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3 razones para ver Lady Bird, una de las favoritas de los Óscar

Tal vez cuando salga de ver “Lady Bird”, lo primero que quiera hacer sea llamar o escribirle a su mamá.
Saorise Ronan, protagonista de Lady Bird.
Saorise Ronan, protagonista de Lady Bird.
Por
Juliana Abaúnza

Sin clichés, sin empalague emocional y con humor, la directora y escritora Greta Gerwig nos muestra en hora y media un pedacito de la vida de Christine “Lady Bird” McPherson durante su último año de colegio, ese momento en el que uno está al borde de la adultez, mirando al futuro, impaciente porque la “vida real” empiece. Este 15 de febrero se estrenará la película en cines colombianos y hoy le damos tres razones para que vaya a verla.

1. Una inolvidable relación entre madre e hija 

En una entrevista con Vulture, Gerwig dijo que durante la producción de la película, siempre bromearon con que iban a poner un letrero al final de la película que dijera: “LLAMA A TU MAMÁ”. Aunque la película es sobre algunas experiencias comunes de la adolescencia (peleas con amigos, primeras experiencias amorosas y sexuales, no saber qué hacer con la vida, a qué universidad ir, querer escapar de un pueblo aburrido), la relación entre Lady Bird y su mamá, interpretada por Laurie Metcalf, es tal vez lo mejor de la película y entra al top de historias de mamás e hijas junto a las Gilmore Girls.

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Estas son dos mujeres (o, bueno, una adolescente y una mujer) que se aman mucho pero que se vuelven locas la una a la otra porque tienen personalidades fuertes. Lady Bird es una soñadora que quiere “escapar” de su pueblo a alguna metrópoli cultural y su mamá es una realista que quiere que su hija vaya a una universidad cercana y barata. Las actuaciones de Saoirse Ronan y Laurie Metcalf, además del guion de Gerwig, que hace que las palabras que los personajes dicen suenen naturales y no escritas por alguien en una página, nos hacen sentir el conflicto desde los dos lados. Entendemos tanto el miedo al abandono por parte de la madre como el deseo adolescente de independencia de la hija y la película es sobre cómo las dos, después de varias peleas, risas y lágrimas, aprenden a entender un poco el punto de vista de la otra.

2. Una adolescente que no se odia a sí misma 

Saoirse Ronan, con pelo rosado, yeso en un brazo y uniforme de colegio católico, es Christine “Lady Bird” McPherson, una protagonista como pocas: no tiene habilidades extraordinarias pero tiene mucha autoestima. Eso es lo que hace refrescante al personaje y por extensión a la película, que es una adolescente que no se odia a sí misma, algo que no vemos mucho en cine o televisión.

Gerwig dijo que, cuando estaba creando al personaje, le puso la confianza que sienten las niñas de 8 o 9 años, porque son temerarias “y no saben que deberían sentirse como otra cosa que grandiosas”. Y para interpretar a Lady Bird, la casi-adulta que se cree lo máximo aunque sea normal, escogió a Saoirse Ronan, una actriz que a sus 23 años ya tenía dos nominaciones en los Óscar por sus papeles en Atonement y en Brooklyn, a las que ahora les suma una por esta película.

La preparación de Ronan para el personaje incluyó oír las playlists con música del 2002 (época en la que transcurre la historia de Lady Bird), leer libros de Joan Didion (otra artista de Sacramento que también huyó a Nueva York para luego mirar con nostalgia su ciudad natal) y practicar el caminado de su desgarbado personaje, quien más que caminar, marcha con un propósito así no sepa cuál es. El resultado fue un tipo de protagonista femenina que es raro encontrar: la egocéntrica que es al mismo tiempo agradable.

Hace poco una amiga me dijo que si Lady Bird fuera costeña, la mamá le habría dado una palmada en la boca en el primer minuto de la película por respondona. Es verdad, la adolescencia es tal vez la etapa más egocéntrica de cualquier ser humano y uno cree que sus problemas son los más graves del mundo. Tal vez algunos dirán que las tragedias de Lady Bird no son problemas reales. Pero así como dice su protagonista en un momento: “No todo es guerra. Distintas cosas pueden ser tristes”.

