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El lado oscuro de los videojuegos: guía para nuevos gamers

Tristemente no todo es tan bonito en el mundo de los gamers.
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Por
Julián Ramírez

Ya hemos hablado mucho en esta sección sobre lo buenos que son los videojuegos, como son aptos para toda clase de personas y hasta vimos que no se debe temer la dificultad de algunos de ellos. En realidad este es un excelente y diverso medio, lleno de creatividad, comunidad y entretenimiento.

Pero tristemente, no todo es tan bonito en el mundo de los gamers.

Por: Julián Ramírez // @Sir_Laguna

Los videojuegos tienen un lado oscuro. Es algo que me gustaría poder ignorar, pero tengo que hablarles al respecto. Es muy probable que tarde o temprano se encuentren con esto y es mejor que se vayan preparando para enfrentarlo o puede terminar alejándolos de los videojuegos. Incluso hacerles daño real a nivel psicológico o económico.

Sin más preámbulos (pues creo que ya los asusté lo suficiente), esto es lo peor que ofrece la comunidad videojugadora.

Un mundo tóxico

A comienzos de la década pasada, alguien decidió que los juegos ya no eran para mujeres. La llegada a consolas de exitosos juegos de disparos en primera persona, como Halo, hizo que el marketing se enfocara principalmente en hombres jóvenes (y por alguna razón, blancos) basados en la ridícula premisa de que “a las mujeres no les gusta la violencia”.

Esto tuvo un marcado efecto en la conciencia popular. Aunque las mujeres siempre han sido alrededor de la mitad de los jugadores, se creó la idea de que “los videojuegos son solo para chicos” a pesar de que ellas nunca dejaron de jugar ni siquiera los juegos más violentos.

El machismo y la misoginia comenzaron a hacer acto de presencia y alcanzaron un auge con la llegada del juego en línea. Solo basta la presencia de una voz femenina en medio de una partida para que comiencen los chistes sexistas, las declaraciones de amor no deseadas y las amenazas de violación. Cuando juegan, las personas de color y los miembros de comunidades LGBTI también se ven constantemente convertidos en objetivos de burlas, insultos y amenazas inspiradas por el color de su piel u orientación sexual.

¿Por qué pasa esto? Es una combinación del anonimato existente en los juegos en línea — que permite a las personas demostrar lo peor de sí mismos sin miedo a repercusiones — y una cultura que ha implementado la imagen del hombre blanco heterosexual como el estándar mientras que todos los demás son ‘la excepción’. Muchos los ven como ‘invasores’ que vienen a ocupar sus ‘espacios seguros’ donde pueden ser machistas, racistas y homofóbicos.

Antes de llegar a la peor parte de esta historia, quiero aclarar que esta toxicidad sólo es causada por un sector minoritario de la comunidad gamer. La gran mayoría de jugadores son personas amables y respetuosas. Sin embargo, este problema está lo suficientemente presente como para que no podamos ignorarlo.

La situación comenzó a empeorar aún más en 2012. Ese año, la crítica feminista Anita Saarkesian logró financiar mediante Kickstarter una serie de videos para YouTube donde analizó el sexismo que permea a los videojuegos, pues la mayoría de personajes femeninos no son más que simples damiselas en peligro, intereses románticos o están exageradamente sexualizadas. Aunque el resultado fue un interesante estudio académico del tema, una buena parte de la comunidad reaccionó con furia ante esto. Desataron una campaña de acoso, amenazas y desprestigio contra Saarkesian y luego contra otras mujeres visibles en la industria: desarrolladoras, críticas, periodistas, artistas y contra los hombres que consideraban sus aliados.

Esta fue la semilla de lo que eventualmente se convirtió en una desagradable agrupación de personas que buscaban “defender los videojuegos” de cualquiera que intentara hablar de inclusión o de criticarlos por su sexismo o racismo (o cualquier tema más allá de la calidad de sus gráficos o su duración). La situación fue tan grave que causaron que muchas mujeres, personas de color y miembros de la comunidad LGBTI tuvieran que abandonar sus trabajos, redes sociales e incluso sus hogares ante las constantes amenazas e insultos.

La situación ha mejorado un poco desde entonces. Han surgido organizaciones dedicadas a la protección, apoyo y visibilización de las mujeres y minorías en la industria y son muchas las empresas de videojuegos que se han comprometido a crear obras más incluyentes, tanto a nivel de personajes como de comunidad. Pero ese odio no ha desaparecido por completo. No es raro que las mujeres y las minorías continúen siendo alienadas de los espacios relacionados con videojuegos.

¿Qué hacer en estos casos? Inicialmente se pueden usar las herramientas con las que cuentan los juegos en línea, redes sociales y foros para reportar, bloquear o silenciar a las personas desagradables. Pero el trabajo fuerte está en manos de los mismos gamers, quienes tenemos la obligación de detener esta clase de comportamiento cuando la veamos. Tenemos que tener cero tolerancia con las personas que están haciendo de nuestra comunidad un lugar tóxico o vamos a terminar permitiendo que espanten a todos los miembros de ella.

Escondiendo la tarjeta de crédito

Otra plaga que trajo la capacidad de conectar nuestras consolas a Internet es el contenido descargable o DLC. Bueno, eso no es exactamente justo. Existen cientos de DLC excelentes que realmente expanden las experiencias que tenemos con nuestros videojuegos favoritos. Es gracias a esto que podemos disfrutar de nuevos mapas, personajes, historias y sistemas de juego sin necesidad de comprar otro título completo.

