Se encuentra usted aquí

¿Por qué nos sobreactuamos con los animales?

La ciencia trata de explicarnos por qué ponemos esa ridícula cara arrugada de ternura cada vez que vemos un perro, cerdo o gato bebé. Pero no hacemos caso.
Por
Redacción Shock

Los animales no saben de significados, ni de vanidad, ni de peinados. No los peinen, ni les trasmitan sus complejos. Tratarlos como iguales puede ser síntoma de un mal muy humano, y varios especialistas nos lo han tratado de advertir. En serio, está muy mal. He aquí varias razones y de paso varios perritos con peinados estúpidos.  

Por: Fabián Páez López @Davidchaka // Fotos: Gettyimages - Instagram: moem_n

Cuando le manifestamos un amor desaforado a nuestras mascotas no somos ni súperhumanos, ni altruistas, ni mejores personas, ni más cercanos a la naturaleza. Al contrario, nos estamos sobreactuando. Les transferimos nuestra humanidad. Incluso en nuestros gustos más animales somos víctimas de las tendencias y de la evolución. 

Hemos llegado a casos como este: cuando le preguntaron a la Miss Colombia (1994) Tatiana Castro qué preferiría salvar de un museo si se incendiara, entre los cuadros o el perro guardián, ella contestó: "Al perro, porque ellos también son seres humanos”...¿seres humanos? En su tiempo fue chistoso, pero en estos días decir lo contrario pareciera ofensivo. Hemos disfrazado tanto a los animales de humanos que ya no es tan clara la distinción.

Una cosa es que a uno le guste tener mascotas para no setirse solo, o para lo que sea. Otra cosa es creer que es "natural" y desinteresada esa relación. Podemos coincidir en que no perdemos nada con hacer el menor mal posible a otras criaturas, pero también es cierto que hay algo de falso, o de trastornado, en eso de creerse mejor ser humano por denigrar de la propia especie y poner en una escala superior a los animales. Algo que puede ser síntoma de un complejo de inferioridad, o de culpa; es decir, algo de lo que nos hace ser no-animales. O por lo menos, no hemos sabido de casos de criaturas salvajes que hayan llegado a experimentar algo tan humano como la culpa; por ejemplo, después de cazar su presa. O que un perro se arrepienta de comerse una chancla.

Ese amor (u odio) exacerbado por perros, gatos, minicerdos y demás habla mucho más de nuestros complejos que de cualquier otra cosa. Lo paradójico es que lo pensamos como un acto altruista y “natural”, como si fuéramos seres evolucionados. Pero basta con recordar algunos casos de personajes que amaban a los animales y no eran precisamente embajadores de la corrección. Adolf Hitler y Charles Mason, por ejemplo, entre su historial macabro, también se consagraron como defensores de los animales.

Que en un lugar aprecien más a unos animales que a otros no tiene nada que ver con que somos una especie más o menos avanzada, o con que unos sean menos salvajes que otros. Por el contrario, cuando cuidamos con devoción a una mascota (o cuando veneramos a una especie), le estamos transfiriendo nuestra humanidad.

Acá hay tres teorías que explican muy bien por qué, de un momento a otro, empezó a desbocarse nuestro amor por otras especies, pero antes de explicarlo, esta es una galería de gatitos (son los más famosos de Internet)

Temas relacionados: