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¿Por qué hay tanto colado en los créditos de composición de una canción?

Es momento de hablar de algo que incomoda a muchos en la industria de la música.

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Músico durante una sesión de composición
// Getty Images

Empecemos por lo obvio: no hay hit musical sin letra ni composición. El fuerte de una canción comercial es su letra; muchas veces, resultado del trabajo creativo de un número reducido de personas. Sin embargo, hay casos -y no son pocos- en los que personas ajenas a la creación de un tema aparecen en los créditos. ¿Qué carajos hacen ahí?

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Anteriormente, la manera más fácil de conocer quién estaba detrás de una canción era ojeando el librillo que venía en el empaque de los CD. Hoy, es bien conocido, lo que se vende la música en formato físico es poco. El consumo está concentrado en las plataformas digitales y, por lo menos en algunas de ellas, es posible ver los créditos de las canciones. Esta información es suministrada por el sello que las publicó.

Cualquiera puede hacer el ejercicio. Es sorprendente ver canciones en las que hay más de ocho personas detrás de una sola composición.

De entrada, cuesta trabajo entender por qué detrás de la letra de una canción hay tantos involucrados. Pero esa es la realidad: para que una canción vea la luz tiene que pasar por muchas manos, decenas de modificaciones y varias negociaciones.

La discusión ha tomado mucha relevancia en cada una de las aristas de la industria musical después de que The Pact, un colectivo integrado por importantes compositores anglosajones, publicara una carta en la que hacen oficial su descontento con esta práctica.

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En este documento Emily Warren, Ross Golan, Savan Kotecha, Tayla Parx, Justin Tranter, Ian Kirkpatrick, Amy Allen, Scott Harris, Lennon Stella, Billy Mann, Shae Jacobs, Joel Little, Deza, Jordan McGraw, Neil Jacobson y Tobias Jesso jr. coinciden en que el negocio de la música debería ser más justo para todos y explican que muchas veces el ingreso monetario de los compositores es exclusivo de las ganancias que dejan sus acuerdos, pero que muchas veces esos convenios no generan el dinero que corresponde porque hay algunos agentes que se atribuyen créditos que no les corresponden y quitan a los creativos el reconocimiento que se merecen.

En la carta los firmantes resaltan que son unos genios en su profesión y que muchas veces no obtienen el reconocimiento que merecen. Allí se añade que ellos, con la importancia que han obtenido dentro de la industria por su hits musicales, “no darán crédito de publicación o composición a nadie que no haya creado o cambiado la letra o melodía o contribuido de otra manera a la composición sin un intercambio razonablemente equivalente / significativo para todos los escritores de la canción”.

En esta carta también subrayan que la idea no es demeritar el trabajo de los diferentes agentes que ayudan a que una canción se publique sino que se les respete a los compositores su puesto: "simplemente pedimos que se dé crédito donde se debe dar y que solo tomemos crédito donde se merece".

(Acá pueden leer la carta completa de The Pact)

Es un tema del que muchos prefieren no hablar, pero hay quienes están a favor y en contra de que en los créditos de composición de una canción no aparezca sólo aquellos que la crearon.

El abogado de entretenimiento Santiago Sanmiguel, profesor universitario y socio de la firma legal Derecho Rock, explica:

Se le considera autor a las personas que participan en la creación de la obra. Eventualmente, existe una categoría diferente que es el titular: se puede ser autor, pero no ser dueño de nada porque se ceden los derechos a otro para que administre ese producto (...) En un principio era muy claro entender quién era el autor porque solía ser un proceso individual. La cosa se complica cuando llegan las co-autorías y lo que causa el fenómeno de que hay tanta gente que no debe aparecer como compositor dentro de los créditos es que empiezan a pedir pedazos de la composición a cambio de un beneficio, como por ejemplo lograr que alguien famoso cante la canción o que un sello discográfico lo considere como sencillo.

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Aunque el compositor es quien crea una obra que puede (o no) generar dinero, hay otros jugadores en la industria que ayudan a que se materialice el éxito de esa obra en tanto negocio. Es decir, que ayudan a que genere ganancias. Y es por eso, justamente, que es común que hablemos de la música como una industria.

Juan Vargas es fundador y CEO de JC ENTERTAINMENT & TERRICOLAS MUSIC. Una organización que reúne a un grupo de productores y compositores que generan música para artistas latinos como J Balvin, Juanes, Maluma, Karol G, Sech y Arcangel, entre otros.

Juan considera que “mucha gente no logra entender por qué personas como yo están dentro de esos créditos. Es porque no conocen el proceso de la canción. Puede que el compositor la escriba, pero la canción se puede quedar en el cajón si no se le hace la gestión que hace el productor ejecutivo para que la grabe alguien como Maluma (...) Uno tiene participación porque es el que logra que esos hits salgan a la calle y puedan tener un buen resultado; obviamente, hay casos en los que entra gente en esos créditos que no tiene nada que ver, pero eso hace parte de negocios internos”.

