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Cimarronas: El proyecto que nos muestra el poder de la mujer negra

Feminismo afro y cultura pop.
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Como si ser mujer no fuera ya una actividad de alto riesgo, Andrea (brownsuugahh) y Sher (Soysher) son dos mujeres negras y feministas que, desde Medellín y Cartagena, se juntaron para hacerse madres de Cimarronas. Es un “proyecto audiovisual que propone nuevas formas de interacción de las mujeres racializadas en la sociedad, mostrando cómo dentro de sociedades coloniales como la nuestra, han dignificado su ser”. 

Por: Za Carmenza // @ZaCarmenza

La cuenta en Instagram de Cimarronas y la producción de contenido audiovisual fueron los métodos elegidos por Andrea y Sher para “tantear el terreno” y hacerle frente a la infinidad de preguntas y tensiones que trae consigo el ser mujer negra en latinoamérica. Se trata de una necesidad profunda que atravesó el cuerpo de cada una luego de que su experiencia en el activismo feminista les mostrara que, incluso allí, en el feminismo, no se habla suficiente del componente racial, del color.

El afrofeminismo, concepto que recogen Andrea y Sher, le regresa el nombre, la voz y el cuerpo a todas esas mujeres negras que, en medio de un sistema patriarcal y racista, han dignificado su propia existencia y las de todas las demás. Han resistido y se les ha ignorado.

Existe la necesidad de contar las historias de mujeres negras, en cuya experiencia de vida se hacen explícitas las intersecciones entre raza, género y clase, porque se trata de denunciar que las mujeres racializadas son doblemente oprimidas, al mismo tiempo en el que se les roba su cultura para introducirla al mercado.

 

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“Se trata de no desaparecer”, afirma Andrea, quien también considera urgente que el país hable de las razas pues, pese a la diversidad étnica y racial que hay en Colombia, es un tema que genera profundo desinterés. El desinterés, tal parece, es la forma que oculta la comodidad del privilegio y que pretende seguir negando la existencia del color en las pieles; hablar de ello, de la diferencia y de la diversidad, implica reconocer que, en nombre de todas estas características ,se han perpetuado múltiples violencias y formas de discriminación.

Cimarronas habla de dignificar la existencia, de que todos aprendamos a reconocernos en la diferencia del otro para que esta no siga representando opresión y pérdida de la humanidad pues el ser negro en una sociedad colonial, como la nuestra, es sinónimo de ser menos, de merecer menos... y si eres mujer, la realidad del ser y el merecer puede llegar a ser paupérrima.

Ser mujer negra, eso sí, ha representado una hipersexualización de los cuerpos. Las mujeres negras habitan en una carga de exotismo, monstruosidad y fetichización que las pone en el espacio público para consumo masculino. Cimarronas también habla del derecho a vivir una sexualidad desde el disfrute, desde el placer femenino y desde las diferentes corporalidades: “Necesitamos ser más mujeres negras hablando del tema. Necesitamos ver cuerpos racializados fuera de estereotipos, más mujeres negras, gordas, con discapacidades, con  enfermedades mentales”

Y es que los estereotipos asignados a las mujeres negras se sitúan en aspectos suyos que se condenan y se hacen motivos de discriminación, pero que son celebrados cuando son personas no racializadas las que los portan. En el caso de representaciones del bagaje cultural afro (como el pelo, los turbantes, los tejidos y trenzados), el mercado ha ignorado su acumulado simbólico e identitario para convertirlo en un elemento nada más estético que puede ser usado por cualquiera.

Cimarronas cuenta también la historia de las mujeres negras que han hecho de su cabello natural un símbolo de resistencia ante una sociedad que solo las acepta si se homogeneizan y blanquean. La invitación, según Andrea, no es a que las personas “caucásicas” dejen de usar o portar elementos de las expresiones negras, sino que se pregunten por qué para ellos no representan un motivo de discriminación. Por qué las caderas anchas, los pómulos pronunciados y los labios carnosos se consideran aceptables (y deseados) en mujeres como las Kardashian, pero en las negras de barrios populares o zonas periféricas siguen siendo causal de  segregación.

 

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La respuesta, para Cimarronas, es sencilla: se trata del color. Visibilizar esa realidad violenta que se le impone a las mujeres negras, nada más por el hecho de serlo, es el  objetivo de la apuesta pedagógica y reivindicativa de Andrea y Sher.

Su meta es poder movilizarse cada vez más a las comunidades de mujeres racializadas para compartir sus experiencias y que no se queden nada más en las localidades, fortalecer redes y tejer lazos que permitan seguir haciendo digna la vida y la identidad negra

Todo el contenido de Cimarronas se encuentra en su cuenta de instagram (@cimarronas_), en donde frecuentemente también hacen transmisiones en vivo y próximamente incursionarán con videos mensuales en youtube.

*Si conoce o tiene experiencias de mujeres negras que quiera contar, puede contactar a Cimarronas y contribuir a la lucha por la visibilización racial y de género.

 

 

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