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Hackeo y páginas para adultos: ¿Chantaje moral o realidad?

Los delitos sexuales en Internet, o la "sextorsión", son cada vez más comunes. ¿Por qué parece tan calculada la alegoría al "contagio" cuando se consume sexo en Internet con los tabúes alrededor del deseo y el sexo en la "vida real"? Una historia sobre el chantaje y la extorsión en línea.

Empleada de la página web pornhub se toma una selfie
Enero 18, 2017 // AVN Adult Entertainment Expo, Hard Rock Hotel & Casino, Las Vegas, Nevada
// Foto: Ethan Miller - Gettyimages

Hoy es bien sabido que la cifra de usuarios de las páginas para adultos es casi tan pornográfica como sus contenidos. Su consumo masivo ha significado, naturalmente, críticas desde diferentes frentes. Se ha hablado de la cosificación de la mujer, la creación de adicciones o la distorsión de la educación sexual. Pero a eso hay que sumarle un curioso vínculo entre las páginas porno y las "infecciones" por virus en los dispositivos. ¿Por qué parece tan calculada la alegoría al "contagio" cuando se consume sexo en Internet con los tabúes alrededor del contacto físico real?

Por Juan Camilo Ospina y Valeria Sánchez

El paralelismo entre infectarse con enfermedades e infectar el computador con un troyano es indiscutible. En nuestra infancia, especialmente quienes nos formamos en colegios religiosos, crecimos con el miedo que nos creaban los profesores a las relaciones sexuales apelando al contagio con enfermedades. Tal y como pasa en Internet.

El discurso de miedo por contraer virus informáticos se ha centrado (además de en la piratería) alrededor de las páginas para adultos. La amenaza es latente. Visitar esos sitios implica siempre la posibilidad de perder control sobre los datos personales y la privacidad.

¿Es una realidad la vulnerabilidad de la que tanto se habla en estas páginas web o la frase "esas páginas están llenas de virus" es solo un chantaje moral para mantener distancia del consumo de sexo en línea?

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Hoy en Netflix hay un boom de series que tratan de ser formativas en ámbitos sexuales. Todos hablan de sexo y tienen una opinión. El gran pecado hoy es no saber. No saber poner un condón, no conocer poses, no saber explorar cuerpos, no saber las posibles consecuencias.

Pero el sexo, en la sociedad de la información, está rotundamente reglado. Los discursos "liberadores" dictan al detalle qué es lo que hay que hacer. Ciertos usos de la sexología, la educación sexual y hasta del psicoanálisis han promulgado que el sexo lo explica todo: la falta de felicidad, la forma de ser de una persona, si somos buenos ciudadanos y hasta las funciones biológicas.

Y ni hablar de las formas contemporáneas de configurar la identidad. Cada vez estamos más empujados a decirles a todos qué somos y "la verdad" de nuestros prácticas sexuales. Tenemos que “salir del closet”, decir qué nos gusta, qué nos ha pasado.

Sin embargo, es importante poner en consideración que en el siglo XXI, con la llegada del Internet y la posibilidad de consumir diferentes prácticas sexuales a través de la pornografía, se ha establecido una especie de zona gris en la que las prácticas sexuales pueden experimentarse en secreto.

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Este fue un caso real compartido en un hilo de Twitter por @_dianaromero . Un correo electrónico de un extraño cuyo asunto era su propia clave de ingreso llamó su atención.

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En el mensaje, alguien que se identificaba como un hacker detalla cómo utilizó un malware para tener acceso a su computador luego de que ingresara a una página porno.

Según escribió el hacker en el correo, tomó control de todos los movimientos de su computador. Adquirió acceso a sus claves y su cámara web, a través de la cual, dice, la grabó sin que se diera cuenta. Guardó registro de todos sus movimientos. Las páginas que visitaba, los mensajes que escribía. Veía lo que ella veía. Y la veía a ella a través de la cámara.

Para leer después: De cómo la tecnología está promoviendo el sexo sin sexo

Luego de explicar cómo utilizó el malware para hacerse cargo de su dispositivo, el hacker le contó que había grabado todos sus movimientos y los había puesto en un video doble : uno con la captura de la pantalla y otro con la grabación de ella misma. Le ofreció dos opciones.

La primera era pagar una suma de dinero para no divulgarlo entre todos sus contactos (los cuales había hackeado también). La segunda era no hacer nada y "considerar la humillación" a la que se vería expuesta, sobre todo, decía "si estaba en una relación".

¿No es este un claro ejemplo de cómo los ciberdelincuentes aprovechan los miedos que en la vida fuera de línea nos implantaron quienes nos enseñaron de sexualidad a través del miedo? ¿Por qué un hacker apela a la revelación del consumo fantasioso del porno como una "humillación" o un ataque a la vida en pareja?

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Los virus en páginas para adultos

La prevalencia de malware en sitios web pornográficos es muy alta. Según el investigador de seguridad Conrad Longmore, existe un 53% de posibilidad de encontrar malware durante una navegación en Pornhub.

