Conocimos el primer club de masturbación en Colombia

Un gurú del porno y los placeres es el anfitrión de una de los secretos mejor guardados de Medellín.

Septiembre 15 de 2016

En pleno occidente de Medellín, en medio de un barrio residencial de clase media, hay un apartamento caleto por el que desfilan a diario decenas de personas que convierten sus fantasías sexuales en una realidad tangible. Viajamos al corazón de La Casa del Gurú, una mansión del placer que ofrece a sus socios jornadas de masturbación comunal, orgías y una nueva dimensión del sexo.

Por: Johana Arroyave @JohanaArroyave // Fotos: Luis Bernardo Cano @Luisbcano

Despertar en un orgía con ninfómanas, tardear en un gang bang (orgía en la que una mujer o un hombre mantiene relaciones sexuales con tres o más hombres), y en la noche club de la masturbación: así son los días en La Casa del Gurú, un discreto espacio en Medellín por el que cualquiera se atravesaría sin imaginar que tras las ventanas cubiertas con cortinas oscuras se está armando un “zaperoco”. Un lugar donde se juntan hombres, mujeres y travestis se reúnen para tener sexo sin restricciones ni pudores, mientras ven cómo el frenesí se apodera de sus vecinos.

Sería imposible no fijarse en esta casa. Es la más grande del sector y la esquinera. En el primer piso un local de figuras religiosas, a su alrededor almacenes de ropa y terminando la cuadra un restaurante con especialidad en postres. Por la vía principal transitan cientos de carros, residentes caminan a comprar comida y niños juegan con un balón gritando al ritmo de algún gol. La entrada es discreta, sin gracia; hay unas cuantas motos parqueadas frente a la puerta y la única seña que rompe la monotonía es el timbre, marcado con letras negras hechas con marcador que forman las palabras “timbre”, “Alejandro el gurú”, “El gurú” y “La casa del gurú”. Esas son todas las indicaciones. Y tras el sonido rechinante que se produce al tocarlo, de la puerta gris con un vidrio roto, aparecen las escaleras que conducen hasta el segundo piso, al lugar de los placeres. 

La casa tiene dos apartamentos, cada uno con opciones sexuales distintas. El primero es una casa de citas y el otro, al que llega la mayoría del público, es La Casa del Gurú, un lugar oscuro, misterioso. De allí sale Alejandro Jaramillo, el “gurú del porno”, dueño y señor del único lugar en Medellín en donde se puede experimentar cualquier tipo de sexo y cumplir fantasías en salones comunales, compartidos por grupos de 10 a 50 personas, bajo la luz de una pantalla.

Las opciones sexuales varían según el día y la hora. Algunas tardes la entrada es solo permitida para hombres con el fin de que se masturben solos, unos a otros o que tengan sexo entre ellos si así lo desean, mientras ven videos de porno y escuchan música electrónica. Otros días la protagonista es alguna mujer pagada por la casa para que complazca a sus invitados, quien se acuesta con cada uno de los visitantes: uno por uno, varios al tiempo o como los clientes manden. Aquí no hay límites. También hay jornadas en las que las parejas son la cabeza de las orgías y el intercambio swinger, al mejor estilo de la señorita Antioquia: “hombre con hombre, mujer con mujer, así sucesivamente y en el sentido contrario”. A veces simplemente una fiesta gay con cambio de parejas, sexo oral, penetración y fiesta. Hay sesiones privadas de mujeres que llaman a La Casa del Gurú con el deseo de separar un cupo para ofrecerse a ser el plato principal en alguna noche de placer. Por último, el espacio también se presta para ser rentado por algún ciudadano que desea cumplir alguna fantasía con amigos y así organizan fiestas swinger, de disfraces o de fetiches escondidos.

