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Guía para que las mujeres aprendamos a decir “no”

Ya no más con lo de "Cuando una mujer dice que no, quiere decir que sí".
Getty Images.
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Es una vaina medio universal, es cierto, pero las mujeres colombianas definitivamente no sabemos decir que “no”. En octubre del año pasado los hashtags #metoo/ #yotambién plagaron las cuentas de twitter, Instagram y Facebook de miles de mujeres alrededor del mundo. Colombia se unió a la movida, compartiendo con menor o mayor detalle episodios de abuso sexual.

Por: Trilce Ortiz // @trilceo  

Importándome medio pepino los comentarios que aseguraban que este tipo de cadenas de queja virtuales “no sirven para nada”, compartí mi propia historia y abrí la conversación sobre el tema con amigas y conocidas. Todas teníamos un punto común: ante el abuso nos congelábamos, sin saber bien cómo reaccionar, sin ser capaces de dar como respuesta, por lo menos, un certero y riguroso “no”.Ante los casos de abuso no falta la lluvia de comentarios: Que si yo fuera la vieja ya me hubiera separado, que qué mujer tan estúpida, que eso les pasa es por pendejas, que sino dijo nada en ese momento ya ahora para qué. Por absurdo que pueda parecerle a muchos, las mujeres no decimos “no” porque no sabemos cómo. Son la minoría, quiero pensar que en crecimiento, de niñas a las que educaron para creer firmemente en ellas mismas y en sus decisiones. A la gran mayoría las crían para ser “lindas, educadas, queridas y obedientes”. Romper este esquema no es muestra del tal “feminazismo”, sino de establecer de una vez por todas un entorno social donde el “no” de una mujer tenga toda la validez y donde a los hombres se les enseñe a respetarlo.

Para ella:

-Empiece a luchar con el after guilt que le deja decir “no”. Contrario a la retumbante voz de la abuelita en su cabeza, decir “no” es normal y sano.

-No pida disculpas. Por la misma onda, decir “no” cuando no le gusta, no tiene tiempo, no le interesa, le da pereza, es un derecho. La culpa que la guarde Dios, y ojalá se le olvide dónde.

-No dé las gracias. Si le hicieron un ofrecimiento soez, sacado de onda o que simplemente no tiene nada que ver, ¿por qué trastos lo va a andar agradeciendo?

-De sus razones. Si definitivamente la culpa le puede, diga no y explique brevemente por qué. Esto definitivamente aplica si es su mejor amiga pidiéndole un favor que no tiene sentido (como ir a rellenarse de hamburguesa de la esquina, para calmar los munchies de borracha, cuando usted es vegan hace 10 años).

-Deje en visto. Con el tiempo aprenderá que hay situaciones o cafres que a duras pena se merecen el “no” a secas y a veces es mejor que el silencio haga las veces de mensajero.

-No diga “tal vez” si quiere decir no. Asegurase de su respuesta y en lo posible manténgase en ella. Claro que tiene todo el derecho de NO quererse tirar al man después de que se le bajó un poquito el efecto embellecedor del tequila, pero agarrar de costumbre decir que no y después “cambiar de opinión” solo refuerza la idea en los tipos de que “no” en realidad significa “si”.

-Sea clara. Si no le interesa “por ahora” dígale eso y mantenga la puerta abierta pero si sabe que no le va a interesar nunca, diga no y chao.

-Engrose el cuero. Mientras usted está ahí haciendo sus ejercicios de certero “no”, seguro le tocará lidiar con comentarios como que usted es una bruja maleducada, una grosera y hasta reacciones cero empáticas en el caso de abuso. Prepárese a lograr que le valga huevo.

-Establezca y respete sus límites. “No es no” y eso aplica para trabajos, tareas, personas, favores, conquistas y demás. Una persona que no respete sus “no” le está diciendo en su cara que no la respeta, punto.

-Defiéndase. Sobretodo en el caso de abuso (sexual, psicológico o físico) es normal que se paralice por miedo a que la violencia se ponga peor. Aprenda defensa personal y prepárese a sentar un buen par de coñazos, porque hay quienes no registran el “no”.

-Hable. Si le pasa algo cuéntelo: a su confidente, su psicóloga, su mamá, a la policía. Los traumas de abuso pueden ser silenciosos pero tremendamente dañinos.

Para él:

-“No” es no, no es un sí disfrazado de conquístame, insísteme, poséeme. No hay nada más harto en esta vida que un man que insiste, “persiste” o irrespeta después de un “no”.

-No sea bruto. La regla general de la sociedad es apoyar en los hombres el uso de la fuerza bruta. Piense si ese es el tipo de cavernícola que quiere.

-Respete. Así como a usted no le gustaría que intenten embutirle una cucharada de sopa de espinaca cuando la detesta, forzar a una mujer a hacer algo “porque seguro quiere” cuando le está mostrando/ diciendo claramente que no, es, por lo menos, una total guachada.

-Si todo lo demás falla, piense qué tan contento estaría si ve a algún pendejo jodiéndole la vida a su mamá/ hermana/ prima/ hija/ sobrina como lo está haciendo usted.

 

Para todos:

Enseñarle a las niñas que decir no es perfectamente normal y a los niños a respetar el “no” como una frase en sí misma, una que no acepta negociación ni es la línea  de apertura para un posterior “si”.

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