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50 años del Festival de Altamont, un día negro en la historia del rock

Un día negro para el rock.

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William L. Rukeyser // Getty Images

En 2019 se cumplieron 50 años de Woodstock, uno de los festivales más importantes de la música. Pero también fue el aniversario de otra fecha clave en la historia de los festivales, aunque no por las razones correctas. El Altamont Speedway Free Festival ocurrió el 6 de diciembre de 1969 e iba a ser uno de los mejores eventos musicales de la historia, pero resultó siendo un desastre. En un evento que prometía paz y amor, se registraron miles de peleas, 4 personas resultaron heridas y Meredith Hunter, uno de los asistentes, murió apuñaleado. 

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El festival fue organizado por los Rolling Stones y parecía ser un éxito rotundo. El cartel también lo conformaban Santana, Jefferson Airplane, The Flying Burrito Brothers, The Grateful Dead (que eventualmente no se presentó por los hechos de violencia del concierto) y Crosby, Stills, Nash & Young. Los Stones estaban encargados del cierre. 

644391_William L. Rukeyser // Getty Images
William L. Rukeyser // Getty Images

¿Pero por qué fue tan malo? Una cadena de malas decisiones. Aunque Altamont quería replicar la magia de Woodstock, olvidó un factor importante: el tiempo de planeación. Mientras Woodstock se hizo luego de varios meses de preparación, Altamont tomó forma en unos días. La locación se dio a conocer poco antes del evento y, con la presión por tener todo en el momento, los organizadores no lograron tener listos algunos baños y carpas de atención médica. Las luces y el sistema de sonido no fueron suficientes para los 300.000 asistentes, el escenario no tenía la altura necesaria y tampoco tenía una separación clara del público. 

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Sin duda la peor decisión del evento fue dejar a cargo de la seguridad a la pandilla de motociclistas Hells Angels, hoy considerada una organización criminal por el Departamento de Justicia de EE.UU. Se dice que el pago que recibieron para la seguridad y logística del festival fue con cerveza. 

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William L. Rukeyser

Los Hells Angels no fueron muy bien recibidos por los asistentes. Eran excesivamente agresivos: incluso uno de ellos golpeó a Marty Balin, entonces vocalista de Jefferson Airplane, y lo dejó inconsciente. Todo escaló en tremendo caos, que concluyó con la muerte de Meredith Hunter, un estudiante de 18 años de Berkeley, quien fue apuñaleado por uno de los Hells Angels durante el show de los Stones. Hunter se subió a un parlante para tener una mejor vista de la banda y varios Angels lo bajaron y lo golpearon. Cuando él sacó lo que parecía un arma, Alan Passaro lo apuñaleó a pocos metros del escenario. Un año después, Passaro fue condenado por asesinato y posteriormente exonerado, luego de que se determinara que fue en defensa propia. 

Los Stones cuentan que vieron todo desde el escenario, pero pensaban que se trató de una pelea más. En un momento, Mick Jagger notó que se ponía fea la cosa y dijo en el micrófono "tenemos a alguien que se hizo daño, ¿Hay algún doctor por aquí?". La banda siguió tocando, pues temía que, de no hacerlo, se desatara un motín peor, según dijo Jagger en la grabación del documental Gimmie Shelter (1970), considerado uno de los mejores en la historia del rock. 

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En este documental también quedó registrado el testimonio de uno de los pandilleros que llamó a una estación de radio tras el concierto, que demuestra lo inadecuada que fue la elección de seguridad. “No soy ningún policía, ni pretendo serlo. (…) Solo me dijeron que si me sentaba en el escenario para que nadie se subiera, podía tomarme toda la cerveza que quisiera”. 

Gracias a la negligencia de los Stones y la violencia de los Hell’s Angels, Altamont resultó en algo muy diferente a lo que se había planeado. Representó el fin del hipismo al romper con la ingenuidad de Woodstock. Fue uno de los días más negros del rock. 
 

Fotos: William L. Rukeyser // Hulton Archive 

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