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La sororidad no es para todas:¿Hasta dónde y por qué seguimos exigiéndosela a artistas como Shakira?

El día que se estrenó la Bzrp session con Shakira Internet explotó. En menos de once horas el video alcanzó más de 25 millones vistas, un récord que sólo Shak (y nuestro amor por el chisme) podría romper.

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BZRP Music Session #53| Shakira
// YouTube

La noche antes de que la BZRP Music Session #53 se estrenara se filtró parte de su letra y se confirmó lo que todos sospechábamos: se venía uno de los beefs más esperados; una canción en la que Shakira habla de la infidelidad de su ex esposo, Gerard Piqué.

Que si el beat es flojo o que si la letra no rima, bueno. Eso lo podemos discutir después.

Pero entre tanto análisis y sobreanálisis de Twitter, nos llama atención la mención de Shakira a Clara Chía, la nueva pareja de Piqué y la persona con quien le fue infiel.

“Le faltó sororidad”

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Una de las mayores desgracias alrededor de los análisis de esta canción es que destapó las preguntas sobre la sororidad, un término que, si bien en teoría es muy bello, lo manoseamos tanto que lo vaciamos de sentido.

Antes de continuar, repasemos: ¿Qué es la sororidad y que tiene que ver con la canción viral de Shakira?

La sororidad es la solidaridad entre mujeres, principalmente, frente a situaciones de misoginia, machismo o violencia de género.

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Y aquí es donde la discusión se alarga y se encuentra con la canción de Shak.

¿Qué pasa con la “sororidad” cuando otra mujer nos lastima? ¿Se debe dibujar un límite?

Ser sororas no es ignorar la capacidad que tenemos de hacerle daño a otras mujeres, tampoco no cuestionar conductas de otra mujer.

Y, definitivamente, no nos hace sororas involucrarnos en una relación con el conocimiento de que, al otro lado, hay otra mujer que va a salir lastimada.

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Así que apliquemos el discurso para ambas partes. Yo también sentiría la rabia de Shak si se me comen el mercado y se meten a mis cobijas. ¿Cómo gestionar entonces esa rabia?

Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan

Shakira no es la primera ni la última en usar sus canciones para desahogarse y lidiar con un corazón roto. De eso se trata mucha de la música pop que consumimos. El desamor es una experiencia universal. La que puede, puede y sana como quiere. Pero el modo en el que reacciona el público no es el mismo para todos.

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Como bien lo decía Taylor Swift en una entrevista: “Hay un vocabulario distinto para hombres y mujeres en la industria de la música. Si un hombre hace algo, es estratégico; si una mujer hace lo mismo, es calculadora. Los hombres ‘reaccionan’, las mujeres sólo sobrereaccionan”

Nadie ha sido tan criticado como Swift por las letras y los temas que decide tocar en sus canciones. Le dicen que por qué no supera a sus exes, que por qué escribe de sus rupturas, que es puro drama, etc.

¿Cuál es la intención al limitar la agencia de las mujeres para tramitar sus sentimientos? Esa actitud vigilante es producto de la lógica machista según la cual las mujeres debemos comportarnos y sentir de ciertas formas que no incomoden, que no hagan mucho ruido.

Sin embargo…

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Aquí nos preocupa un tema más general y repetido por distintas artistas en sus canciones sobre tusa.

La responsabilidad de los cachos a veces también recae en la mujer, o la tercera persona, con la que engañan; nadie pretende ignorar eso. Pero la infidelidad no discrimina edad, éxito o “belleza”. A cualquier mujer le pueden ser infiel (por favor paremos con el “si a … le pusieron cachos, ¿qué puedo esperar yo?”)

Yo sólo hago música, perdón que te sal-pique

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Tiene nombre de persona buena

Claramente es igualita que tú

Estas líneas de la canción tienen un juego de palabras poco creativo, pero un mensaje que no hay razón para cuestionarlo. Si quiere mencionar a la mujer que se le comió la mermelada, adelante. No le vamos a exigir a Shakira empatía con alguien que no la tuvo con ella.

Yo valgo por dos de 22

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Cambiaste un Ferrari por un Twingo

Cambiaste un Rolex por un Casio

Aquí sigue la canción y la cosa se complica. Por un lado, está la digna rabia de una mujer que fue engañada y que se está desahogando, pero por el otro está la repetición de la estructura machista que compara “nuestro valor” con algo cuantificable: un objeto y su valor monetario.

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Ambas igual de válidas, ambas también cuestionables.

Pero ojo que acá el problema tampoco es que tenga 22, es que se metió con un man casado teniendo conocimiento de eso. Porque de 22 o de 45, la cagada es la misma.

Nuestra reina del perreo, Karol G, también cayó ahí:

“Que a veces no te cambian por algo mejor y ni siquiera por algo más rico”, dice en una de sus canciones.

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Hay detrás, también, un juego de autoconvencimiento, de fantasía y de reafirmación propia para gestionar la ruptura.

Lastimosamente, las mentiras de los hombres no son excluyentes y un ego herido tampoco. Tal vez, el único consuelo que nos queda es la esperanza de que la “sororidad” nos haga encontrar un nuevo término que gastemos menos y cuestionemos más.

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