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¿Por qué nos gusta tanto ver series? Una crítica desde la filosofía

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han elaboró, en su libro 'La desaparición de los rituales' (2019), una crítica filosófica al régimen de consumo que nos empuja a ver series una tras otra.

"Prix Bristol Des Lumieres 2015" At Hotel Le Bristol In Paris
Paris, Francia. Noviembre de 2012. Byung-Chul Han recibe el premio Bristol Des Lumieres 2015 en el Hotel Le Bristol.
//Foto por: Laurent Viteur/Getty Images

Una búsqueda básica en Google sobre por qué nos gusta tanto ver series arroja, en su mayoría, resultados que no pasan de ser clichés psicológicos que aluden a la sobreidentificación o la emoción provocada por las historias de las plataformas de streaming populares.

Por Fabián Páez López @DavidChaka

No obstante, a pesar de la superficialidad de la información que privilegia Google en sus primeras páginas, el consumo masivo de series es, sin duda, uno de los fenómenos culturales definitorios de nuestros tiempos.

De hecho, con las salas de cine cerradas por culpa de la pandemia, las series aceleraron su conversión en la narrativa maestra del mercado audiovisual. Algo que, en últimas, viene pasando hace por lo menos diez años con el avance de los servicios de streaming en el mercado.

Series épicas como Mad Men , Game of Thrones o Breaking Bad alcanzaron reconocimiento global y muchos críticos culturales se atrevieron a describir la pasada década como la tercera edad de oro de la televisión.

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Para darse cuenta de su impacto en el mercado basta, por ahora, con darse una pasada por los resultados obtenidos por el estudio de la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) sobre el uso de aplicaciones en línea en Colombia.

Las cifra clave: en 2019 “el 24% de los encuestados consumía OTT pagas, siendo Netflix la favorita con 17%”. Sumémosle a esto que el crecimiento disparado se registró hasta 2020, año en el que nos encerramos, Amazon Prime Video impulsó sus producciones en Latinoamérica y aterrizó Disney + en la región.

A finales del 2020 el portal Hipertextual estimó que el número de usuarios globales de pago entre las principales plataformas de streaming creció un 75,1%, pasando de 320 millones clientes de pago hasta superar los 560.

Las cifras son pornográficas e inconmensurables, y vienen acompañadas de la astronómica inversión de las casas productoras. Pero más allá de eso lo cierto es que no hay muchas explicaciones sociológicas sobre por qué pegó tan duro y tan fácil entre los usuarios el consumo serial. En detrimento, por ejemplo, del viejo y hoy lejano hábito de ir a cine.

No se trata solo de que algunos megamillonarios quieran exprimir la naranja de los proyectos exitosos. Sobre todo, si pensamos en cómo hemos interiorizado el consumo serial.

Hoy usamos con naturalidad el verbo “maratonear” para referirnos a una actividad que implica pasar horas inmóvil, empotrado en la cama o en un sillón, mirando al televisor. Todo hasta terminar con una irremediable sensación similar a la tusa, cuya solución no es otra que buscar una nueva serie porque, claro, un clavo saca otro clavo.

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Pues, bien: haciendo referencia (entre otras cosas) al fenómeno del consumo serial, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han elaboró, en su libro La desaparición de los rituales (2019), una crítica filosófica al estado social subyacente al reciente auge de las series.

Según Han, la creciente aversión por las formas rituales dio paso a un régimen neoliberal que nos fuerza a percibir de forma serial y elimina intencionadamente la duración para presionarnos a consumir más. Pero detengámonos un poco más en su crítica.

Han establece una distinción entre percepción simbólica y percepción serial. La primera, que se fortalece y se fomenta a través de la práctica ritual, está siendo desplazada hoy por la segunda, la percepción serial, asociada al narcisismo y a la incapacidad de experimentar la duración.

Las series gustan tanto hoy, dice, "porque responden al hábito de la percepción serial. En el nivel de consumo mediático la percepción visual conduce al binge watching [es decir, la maratoneada], el atracón de televisión o el visionado bulímico. La percepción serial es extensiva, mientras que la percepción simbólica es intensiva. A causa de su carácter extensivo la percepción serial presta una atención plana”.

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La percepción simbólica alude a una disposición particular para reconocer valores y órdenes que mantienen cohesionada a una comunidad. Es constitutiva de los rituales, permite percibir lo duradero y fijar una atención profunda.

En el ritual se recrea lo simbólico, se ordena y se celebra el tiempo. A través de la repetición, los rituales generan intensidad y “permiten una distancia de sí mismo...Vacían de psicología y de interioridad a sus actores”.

El consumidor prototípico de series no ha sido entrenado en las técnicas culturales de la atención profunda. De hecho, como bien cita Han, en vista del aumento de casos de déficit de atención, se ha propuesto el estudio de los ritos como asignatura para ejercitar a los alumnos en las repeticiones rituales como técnica cultural.

Contraria a ese ejercicio de atención profunda y duradera que supone la percepción simbólica, la percepción serial es la captación sucesiva de lo nuevo. En ella la duración es eliminada por la obligación de consumir y producir más. "Más bien se apresura de una información a la siguiente, de una de una vivencia a la siguiente, de una sensación a la siguiente, sin finalizar jamás nada".

Al final, a lo que Han apunta es que ver series en fila se corresponde con la lógica de las descargas emocionales inmediatas (como en Twitter), o con el lema neoliberal de la "vida intensa", que no es otra cosa que el "consumo intenso". Por eso, cuando acaba una serie, parece que no hay otra opción que comenzar otra: un clavo saca otro clavo.

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