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Edson Velandia y Acid Yesit: una charla sobre cumbia, arte y oportunismo

Sentamos a Edson Velandia y Acid Yesit (y al Burro y la Cuya Puta) a hablar sobre la estructura en la música, el significado del arte y el oportunismo
Por
Fabián Páez López

A estas alturas el compositor Edson Velandia ya suma unos diez discos, además de sus múltiples proyectos y colaboraciones en formatos varios. Su repertorio artístico es bien conocido para la nueva ola de la música local. Sobre todo, gracias a las placas que grabó con Cabuya, con su banda Velandia y La Tigra, y a sus álbumes en solitario El Karateka y el clásico Once rasqas, que por cierto acabó de cumplir diez años. También son más que recordados su proyecto coprológico-teatral La Bacinilla de Peltre, la publicación de El cancionero rasqa y su reciente participación en la banda sonora de la película Pariente. Pero por estos días, el hijo célebre de Piedecuesta (Santander), el montañero prolífico, el tipo de la voz quebrada y las letras viscerales, anduvo montado en un bus más experimental junto a cinco músicos del altiplano nariñense, Acid Yesit.

La Acid Yesit, banda liderada por Yesit Ipuján, es una agrupación oriunda de la ciudad de Pasto, Nariño. Para definir su estilo “certeramente”, podríamos decir que son freejazz campesino con un poco de merengue-gore y punk-noise. O que a veces no lo son. En todo caso, son un proyecto muy bien logrado que terminó por despertar el interés del santandereano y que desencadenó un nuevo amorío musical en el promiscuo y prolijo prontuario de colaboraciones de Edson Velandia.

Juntos, publicaron un track de psicodelia para dedicar titulado Cuando pienso en free y además se embarcaron en una mini gira que ensambló los dos proyectos para recorrer las ciudades de Popayán, Medellín, Pasto y Bogotá.

Antes de que terminaran esa gira, en el camerino de uno de los escenarios más alcahuetes con el despeluque alternativo, Latino Power, en Chapinero, sentamos a conversar a los protagonistas de este mano a mano: Edson Velandia y Yesit Ipuján. Todo para que hablarán, básicamente, de lo que se les diera la gana. El resultado fue una conversación sobre el origen campesino de sus composiciones, la necesidad (o no) de la transgresión en el arte y las raíces, a veces inventadas, como instrumento para comercializar la cumbia.

Velandia: ...Llevamos una semana trabajando, cuatro días de concierto y cuatro días de ensayo, y esta es la hora que yo no sé cuál es el apellido de Yesit… 

Yesit: Jajaja, no es cierto marica. Es Jaime Yesit Ipuján.

V: ¿Es un apellido indígena? ¿De dónde salió ese apellido? 

Y: Ese apellido es de un pueblo muy pequeño que se llama Guachavés. Y, según dicen las lenguas, que no sabemos cuáles son, es endémico. O sea, desaparece con la próxima generación. 

V: O sea que podemos decir que eres un espécimen en vía de extinción. 

Y: Y yo que no quería tener hijos pero ya perdí esperanzas. 

V: Te tocó. Ojalá con una mujer del mismo apellido... Pero bueno, yo soy Edson Augusto, ¿eso tampoco lo sabías?

Y: ¿No era Agustín? 

V: Agustín pero de cariño.... ¿Ipuján es un apellido de una comunidad indígena?

Y: Creo que es de los Pastos. Estoy seguro de la región de donde vienen mis papás, pero no estoy seguro de qué comunidad viene el apellido. 

V: Porque ya te he escuchado decir en varias entrevistas que la música de Acid Yesit está relacionada principalmente con la música campesina, con la música popular, con la música indígena. ¿En qué sentido?

