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De cómo una red social cambió el mundo tal y como lo conocíamos (capítulo 2)

Por
Redacción Shock

"Facebook cumplió sus primeros diez años y aunque muchos no lo crean, ha servido para algo más que replicar memes, autofotos, comentarios indignados y fotos de gatos. Este martes comenzamos un especial sobre cinco grandes cambios sociales que ha propiciado esta red social, explicados por community managers, los responsables de organizar la marcha más grande en la historia de Colombia y la gente que tiene entre sus contactos a Dios. El primero de ellos fue sobre las marcas y yo, y en esta segunda entrega analizamos si ¿Un like puede salvar el mundo?. Esperen religión, mercadeo musical y construcción de identidad.

Por: Juan Pablo Castiblanco Ricaurte // @KidCasti

Capítulo II: ¿Un like puede salvar el mundo?

Hace seis años y un día, las calles del país –y las de varias ciudades del mundo con gran cantidad de colombianos residentes– se llenaron de personas vestidas con camisetas blancas protestando contra la violencia de las FARC, convirtiéndose en una de las marchas más multitudinarias de la historia nacional. Se dice que doce millones de personas salieron a las calles y, aunque muchos políticos oportunistas trataron de cobijar la gigantesca movilización bajo su bandera, todo tuvo su origen en el impulso y cansancio de la guerra del movimiento civil “Un millón de voces contra las FARC”, creado por seis personas comunes y corrientes, que hasta ese momento no se conocían, y que se encontraron en la gran plaza virtual.

“El 4 de Enero de 2008 una persona abrió un grupo en Facebook. Esa misma noche otra persona, en otra ciudad, que no conocía a la primera, propuso en uno de los foros del grupo que en vez de hacerse una protesta virtual debería hacerse una marcha real. El 5 de Enero una tercera persona, en una ciudad diferente, que no conocía a los dos primeros, respondió a la propuesta en el foro diciendo cómo podía hacerse, y esa misma noche se pusieron de acuerdo con otra persona más que hacía las veces de moderador, y estaba en otra ciudad, para llevar a cabo la idea. Los 6 grados de separación nunca antes tuvieron tanto sentido como cuando se detonan este tipo de experiencias a través de Facebook”, recuerda Rosa Cristina Parra, una de esas seis piedras angulares de la marcha, y que hoy trabaja en Movilización social basada en comunicación estratégica, en México.

En aquel 2008 “Un millón de voces contra las FARC” alcanzó a convocar a 385.000 de los 450.000 usuarios colombianos que Facebook tenía en ese momento. La red de Zuckerberg se masificó en nuestro país gracias a una marcha, demostrando que más allá del nido de chismes, flirteo y autocomplacencia que ofrecía, también podía ser un campo donde la revolución podía comenzar. Incluso, para la propia compañía virtual, lo sucedido en Colombia aún es uno de sus casos de éxito a nivel internacional más sonoros, equivalentes a los posteriores movimientos de los Indignados en España o la Primavera Árabe en Egipto.

Hoy, el paquete de cada marcha o movilización ciudadana también incluye su correspondiente oleada de posts críticos, fotos y videos desde el lugar de los hechos (el “periodismo ciudadano”, a tal punto que incluso ya hay tutoriales en video en YouTube para explicar cómo filmar una marcha) y links a columnas de opinión que analizan lo sucedido. Sin embargo, ¿es suficiente con darle like a cuanta causa humanitaria está en la plataforma, compartir videos de los abusos de la policía contra los campesinos, postear artículos que denuncian la corrupción gubernamental, o desahogarse en el propio muro? ¿Estamos viviendo en la era del facilismo social?

Así como la marcha del 4 de febrero logró sacar de sus hábitats a millones de habitantes, también ha permitido otro tipo de logros en el escenario político. Para Edward Ramírez, fundador de la incubadora de proyectos digitales Partners For Startups (P4S), “hemos presenciado el acceso a la información de los personajes políticos y sus actos, buenos y malos, y contamos con el componente adicional de conocer la opinión de la gente. Esto ayuda a elaborar un criterio personal acerca de la escena política a la hora de ir a las urnas. También ha mejorado la forma en que se puede mostrar el inconformismo en la recepción de servicios públicos, de seguridad (Policía, Ejército, etc.), o vivienda. Prueba de ello es que gracias a la gran demanda ciudadana se lograron aprobar trámites como la  portabilidad numérica móvil o la regulación de las cláusulas de permanencia en telefonía celular".

Para Rosa Cristina Parra, también hay otros beneficios: “nos ha permitido encontrarnos con otras personas que desde la ciudadanía también hacen política a través de causas sociales, acciones de movilización o acciones comunitarias. Hoy podemos llegar más fácil a esos espacios donde personas con intereses comunes hacen discusiones, promueven actividades o divulgan sus experiencias”.

Facebook ha ayudado a crear una nación dentro de otra nación, donde conviven la banalidad, la ironía, la vanidad y la esperanza en un mundo utópico liderado por sus propios ciudadanos. Por eso, una plataforma como Mi Ciudad Ideal (facebook.com/MiCiudadIdeal), donde los facebookeros dejan de quejarse sobre Bogotá y proponen soluciones como la implantación de energías verdes, agrictultura urbana o mejores espacios para las bicicletas, han calado tanto. El poder de la gente para la gente.

“Los que hacen cambios son la gente. Si se autoregulan y entienden que también hay prácticas de matoneo que hacen que la gente se mate, podrían cambiar conductas. Si Colombia como sociedad entiende que debe entrar en lógica del diálogo, todo cambia. Facebook es lo que la gente haga de él”, explica Víctor Solano, uno de los pioneros de los blogs en el país, influyente twittero (@solano), periodista y coordinador de la #BrigadaDigital (agrupación de geeks que trabajan en pro de causas sociales en Colombia).

Todo esto suena muy bonito, pero cuando uno ve que la indignación en los muros se origina por links con noticias falsas o fotos y videos descontextualizados, cuando lo que pasa en Facebook se queda en Facebook y no en hábitos cotidianos, cuando las ganas no superan la ingenuidad, todo parece diluirse. ¿Habrá que llamar a Diego Torres para recuperar la esperanza? “Vienen posibilidades muy interesantes de que más minorías participen en Facebook, se apropien de la herramienta y su discurso tenga un toque local y un alcance global. El gran desafío es si la gente pasa del “me gusta” al “me comprometo”: ese botón no existe, pero hay que ver si las personas pueden pasar de estar cómodamente sentadas en un sillón, a la calle a defender lo que discuten en la red. Hasta ahora hay mucha pereza”, concluye Solano.

En año de elecciones, con el paro agrario fresquito, con la batalla por la educación aún en curso, con una larguísima lista de escándalos políticos abierta, la pelota ha quedado en manos de la gente para que termine de construir su nación dentro de otra nación. Es hora de hacer que cambiar el mundo no solo dependa de un botón.

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