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Un metalero defiende el chucu-chucu

Homenaje a todos los realmente y atrevidamente crossover.

634749_Ilustraci贸n: Diego Montoya // @chinocarajo
Ilustraci贸n: Diego Montoya // @chinocarajo

Cuando eres un metalero g贸tico de raca mandaca a los 13 a帽os y terminas bailando La Gozadera a帽os despu茅s en una discoteca con olor a coco, ya no conf铆as ni pizca en aquello de que 鈥渟oy muy cool porque a me gusta escuchar tal cosa鈥.

Texto e ilustraciones: Diego Montoya // @chinocarajo

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Hund铆 el bot贸n de play hasta que se enganchara en el fondo. Vali茅ndose de un par de poleas y de las prote铆nas prove铆das por dos bater铆as 鈥榙oble A鈥, el mecanismo del walkman estir贸 la cinta magn茅tica y se la fue llevando desde un rollo hasta el otro. 鈥淐radle Of Filth鈥, rezaba el cassette en su lado A, 鈥渃una de mugre鈥. El logo de la banda inglesa lo hab铆a dibujado yo mismo con un Pelikan Micropunta; todo el poder art铆stico de mis 13 a帽os de edad al servicio de una ilegibilidad calculada. Los aud铆fonos bombearon entonces un hizz an谩logo en mis o铆dos y, luego, m煤sica perfecta: chillidos guturales, guitarras distorsionadas hasta parecer motores, campanas siniestras y bater铆as tan r谩pidas que se pregunta uno cu谩l es el af谩n. Llegaron entonces im谩genes mentales de los Montes C谩rpatos en invierno. De bell铆simas mujeres de piel an茅mica sumergidas en tinas llenas de sangre, la que bastante falta les hac铆a por dentro. Mordiscos en la nuca, tetas al aire, luz de hoguera y colmillos. Sat谩n, el mism铆simo patas, haciendo apariciones en la forma de una cabra que ni bala, ni come, ni caga.

Goc茅 durante un rato toda aquella cursiler铆a agresiva hasta que, sin m谩s explicaci贸n que un crac, el walkman se detuvo y me dej贸 a la merced de lo que realmente ten铆a alrededor. No era un invierno sat谩nico en Transilvania. Era Semana Santa en Melgar 鈥撯淣algar鈥濃, Tolima. Es verdad que hab铆a pasado por el municipio de Silvania a bordo de una flota bautizada Trans para llegar hasta el balneario bogotano por excelencia, pero no hab铆a visto all铆 presencias vamp铆ricas en terciopelo, sino m谩s bien fritangas a las que se les 鈥渕ete el colmillo鈥. Tampoco hab铆a en mi mano una copa met谩lica rebosante de hemof铆lico vino tinto; de un vaso pl谩stico beb铆a m谩s bien una Naranja Postob贸n color fiebre que, combinada con la leche condensada relamida de una lata minutos antes, me provocaba una leve crisis glic茅mica.

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Asimismo, no hab铆a sangre en una tina cobriza. En la piscina flotaba, en cambio, una soluci贸n de cloro y meados de ni帽o que 鈥揾asta hoy lo creo鈥 provee a la gente de un bronceado peculiar. Tampoco ve铆a a mi alrededor mujeres europeas en bola aunque, por fortuna, los coqueteos preadolescentes con Linda Katerine o Mery Alejandra prove铆an de erotismo las vacaciones de sexto grado. Y por 煤ltimo, el mayor contraste: la ausencia de una banda de metal abundante en ruido y mechas era compensada por aquello que se escuchaba detr谩s de las chicharras y los juegos infantiles: Boquita de Caramelo, en la voz de Pastor L贸pez, sus anillos de oro sudando a m谩s de 30 grados cent铆grados.

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Descubr铆a as铆, en el metal, mi primer esnobismo. Una batalla entre lo que me gustaba m谩s y lo que realmente ten铆a al alcance de la mano. Hab铆a dos identidades opuestas en pugna: 驴yo Pantera, Paradise Lost y Iron Maiden?, 驴o yo Willie Col贸n, Juan Luis Guerra y Joe Arroyo? Aunque la primera versi贸n me gustaba y de la segunda denigraba, mi biograf铆a musical acabar铆a pasando del blanco y del negro a los grises, junt谩ndolo todo en un popurr铆 de dif铆cil taxonom铆a. Tanto, que hoy no se puede reproducir la m煤sica de mi computador en modo aleatorio porque pasa de tocar Fucked With a Knife de Cannibal Corpse a Micaela de Pete Rodr铆guez.

Conten铆a yo tal faceta chucu-chucu que, uno o dos a帽os despu茅s de Melgar, me sorprender铆a a m铆 mismo micro-bailando Rikarena en los cumplea帽os merengueros mientras depart铆a en la secci贸n de los marginales. Primero, marcaba discretamente el paso de Cuando el amor se da帽a con el tac贸n de la bota puntera hasta que, pasados diez minutos, utilizaba entera la mesa de las papas fritas y el ron con Coca Cola como un set de tamboras africanas. Justo como lo hac铆a en casa: sonaba 脕ngel Of Death y el escritorio de las tareas se transformaba de inmediato en una bater铆a ochentera, dos bombos, ocho tambores, quince platillos.

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Y para que los infalibles genes corronchos terminaran de salir a la luz, lleg贸 a mi vida la pista de baile. Al cabo de un par de a帽os, acompa帽aba con pies, hombros y brazos una percusi贸n salsera mientras cantaba con voz nasal las siguientes palabras: 鈥渦na aventura es m谩s bonita si no miramos el tiempo en el reloj鈥. Y aquello, en compa帽铆a de una mujer, me parec铆a una experiencia m谩s divertida que darme en la jeta con los contertulios de Rock Al Parque el d铆a que tocaba Purulent, su bajista vestido con la camiseta de Millonarios. Entre otras cosas porque las letras de las canciones de m煤sica tropical son interesantes o graciosas 鈥揷on excepci贸n de las del vallenato鈥, mientras que las del metal no le interesan ni a quien las escribe. Bien podr铆a Mikael 脜kerfeldt, la mejor voz gutural de la historia, gru帽ir la letra de La Pollera Color谩 y pocos se dar铆an por enterado.

Eso s铆, ni los bongoes, ni la marimba, ni la trompeta pasan hoy por mis aud铆fonos: los sonidos tropicales hoy se mantienen dentro de las fronteras de la sociabilidad y el festejo, mientras que la 鈥渕煤sica sat谩nica鈥 reina en la soledad. Porque dibujar, pensar, correr o cocinar mientras escucho a Sepultura me lleva a mejores resultados que cuando se hace al son de Wilfrido Vargas.

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No obstante el proceso, me enorgullece que yo haya sido capaz de engendrar unos h谩bitos de escucha que son al mundo musical lo que un ornitorrinco al animal: absurdos. Y me enorgullece dado que, gracias a ese mestizaje, hoy no me convence ning煤n otro esnobismo. Porque cuando eres un metalero g贸tico de raca mandaca a los 13 a帽os y terminas bailando La Gozadera a帽os despu茅s en una discoteca con olor a coco, ya no conf铆as ni pizca en aquello de que 鈥渟oy muy cool porque a me gusta escuchar tal cosa鈥. La m煤sica no es m谩s que eso: sonidos en sintaxis que producen una u otra sensaci贸n. No carga en s铆 misma los estilos de vida que se le construyen alrededor.

 

 

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