Y: Para mí, es como en el sabor. Es lo que uno tiene por la intuición de haber escuchado tanta música popular y tanta música tradicional. Son cosas que se le pegan a uno. Uno de chino escucha hartísimas cosas. Más adelante, ya uno escoge lo que no es y lo que sí, pero yo creo que por más rapero, metalero, jazzero o lo que quieras ser, hay algo muy tuyo, de la región donde vives, del contexto de donde naces. Y de ese contexto campesino de donde vienen mis papás fluye mucha energía y mucha música que a mí me trama mucho. Todos somos de ascendencia rural, y tenemos pegado algo de eso. Por eso digo que es más campesino y no tan urbano. O sea, es urbano, pero estamos metidos en un contexto que también es campesino 

V: Claro, no necesariamente las referencias, las influencias o la herencia que uno tenga tienen que evidenciarse en las estructuras o en las armonías o en las escalas. Ni siquiera en los ritmos. Tiene que ver con una cosa más profunda, más mística, más trascendental, más telúrica también. Es lo que tú dices: es el sabor o la intención con la que se hace; el clima, la atmósfera. 

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Fotos: Marlon Ballén (Ghatto Diafragma)

Y: ¿Y sabes? Lo chistoso es que cuando con vos hacíamos la música era como una forma de intentar hablar con una persona que tiene tu acento, con otra forma de ser. Porque entre nosotros pues vamos ahí medio puteandonos, medio haciendo las cosas. Pero llega otra persona y de alguna u otra forma hay que encajarla. Después nos damos cuenta que vos, por ejemplo, con tu música, sos como más bien rural. No estamos tan lejos. De hecho, me pareció muy bacano que hay muchas cosas que vos piensas, haces y tienes que se parecen mucho a las nuestras, sin necesidad de habernos conocido antes. Y en el Once Rasqas a mí me parece que vos tocas así, con esos riffs bien campesinos, como bien "a lo más que nunca", le decimos nosotros. A veces tú oyes así la música en muchos lados, no solo en el campo: más intuitiva, como más de parchar. 

V: Es que se le sale a uno el seis octavos, el sancocho. Yo cuando estoy trabajando también como que ahí encuentro las llaves. Cuando estoy tratando de armar la canción y viene contaminada de todo lo que uno vive día a día y se siembra bien uno en un pedazo a dónde uno no sabe bien a dónde va a coger, hacía dónde va a ir…o, cómo entiendo esta idea, como la descubro, como discernir qué significa esta idea y de dónde me viene. Casi que al hacer un psicoanálisis de una idea. La respuesta siempre viene en un toque que es muy campesino, muy amarrado al campesino andino, que es de donde somos nosotros. Porque no somos campesinos de la rivera ni de la playa. Somos campesinos de los andes, eso tiene un color y, sobre todo, un clima, digo yo. Por eso la cumbia es una al nivel del mar y otra en los páramos, porque no se puede bailar igual. Al nivel del mar siempre hay que bailar con los brazos abiertos. Arriba hay que bailarla agarraito. 

Y: Sí claro, lo andino siempre es como muy amarrado. Por ejemplo, los chicheros, no se explaya tanto, son más tropicales, como que dicen que tampoco no seamos tan groseros ni tan fatales, sino que guardemos un poco de cordura. 

V: Pero el frio también influye ¿no? A 3.000 metros de altura no vas a bailar mapalé…

Y: Jajaja, eso es mierda. 

V: Pero a propósito de que tocamos cumbia, como para hablar de todo, ¿no te fastidia un poco ese boom de la cumbia?

Y: ¿Fastidiar dices?

V: Como que esa moda de repente me parece un poco snob, u oportunista. De repente salir con un montón de cumbia y hacer parecer como que esto es una renovación, cuando en verdad la cumbia nunca se ha dejado de tocar.

Y: Oportunista en el sentido de que hay gente que hace un proyecto de cumbia solo para decir salgamos a tocar y hagamos discos que nos figuren, eso sí, pero yo creo que la cumbia siempre está en movimiento y están siempre añadiéndole cosas y modificándola, pero sigue siendo la misma. La intención en muchos lugares ha variado dependiendo de la gente que la concibe. Por ejemplo, en el Perú...

V: Yo crecí bailando eso, porque en mi barrio se baila eso todavía. 