Los productores musicales J Cortes y YounCrunk, conocidos como The Prodigiez, han trabajado durante más de 10 años en la industria musical. Aparecen como productores ejecutivos de canciones como Imposible (Remix) de Blessed y Maluma. Los dos tienen un sello discográfico y allí tienen firmado al compositor Philip Ariaz, que ha escrito para Chocquibtown, Becky G, Matisse o D-Vicio.

Ellos coinciden en que si una persona no hizo parte del proceso creativo no debería ir en los créditos de composición. “A veces hay muchos conflictos en las canciones porque los empresarios de la música quieren figurar en los créditos y eso se presta para problemas legales y enredos, la mejor opción para que eso no pase es hacer un contrato privado donde se especifica que esa persona colaboró a que el proyecto se diera y que va a tener un % de ganancias de esa canción, pero sin que aparezca en los créditos como compositor”.

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No hay dudas que en la industria hay muchos jugadores que ayudan a que una canción sea un hit, pero eso necesariamente no los debería hacer partícipes de los créditos creativos de la canción.

Sanmiguel, quien también es compositor, sugiere que los artistas deberían cargar siempre un formato en el que se especifique desde la primera sesión de trabajo a las personas que crearon música y letra de una futura obra musical. Añade que “si alguien no es compositor no debería apropiarse de esa figura".

Jose Baquero es A&R Manager de Sony Music Publishing Colombia, pero también es músico y autor de canciones para la agrupación Wamba. Él cree que esta práctica debería regularse y una forma de hacerlo es dejando claras las reglas desde el principio: “Mi opinión es que en un split (documento de reparto de derechos para co-autores) sólo aparezcan los creativos de la canción. Pienso que es un tema ético en el que uno tiene que respetar el trabajo de los demás y hacer valer la paternidad de las obras”.

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Juan David Castaño es el nombre que se lee en los créditos de las canciones que ha escrito (o mejor, co-escrito) el cantante Llane. Él opina que la música es un negocio y que cada uno debe cuidar los intereses de su trabajo: “A todos nos ha pasado que toca sacrificar algunas cosas para obtener otras, como en todo negocio. Yo no lo veo grave, en mi caso trato de que todo sea legal y darle a cada quien lo que le corresponde. Lo complejo es cuando se van a abusos, pero es normal ver esta clase de cosas”.

Juan Morelli ha sido nominado dos veces al Latin Grammy como compositor. Ha escrito para Gente de Zona, Camilo, Evaluna, Mau & Ricky, entre otros, y conoce bien sobre esta práctica que, como muchos lo han señalado, es una forma de negocio. “En la honestidad está el secreto para la felicidad y la tranquilidad, pero depende de lo que pasa adentro y de las cosas que se acuerden en privado”.

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Así como un libro se publica con el nombre del autor en las composiciones musicales debería ocurrir lo mismo. Mientras que los artistas consolidados pueden acumular ganancias por otras vías como el merchandising, las giras de conciertos y los patrocinios, quienes están detrás de la composición de las canciones solo obtienen ingresos por la obra a la que aportaron. Ellos no se construyen como marca frente al público. Su capital es su obra y su capacidad de intervenir en el proceso creativo.

¿Podemos saber cuánto del éxito de una canción se debe a la composición y cuánto al mercadeo y distribución? Seguramente no, pero detrás del tan mentado negocio está esa categoría abstracta que debería dar a cada uno lo que es suyo: el reconocimiento.

Lamentablemente, las plataformas de streaming no permiten categorías de distinción entre quienes ejercen la labor creativa y la mercadotecnia, como sí ocurría en los librillos de los discos en los que, a veces, se mencionaba a productores ejecutivos o A&R.

Las categorías jurídicas también parecen insuficientes para la música. Sobre todo cuando hay tantas partes involucradas en la creación y en el desarrollo de una obra. Defender la obra debe ser el fin y los estrategas que apoyan e impulsan el producto deben entender que su trabajo tiene que ser reconocido en otros espacios, pero no en los créditos de una obra a la que no aportaron ideas musicales.

The-Pact.jpg
Joel Little para The Pact
// Instagram

La industria musical es desigual: la plata está represada en los grandes nombres y es importante que estas discusiones se abran para que haya equidad donde se le dé mérito a la labor de cada involucrado.

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Naturalizar esta práctica puede no solo desdibujar la importancia del trabajo artístico al fundirlo con el trabajo mercadotécnico, sino que puede restar beneficios a aquellos que deberían obtener mayor reconocimiento por su trabajo: los músicos.

Como dice la carta de The Pact: “estamos todos juntos en esto, y todos nos necesitamos los unos a los otros para que esta rueda siga girando. Así que comencemos a actuar como tal”.

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