de Shakira y Álvaro Uribe.

Su gran virtud es el ingenio: por eso continúa con la tradición de la peluca del Pibe y es común verlo exhibiéndola en alguna de sus presentaciones, la rosada es su última innovación… Pero cuando quiere ser realmente disruptivo se toma selfies con una ruana boyacense o disfrazado de Juan Valdez.

Cada vez que esta especie se encuentra con un argentino —y esto será así hasta el final de los tiempos— se toma una autofoto recordando el 5-0 (que él no vio). Son muchos los casos registrados de colombiches que, felices de poder tomar cerveza en los estadios del primer mundo, han sido expulsado por comportamientos violentos o borracheras indomables.

 

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