Y: Marica, es asperísima. La tecnocumbia llegó a Pasto y estalló allá. Es brutal. Tanto, que la gente ya cree que la tecnocumbia es como parte del pastuso. Y en las fiestas de pueblo es así. Creo que es una forma muy bacana de acogernos entre latinoamericanos, nosotros somos como ecuatorianos también. Yo por ejemplo escucho el Grupo Néctar y no me parece snob. Pero acá en Colombia sí ha habido gente que como que la forza. ¿Sabes en qué sentido? Que forza las raíces de la cumbia y se aprovechan de eso para coger vuelo. Eso sí me parece como cagada. 

V: Yo sinceramente siento que toda mi música tiene que ver con la cumbia. Porque yo crecí en un gettho de cumbia peruana. Bucaramanga, Piedecuesta, es ghetto de cumbia. Mi barrio todavía es de tradición cumbiera, pero peruana. 

Y: ¿Cómo llegó esa música allá?

V: ¿Cómo llegó? No sé. Llegaron casetes de Los Mirlos, de Pintura Roja, todos esos grupos. Y allá hay grandes bailarines de cumbia. La moda es la misma desde que yo era niño; hoy en día ellos se visten igual. Es realmente un ghetto. Yo siento que a mí también me suena la cumbia en la cabeza. Una experiencia linda es que cuando tocamos en Bolivia una señora no nos quiso pasar en un restaurante porque dijo que esperaba que tocáramos cumbia, porque éramos colombianos. Yo le dije que lo que nosotros tocamos todo es cumbia, lo que pasa es que la cumbia ha cambiado mucho. Y de verdad lo sentía sincero, porque a mí me suenan a cumbia mis canciones cuando las estoy inventando. Pero lo que me parece incómodo es que uno se abandere de la cumbia como si eso fuera el sombrero vueltiao. Es como mirarnos exóticamente nosotros. Igual es respetable, porque de todas maneras hay un gran movimiento que afuera es fuerte. 

Y: Es que abanderarse de las raíces de lo que sea es creer mucho que uno tiene que mostrar algo propio sin sentirlo. Yo por ejemplo creo que lo propio, para mí, no es la música indígena. O sea, a mí  me parece áspera, es muy brutal y valiosa, pero yo no me abandero de eso. Yo me abandero de lo que realmente siento que es la música popular. Por ejemplo, yo siempre digo que a mí me marcaron tanto los 14 cañonazos que creo que es, en parte, el 60% de mis influencias musicales y de lo que me llama. Mis raíces, por así decirlo, son esas: la música popular de los 70, 80, 90. Incluyendo lo que se conocía como el merengue house, el trance; eso yo lo tomo como mis raíces. No necesariamente es lo antropológico, por decirlo así. 

V: Sí, lo antropológico, que es como mirarse uno mismo, a su propia cultura, con exotismo. Aceptar por ejemplo términos como que nosotros somos música del mundo. Esa es una de las cosas más patéticas y más colonialistas que puede haber: aceptar que uno pertenece a eso. Porque es aceptar que la música de los ingleses es de otro mundo y la de nosotros es terrenal. Es volver a los términos religiosos: el cielo y la tierra. El cielo son los ingleses y los demás somos mundanos, casi que en el infierno estamos. 

Y: Y más chistoso o, como decimos nosotros, más taque, es que yo por ejemplo así con esta cara que tengo, puedo ir por el mundo diciendo que yo soy de ascendencia indígena. Me pongo unas plumas y ya. Pero no, eso a mí no me soya. Abanderarme de que soy indígena y que toco quena y que tengo un grupo con quena y música electrónica es algo que no va pa’ ningún lado. De pronto vendiendo eso puede parecer exótico, pero pues no es lo que yo siento. Me soya más lo que yo de chino escuché, o lo que escucharon mis papás. Me parece más áspero eso que abanderarme de algo que puede ser un hit de un momento. 