Y aunque nosotros desde la adultez digamos que Lady Bird es una adolescente exagerada que no agradece que al menos tiene una casa y una familia unida y una mejor amiga, no la odiamos porque nos recuerda lo ridículos que fuimos también en esa época.

3. Greta Gerwig, una directora a la que hay que pararle bolas 

Además de actriz (Frances Ha, 20th Century Women, Jackie) y guionista (Frances Ha, Mistress America), Greta Gerwig suma ahora el título de directora a su lista de logros y, así como en sus otras facetas, no decepciona. Esta, que es la primera película que dirige sola (ya había co-dirigido Nights and Weekends), ha tenido muchos reconocimientos. Batió el récord que antes tenía Toy Story 2 como la película con mejores calificaciones en Rotten Tomatoes, ganó dos Globos de Oro (Mejor película de comedia o musical y Mejor actriz de comedia o musical) y ahora está nominada a cinco premios Óscar: Mejor película, Mejor guión original, Mejor actriz, Mejor actriz de reparto y Mejor directora.

Cuando Gerwig recibió su nominación a los premios de la Academia (lo que la convirtió en la quinta mujer nominada en esa categoría), leí por ahí varias críticas que decían que era una nominación de contentillo. Que la habían nominado “solo porque es mujer”, como para ser políticamente correctos, y que la dirección de Lady Bird no tiene nada de extraordinario.

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Yo no podría estar más en desacuerdo. Tal vez el problema nace de la forma en la que calificamos qué es una “buena dirección”. Muchas personas creen que si una película tiene una cinematografía increíble, eso ya significa que está bien dirigida; o que si al ver una escena uno ya sabe de quién es la película, eso significa que se es buen director. Pero calificar la dirección no es tan sencillo, porque el trabajo de un director de cine es muchas cosas al mismo tiempo. 

Una buena dirección significa controlar tanto las tomas y la puesta en escena, como la interpretación del guión, la edición y las actuaciones. Un director de cine es como el D.T. de un equipo de fútbol: tal vez no juegue en la cancha pero es el encargado de decirles a los demás qué deben hacer, según las fortalezas y debilidades de cada uno, para obtener el resultado ideal. Y, para mí, Greta Gerwig logró el resultado ideal con Lady Bird.

Sí, tal vez no tiene explosiones ni efectos especiales ni usa trucos visuales ostentosos ni actores que se transforman físicamente para el papel, pero a mí me conquistó porque gracias a la dirección de Gerwig fluye con naturalidad mientras nos muestra un pedazo de la vida de alguien. Lady Bird me enamoró porque es un tributo no solo a una época y a un lugar, sino a un miembro familiar, cosas y personas que muchas veces solo se pueden ver con amor cuando uno las mira desde lejos.

Podría seguir hablando maravillas de Lady Bird, de su guión, del hecho de que es una de las películas más fieles a la experiencia de crecer en un colegio católico en el que le revisan a uno el largo de la falda de cuadros, de lo maravilloso que es que todas las relaciones que tiene su protagonista con los demás personajes tengan matices y capas, de lo sutiles pero maravillosos que son todos los personajes secundarios como su papá, su mejor amiga y hasta la monja/consejera, de cómo la película logra transmitir lo que se siente crecer en una ciudad pequeña, del afiche promocional de la película, de cuánta atención le prestó Gerwig a detalles que hicieran sentir que la película ocurre en el 2002 como el uso de celulares de tapita o la banda sonora que tiene éxitos de la época como Cry Me A River de Justin Timberlake (a quien Gerwig le escribió una carta  en la que le revelaba que era una fan y le explicaba la importancia de que su canción apareciera en la película).
 

En fin, como les dije, podría seguir, pero tengo que parar. El punto es: vean Lady Bird, una película sobre la adolescencia que les presta atención a los momentos pequeños que mientras uno vive no sabe que son tan importantes pero que diez años después recuerda con nostalgia.

 

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