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¿Las redes sociales se tiraron el fútbol?

Facebook, Instagram y Twitter: las nuevas canchas del fútbol
Por
Héctor Cañón

En las redes sociales los jugadores se afianzan como marcas registradas de un mercado hiper consumista, celebran las victorias o justifican las derrotas, se vengan de las críticas de los hinchas y confirman, a punta de selfies, que la intimidad en estos días vertiginosos es un lujo que muy pocos seres humanos se están dando.

Por Héctor Cañón Hurtado @CanonHurtado / Foto Getty

Las redes más queridas del fútbol ya no son aquellas que se inflan cuando un nuevo gol enciende la pasión de millones de fanáticos alrededor del planeta. En los últimos años, Facebook, Twitter e Instagram han venido convirtiéndose en escenarios aún más importantes en el balompié que los estadios donde se juega, los camerinos donde se planean complicadas estrategias o los taquilleros espacios donde la prensa deportiva debate hasta empalagarse.

El deporte rey, amigos, no es el mismo desde que la invasión de las redes sociales a los terrenos de juego le está robando protagonismo a las rabonas, los caños, los golazos y las atajadas tipo Benji Price. Por ejemplo, atrás van quedando los días en que los torneos de selecciones eran el plato favorito de los hinchas. Ahora, cuando cualquiera puede ver por internet todos los partidos del planeta fútbol y saber qué están haciendo con su tiempo libre los cracks al pasearse por sus redes sociales, los clubes europeos y sus rentables campeonatos mandan la parada.

Barcelona tiene 93 millones de seguidores en su cuenta de Facebook, Real Madrid lo sigue de cerca con 90 y Manchester United completa el podio con 70. La diferencia numérica entre los hinchas que asisten al estadio y los que siguen a los clubes y sus jugadores en internet es abismal. Por eso, las cifras de las fanaticadas de las redes sociales son un reflejo de las estrategias comerciales de los equipos europeos para sacarles la plata de los bolsillos a los seguidores de la pomposa Champions League, un torneo que entrega en premios más de 1.200 millones de dólares, superando incluso a los ofrecidos en el Mundial Brasil 2014.

Los tres clubes mencionados ganan, cada uno, más de 500 millones de dólares en marketing por temporada.  Eso los obliga a manejar su imagen en las minas de oro de las redes sociales con el mismo tacto que emplean para contratar nuevos cracks o deshacerse de los que ya no ayudan en el objetivo primordial de facturar. Además, les exigen a sus jugadores hacer lo mismo en sus cuentas personales si quieren conservar la camiseta.

Mientras tanto, no hay ninguna selección nacional que alcance los 10 millones de seguidores en ninguna de las redes sociales más importantes de la actualidad. La consecuencia de esta desigualdad es que los grandes cracks –Messi, Neymar, Cristiano Ronaldo, Lucho Suárez y compañía– no brillan en sus selecciones como lo hacen en sus clubes. Tal vez la única excepción a esa regla en cuanto a los jugadores top del momento es James Rodríguez. Sin embargo, el hecho de brillar con la amarilla no lo libra de las críticas despiadadas de aquellos que están embrujados por el oropel de las redes sociales. Mientras se retorcía por el dolor del hombro durante el partido contra Estados Unidos, oí a un hincha colombiano comentar: “ese malparido no juega a nada, por eso en el Real Madrid no lo quieren”.

Plop. Con el furor de las redes sociales lo que más le importa a la mayoría de fanáticos es la imagen que proyectan sus ídolos en internet. Allí, en la interminable vorágine de Facebook, Twitter e Instagram, los jugadores se afianzan como marcas registradas de un mercado hiper consumista, celebran las victorias o justifican las derrotas, cazan peleas con los rivales que han de cruzarse en el terreno de juego, se vengan de las críticas de los hinchas y confirman, a punta de selfies, que la intimidad en estos días vertiginosos es un lujo que muy pocos seres humanos se están dando. De paso, siguen seduciendo a sus hinchas sin necesidad de driblar rivales, meter golazos o ganar partidos.

Cada nueva semana, los principales hechos futbolísticos de las redes sociales son aún más apetecidos que los mejores goles, las faltas más duras o los errores más vistosos de la fecha. Vale la pena repasar lo que nos dejó el fútbol en redes esta semana para comprobar que Facebook, Twitter e Instagram son las nuevas canchas del balompié. El chileno Gary Medel publicó, tras perder 1-2 con Argentina en la Copa América Centenario, una foto en la que les hacía pistola a los paisanos que llenaban de memes las redes. Minutos después, cuando ya el escándalo era inevitable, la remplazó por una de su hija en la que aseguraba que la bebé lo había obligado a retirar el ataque a los seguidores de su selección.

 

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