***

Y: Hay mucha gente que dice que la escena aquí en Colombia, para el rock, está abriéndose, que hay más espacio en los medios, etc. Pero al fin de cuentas es una pantomima que nos quieren hacer pillar que esto se está moviendo. En realidad los que los mueven son las personas que hacen el oficio. Por ejemplo, hay mucha gente que cree que Acid Yesit tiene patrocinadores o gente detrás haciéndole las vueltas, pero ya te habrás dado cuenta que somos nosotros en asocio con CEEERO producciones. Es bacano por la gente que hace este oficio, sin intenciones de ser famoso ni esas huevonadas. O sea, vos te has venido guerreando tu carrera, no creo que lo tuyo sea una vaina de decir "Yo soy Edson Velandia, soy músico y voy a llegar a la cima y voy a ser famoso y voy a tener una mansión en Piedecuesta con dos Ferrari". No se trata de eso. Vos te has tomado tu tiempo, has creado tu obra y hoy ves los frutos, pero ¿cómo te has guerreado eso para no caer en el pensamiento de “tengo que vender” si de alguna forma tenemos que comer, que vivir, que pagar cuentas? ¿Cuál es tu estrategia mental para no bajar la guardia marica? 

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Fotos: Marlon Ballén (Ghatto Diafragma)

V: No lo sé. Yo creo que tiene que ver con dos cosas. Una, hacerlo orgánico: hacerlo día a día como me provoca, como me nace; hacer exactamente lo que me nace hacer. Y la otra, es que no negocio con la felicidad de vivir cerca de los míos y dedicarles tiempo, eso no está en mis planes cambiarlo, no estoy dispuesto a sacrificar eso para lograr una carrera. No creo en eso. Me fascina el arte y me obsesiona lograr hacer arte. Si me muero y siento que logré crear una obra de arte eso es suficiente. Se puede hacer plata con arte también, pero hay que tener un gran nivel de intuición comercial y de negocios que yo de pronto no tengo. Pero voy en ese camino todo el tiempo. Pensando que cada cosa que hago tenga una profundidad estética y social. Que lo que haga sea responsable con el público. Hay una esencia que no es solamente mía, sino que es colectiva. Y el arte de uno, aunque sea muy personal, tiene que ver con una comunidad y en la medida en que uno lo hace con pasión, eso contribuye también a la cultura general. Yo siento que ese es el papel de la música y el arte: hacer parte de una comunidad y crear ritual. En eso yo confío plenamente y me fascino, por ejemplo, con las obras de arte de los petroglifos, esas obras anónimas que no sabemos quién hizo y que seguramente muchos los hicieron sin ninguna intención estética, sino más bien ceremonial. Hoy en día las adoramos y las tenemos como grandes obras de arte de la antigüedad y no sabemos quién las hizo, pero existen. El nombre se pierde y la obra queda. 

Y: Una vez había un músico bien reconocido en la escena andina y yo estaba tocando una zampoña, aprendiendo. Me dijo que le cachara la idea y no pude. Ese man dijo algo así como "yo necesito es un músico". Y en ese momento yo creía que la música era como una especie de don o algo afortunado que le pasa a la gente. Pero ahora ya sé que hay una intuición que se pierde porque nos forzan a creer que nosotros tenemos tareas determinadas para hacer en la vida, y no es así marica. En el caso de la música, que rico haber compartido con vos ese momento de ensamblar, de hacer vainas. Incluso de hablar mierda. De eso se trata, de hablar de lo que uno hace y no olvidar esa intuición de cagarla, de saber que las cosas no están ahí como tan fijas, como la gente cree que a uno le fluyen las ideas. Pero la magia está en seguir haciendo las cosas con la seguridad de que uno sabe que es una pasión simplemente, no algo que uno vaya a tener la certeza de que va a ser un éxito. 

V: El éxito es hacerlo. A mí me parece un gran éxito que tengas una hoja en blanco y luego tengas una obra. Pa’ mí eso es un milagro, magia. Figurativamente la hoja en blanco. No tienes nada y luego tienes algo, y luego eso ya no es tuyo sino que es de los demás también. Esa es la magia de la creatividad. Aunque yo también confío que uno no debe casarse con paradigmas ni apropiarse de obligaciones sociales y culturales, ni comerse el cuento de que uno pertenece a un dogma, yo sí creo que cada cosa que uno hace tiene un fin ceremonial, un impacto. Y es una transgresión a la realidad y, justamente, a los paradigmas que enquistan a la sociedad y la vuelven una masa. Hay música de masas pero la de nosotros no es de masas, está en otro plano: en una onda que desestructura y transgrede las estructuras. Y yo no concibo un arte que no transgreda, el arte si no transgrede no es arte, es decoración. 