Las reglas son claras. Las actividades inician a la hora en punto y se terminan a las dos horas exactas sin importar qué tan alto esté el nivel sexual dentro de la sala. No pueden entrar menores de edad, no se abre la puerta a borrachos, gente drogada y mucho menos a animales. No se ingresa a la sala con alguna prenda. Todos sin excusa deben estar desnudos. La frase después del “bienvenidos” es “quítense la ropa y sigan al salón”. Las relaciones sexuales deben ser con condones. Nadie agrede a nadie y la luz siempre debe estar apagada. El límite del placer lo ponen los usuarios y el compromiso es sellado bajo la mirada inquisidora de su propietario, quien también atiende el lugar y, aunque no participa de los eventos, está en la habitación contigua, vigilante, complaciente y orgulloso de lo que se escucha a su alrededor

Alejandro Jaramillo, “El Gurú del Porno”

“Mucho gusto. Yo no soy así de negro, es que acabo de llegar de vacaciones y me quemé”. Esa fue la primera frase que usó Alejandro Jaramillo para romper el hielo cuando comencé a hablar con él. Tranquilo, discreto, tímido (aunque no lo crean), enamoradizo, cursi, geek (groupie de Superman) y estricto, es un hombre que no pareciera ser el experto sexual más famoso de Medellín. De su cabeza vinieron los conceptos y nombres de los eventos sexuales –“zaperoco”, “noche de travestis”, “noches de ninfómanas”, “doble travesti gang bang”–  que ya no solo se usan en su negocio sino que se expandieron al resto de bares y locales swinger de la ciudad. Pero a su vez es un firme creyente del amor y hombre sensible al que se le aguan los ojos cuando habla de la soledad que siente al terminar las fiestas en su local. A su pareja, cuando la ve, le manda besos y corazones.  

Así es el gurú del porno de Medellín, el encargado de hacer realidad las fantasías sexuales de sus clientes y quien creó el Club de la Masturbación hace más de diez años para satisfacerse a sí mismo, mientras vendía, alquilaba y cambiaba videos porno en su propia tienda. Aunque desde pequeño conoció el sexo de cerca por el trabajo de su padre en bares y prostíbulos, sólo se dedicó a él como oficio cuando, mientras trabajaba en una aerolínea, aceptó el ofrecimiento de un colega para administrar una videotienda porno. Poco después montó su propio local donde conoció a los creadores de GuiaCereza.com, una de las páginas de internet más famosas de sexo en Medellín, y de quienes se hizo amigo. Ahí debutó como columnista y luego entró a la nómina. La página le abrió las posibilidades de conocer a gente de la misma ciudad, con gustos sexuales similares.

En una tarde del 2005, mientras veía porno y se masturbaba, ingresó al chat de GuíaCereza.com y preguntó si alguien quería acompañarlo en su acto de autocomplacencia sin compromiso sexual. Un hombre acudió al llamado y juntos empezaron a pasar varios días masturbándose juntos, uno al lado del otro, mientras disfrutaban de alguna escena sexual en pantalla. Días más tarde el hombre llegó acompañado por su pareja, luego por dos mujeres más, hasta que el voz a voz se regó  y más de diez personas llegaron a reunirse en las tardes de masturbación. Un periodista se enteró de lo que venía sucediendo y entrevistó a Jaramillo en radio. De inmediato el correo personal del gurú se llenó de mensajes de cientos de personas que querían participar en su exclusiva sala onanista. Y así, sin planearlo, nació el Club de la Masturbación.

El club se convirtió en un icono sexual en Medellín y Jaramillo se convirtió en un referente. Lo entrevistaban en medios y hasta presentó un programa en televisión en el canal regional Cable Pacífico, Kama-Sutra, donde hablaba de sexo y fantasías. Poco a poco fue viendo la fama y de ella vivió durante un tiempo. Luego fracasó, cerraron el programa, robaron su apartamento, se quedó sin trabajo y estuvo varios meses rondando la calle. La misma fama que lo había hecho ser un referente, le daba la espalda pues en ningún trabajo de oficina lo aceptaban por su pasado. Tuvo que dejar todo lo que conocía para empezar de nuevo en un lugar donde el sexo no aparecía. Los días se hicieron aburridos y la necesidad de volver a sus fantasías se hacía cada vez más grande. Empezó de ceros en un bar swinger, pasó de ser el portero al administrador y creó la primera parrilla de programación sexual en un sitio de intercambio de parejas que se conoció en Medellín. 