Por supuesto, los empleados de seguridad de Pornhub y sitios web similares tratan mantener los sitios seguros para sus usuarios y detectar malware lo más rápido posible. La lógica de su negocio es clara: mientras más virus tenga su contenido menos personas querrán suscribirse.

Pero lo cierto es que los sitios de pornografía siguen siendo uno de los destinos más populares para los piratas informáticos y los cargadores de códigos maliciosos. No obstante, esto no se debe del todo al contenido pornográfico, sino a que estos sitios web tienen un gran tráfico de usuarios.

¡La clave es la demanda!

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Los estafadores aplican las mismas técnicas en cualquier sitio que atraiga a muchos usuarios. A decir verdad, las redes sociales son el verdadero caldo de cultivo para el malware. El malware también se infiltra en sitios de medios, anuncios de Google e incluso proyectos bifurcados en GitHub. Y los sitios que pretenden ofrecer los servicios de soporte técnico de empresas de TI como Microsoft son bastante comunes.

Un informe de SimilarWeb plantea que tres de los 20 sitios más visitados del mundo están relacionados con la pornografía. Aunque parezca sorprendente, algunos de estos sitios están cerca al tráfico de Facebook, YouTube y los gigantes de búsqueda Google y Baidu de China.

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En términos generales, con las páginas más conocidas, el contenido que contiene “virus” es la publicidad creada por terceros, o publicidad de sitios de citas que invitan a ingresar datos confidenciales o a descargar aplicaciones falsas que roban todo a escondidas.

En otros casos existen páginas que tienden a ser de pequeña escala y poco conocidas que dan acceso a contenidos eróticos, pero en cambio infectan los equipos de los visitantes con virus para tener acceso a los datos ofrecidos por los usuarios. No hace falta decir que estas aplicaciones suelen estar vetadas de las tiendas oficiales.

Las principales preocupaciones que deben tener los usuarios de internet son los Adware, Software malicioso o spyware, los troyanos y las “sextorsión”. Los Adware, una vez que se arraiguen en su computadora, harán que se le muestren más anuncios y contenido no deseado, incluso si ya no está navegando en la página pornográfica.

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Los software malicioso o spyware se producen para recopilar datos: es decir, para llevar registro que esta navegando e incluso buscar datos muy confidenciales relacionados con el tipo de contenido para adultos que le interesa, su comportamiento en línea, etc. Toda la información recogida entra en una dinámica de oferta y demanda que va desde rastrear qué páginas frecuentan, hasta tener acceso a los datos más privados de los individuos.

Los casos que llegan más lejos, como el que vimos más arriba, son los de “sextorsión”. En términos sencillos, son estafas que se realizan por el contenido erótico que consumimos. Piratas informáticos afirman haber instalado software espía en su computadora y filmarlo mientras navegaba por sitios web para adultos, registrando también todo lo que ha visto, etc.

También le dirán que, a menos que les envíe dinero, enviarán estos datos a su empleador, familiares y amigos. Es un tipo de extorsión problemático en varios niveles ¿Por qué debería darnos vergüenza nuestros cuerpos y nuestras preferencias sexuales? ¿Por qué otros se sienten con la potestad de juzgarnos? ¿Por qué alguien considera que puede hacer público nuestras imágenes privadas?

En nuestra sociedad, el sexo no sólo se procura mantener en la esfera de lo privado, sino que de volverse un asunto público y al viralizarse en los medios y las redes sociales, se convierte en un acontecimiento que pareciese ser motivo de vergüenza ajena y escarnio público.

La sextorsión solo es posible cuando el sexo y el placer pueden ser un motivo de escarnio y vergüenza para los demás. Es un acto de poder que busca sacar ganancia de nuestra privacidad. Y no podemos olvidar que en las sextorsiones hay un ingrediente extra: los espectadores, el otro.

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Las sextorsiones solo tienen sentido en un mundo donde se recrimina y se burla del deseo. Son la contracara de la implantación de momentos, formas y blancos correctos de obtener placer. Como dice Simone de Beauvoir refiriéndose de la sexualidad de los viejos “si los viejos manifiestan los mismos deseos, los mismos sentimientos, las mismas reivindicaciones que los jóvenes causan escándalo. En aquellos el amor, los celos parecen odiosos o ridículos, la sexualidad repugnante, la violencia irrisoria”.

Como dice el investigador en estudios sobre el porno John Barker: el porno no es una cosa singular con la que se pueda ser “pro” o “anti” en su totalidad. La pornografía puede producirse de manera que resulte problemática de muchas formas, y puede producirse de formas deliberadamente éticas, queer o feministas (aunque siempre existe el riesgo de que esas palabras se utilicen como nichos de venta y no se filtren realmente en la forma en que las personas involucradas son realmente tratadas). La pornografía puede servir para perpetuar o desafiar normas de sexo y género.

En cualquier caso, como industria, la pornografía convencional de consumo masivo está para un espectador masculino heterosexual y cisgénero. Las escenas a menudo involucran el dominio masculino, representaciones poco realistas del sexo, la obligación de la erección, mujeres hipersexuales, representaciones no auténticas de la sexualidad lesbiana.

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