Y: Yo tengo otra concepción de lo que vos dices de las masas. Hay algo muy áspero y es que hay cosas que llegan a las masas y son tan buenas y tan concretas que también es arte. Por ejemplo, la música popular es de masas, pero a mi modo de ver no es la música la que está creando el paradigma, es más bien la gente la que forma el paradigma en torno a la música. Es como decir que la música de despecho hace beber a la gente. Pues marica, la gente bebe indiferentemente de la música. 
V: Esa música es fruto de esa idiosincrasia. Yo no desprecio la música de masas porque la bailo, la aprecio y la adoro y me la sé. Pero a lo que me refiero es a que de todo lo que se oye masivamente, lo que logra transgredir se acerca al arte. No todo lo que oyen las masas transgrede, pero de pronto aparece un Kaleth Morales que transgrede la forma y eso se acerca al arte porque realmente genera una reestructura. Incluso dentro de las masas. 

Y: Sí, es como la salsa, que iba en un tren y de pronto llega Fruko y taz. 

V: Ponte a pensar cuántos músicos como Beethoven hubo en su momento. ¿Pero cuántos Beethoven quedan hoy? Uno solo. Como él había miles en Europa, que hacían música como esa. Pero quien realmente se apasionó e hizo unas transgresiones y unas reestructuraciones fue ese man. A eso me refiero: el encanto de la creatividad es justamente hacer rupturas, transgredir el status quo, el confort, sacarlo a uno del confort, incomodar...

Y: Acá hay cosas como la palabra arte que a mí, por ejemplo, no me sollan tanto. Es como un poco snob también. Yo por ejemplo ahora considero que lo mío es un oficio, como una persona que hace zapatos, como un escritor, como un dibujante. La música en sí misma llega, no tiene un puente por así decirlo. Como la gente que cree que la gente que oye música clásica es la más intelectual y estudiada, etc., a veces la palabra arte retoma todos esos prejuicios. Pero los paradigmas son de las personas, no de la música ni del oficio ni del arte en general. Yo creo que, por ejemplo, cosas como las que tú haces son brutales y las escucha el universitario y también el señor que está en la tienda. Es algo que no tiene un nicho ni un modo de ser. No es algo ni tan intelectual ni tan popular. Yo por ejemplo no tengo nada en contra del reggaetón ni de las baladas o Julio Iglesias. Bacano sería que algún día escuchemos música indiferentemente del gusto. Porque el gusto de alguna forma define eso, y el gusto depende de las influencias. Bacano que la gente quiera apreciar la música primero y luego que ya generara algo de gustos en torno a lo que escucha. A mí no me molesta en realidad ningún tipo de música. 

V: Claro, y nos nutrimos de todo. No creemos en el mal gusto. Yo tampoco mitifico la palabra arte. Para mí sencillamente es como una intención. Es como el deporte, una cosa es el deporte por recreación y otra por vocación y competencia. Son dos cosas distintas. Si haces música por ganarte unos pesos no más o por pasarla bien, o si realmente es tu pasión y tu ciencia y tu laboratorio y te metes en la cabeza un plan científico realmente de vida o muerte. Pa´ mí si uno no arriesga la vida en lo que hace tiene muy poco sentido hacerlo. Realmente pone uno en riesgo todo su capital, su integridad, la salud de su familia, el amor de los suyos cuando se mete en esto...

Y: Es que no funcionan a medias las cosas. No tienen la garra. Cuando uno concreta una idea, salió, pero ahí está el convencimiento de uno. Pero si uno empieza a dudar de lo que uno entrega, de lo que uno propone, pues no le está entregando todo a la gente, y no solo a la gente, sino a uno mismo. 

V: Es lo mismo, porque uno es la gente. 

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