Pero algunas compañías han hecho un uso abusivo de esta herramienta, vendiendo como DLC elementos que deberían haber pertenecido al juego base, poniendo precios abusivos, o vendiéndolos por paquetes que no explican claramente su contenido.

Y es peor cuando son microtransacciones. Tal y como explicamos en nuestro diccionario de videojuegos, estas son pequeñas compras que se hacen con dinero real dentro de un juego. Pueden ser elementos cosméticos, ventajas o hasta vidas extra. Son muy comunes en juegos para celular, especialmente aquellos gratuitos. Como concepto, no están mal. Son una forma más que aceptable para que un juego se financie, pero estas también se pueden prestar para ser abusivas.

Cada vez son más los juegos que tienen ‘moneda propia’, la cual debemos adquirir con dinero real para comprar cosas dentro de las tiendas del juego. Adquirir una nueva apariencia por el protagonista por unos cuantos centavos, de vez en cuando, no le hace daño a nadie y puede refrescar un título que se estaba volviendo aburrido... pero de repente nos damos cuenta que también podemos comprar armas más poderosas, potenciar temporalmente a nuestro personaje o incluso la posibilidad de saltar por completo un nivel.

Entonces encontramos un obstáculo para avanzar en el juego. No importa lo mucho que lo intentemos, simplemente no podemos superarlo. Queremos continuar el juego pero no podemos. Entonces miramos con recelo la pestaña de microtransacciones. Solo unos cuantos dólares y esa “pared” desaparecerá. ¡Poof! Ya no está. Ya podemos seguir disfrutando del juego. Pero unos minutos después, encontramos otro reto similar.

Esta estrategia de las “paredes de pago” es tristemente común. Juegos que, por culpa de su exagerada dificultad, no podemos continuar jugando a menos que paguemos para ser más poderosos. A medida que más usuarios pagan, más y más de estas paredes seguirán apareciendo, convirtiendo a un juego gratuito en un juego que resulta más caro que uno de pago.

Pero esta no es la estrategia más perversa de todas. También tenemos las infames lootboxes o ‘cajas de botín’. En estos casos, compramos una caja cuyo contenido no conocemos. Si tenemos suerte podremos obtener personajes raros u objetos poderosos, pero lo más probable es que obtengamos “basura”.

Juegos móviles gratuitos como Dragon Ball Z Dokkan Battle, Fire Emblem Heroes, One Piece Treasure Cruise, Final Fantasy Brave Exvius y Granblue Fantasy hacen uso de franquicias reconocidas con muchos fanáticos. Tienen una enorme cantidad de personajes que solo podemos obtener mediante cajas de botín. Si queremos obtener a nuestros personajes favoritos tendremos que comprar y comprar más de estas cajas hasta finalmente salgan al azar.

Es verdad que estos juegos se pueden completar sin que gastemos un solo peso en ellos. Pero mediante tácticas como eventos limitados y diferentes versiones de los mismos personajes, logran manipular a los usuarios para que deseen comprar estas cajas que no les aseguran que obtendrán lo que quieren. De hecho, no son pocas las publicaciones que han asegurado que las lootboxes son literalmente apuestas que deberían ser reguladas, pues se aprovechan de personas con adicción a apostar.

Las historias de personas que se vuelven adictas a estas compras realmente rompen el corazón. La mejor forma de disfrutar de estos juegos (los cuales pueden ser bastante buenos y divertidos) es simplemente desvincular la tarjeta de crédito de la plataforma en que se juegan. También es bueno poner topes de gastos. Si llega el momento en que considera que se está pasando de la raya, debe desinstalarse el juego y eliminar por completo la cuenta con la que se jugaba. Para finalizar, una persona que ya haya sufrido de adicción a las apuestas o que cuenta con una personalidad adictiva y acceso a una tarjeta de crédito, no debería acercarse a estos títulos.

Otra cosa que se puede hacer en contra de esto es escribir a las empresas e incluso a oficiales gubernamentales. En estos momentos son varios los gobiernos que están tomando acción contra estas prácticas. Bélgica, por ejemplo, las ha prohibido por completo. Esto ha causado las protestas de empresas como EA, que las usa en títulos como FIFA ‘19 y se han convertido en una enorme fuente de ingresos. La presión popular en contra de ellas incluso causó que fueran retiradas de Star Wars: Battlefront II.

¡Pero que esto no los desanime!

Es verdad, la toxicidad de parte de algunos gamers y la avaricia de algunas empresas que ponen microtransacciones abusivas son suficientes para desanimar a cualquiera de permanecer en el mundo de los videojuegos. Pero quiero que sigan aquí. Somos bastantes los que estamos luchando para que la comunidad sea mucho más agradable y abierta. 

Siguen existiendo miles de videojuegos en los que no hay que interactuar con machistas o racistas en Internet y que no usan prácticas de monetización abusivas. También hay muchas comunidades dispuestas a ayudar a cualquiera que esté sufriendo con estos elementos.

Los videojuegos son algo maravilloso. Que tengan un lado oscuro tan desagradable no tiene que arruinarlos.

¿Cierto?

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