Los clubes de masturbación en el mundo

La masturbación en grupo existe desde los tiempos de griegos y romanos. Sin embargo, los “clubes de masturbación” nacieron en Estados Unidos en 1994 luego de que el cirujano general Joycelyn Elders fuera condenado por la Casa Blanca tras sugerir que la masturbación debía ser enseñada en las clases de educación sexual. En solidaridad con Elders, un ciudadano que vio la noticia llamado Phineas Hendrix organizó fiestas de masturbación que pretendían normalizar hábitos sexuales y luchar contra la imagen negativa que tiene el cuerpo humano y que se ha mantenido durante todos estos siglos.

Hasta el momento este tipo de clubes se han mantenido como espacios preminentemente masculinos, aunque alrededor del mundo mujeres también han creado sus propios espacios con el fin de conocer el clítoris. En Japón esta tendencia fue acogida por Amor Joule: un club donde solo pueden entrar parejas para masturbarse entre ellas y conocerse a sí mismas. 

Reivindicando el sexo en Medellín

Luego de ver tanto porno, Jaramillo fortaleció su imaginación y creatividad sexual, lo que le permitió diseñar distintas actividades con sus respectivos nombres comerciales para varios lugares de Medellín. Jaramillo y sus ideas se convirtieron en un referente para los bares de intercambio de parejas. Copiaban la programación, ofrecían los mismos servicios y lo llamaban para ofrecerle trabajo. Su cabeza y su morbo eran una mina de oro. Todos sabían que donde él estuviera, la innovación sexual llegaría. Fue productor y director de películas porno junto a expertos y se deleitó escogiendo los planos y encuadres que aprendió a diferenciar de tantas películas que había visto, repetido y hasta grabado.

Se cansó de ser empleado, se independizó y en el 2010 abrió las puertas de La Casa del Gurú. Ya era reconocido como “el gurú del porno” por un periodista que, después de entrevistarlo, lo presentó como experto en porno. Los clientes de los bares lo seguían y pagaban por sus ideas, por estar en los encuentros. Su nombre fue rondando nuevamente y construyó el espacio en el que ahora vive, la casa donde el sexo es el desayuno, el almuerzo y la cena de muchos; donde los gemidos sobrepasan el ruido de la música que escoge para las tardes de faenas; y donde los condones sucios conforman la basura que tiene que sacar a diario. 

La programación la organiza cada semana y la envía por 18 grupos de WhatsApp a sus clientes que tiene separados según gustos, fetiches y antigüedad. El propio Jaramillo alimenta sus redes sociales y actualiza la página de internet de la Casa, consigue nuevas chicas para las noches de ninfomanía y hace casting para escoger a los nuevos clientes pues no puede dejar entrar lo que él mismo denomina “gente fea” o que espante a los clientes.

Sus únicos empleados son las personas que contrata para que hagan el aseo o le ayuden a recibir clientes. La Casa del Gurú en realidad está compuesta por una cocina, tres habitaciones, una de ellas donde vive Jaramillo (totalmente decorada con afiches de Superman), y otras dos que son alquiladas para que parejas tengan relaciones cuando no hay programación en el Club. También hay una sala con cuatro sofás negros forrados en cuero que rodean una cama-tarima roja brillante, un televisor plasma en el que solo se transmite porno y unos parlantes que retumban al sonido de música electrónica que Jaramillo busca y reproduce desde YouTube. El cover depende del show y va desde los 20 hasta los 45 mil. Solo se vende cerveza y no se pueden ingresar otras bebidas alcohólicas.  

Jaramillo convirtió en realidad las fantasías que muchos aclamaban pero que por temor no se atrevían a buscar. Su lucha es para que en Medellín le abran la mente al sexo, a los placeres y dejen la morronguería de lado para experimentar los placeres del cuerpo humano.

 

Por: 

La del sombrero