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Todo en todas partes al mismo tiempo: somos infinitos porque estamos incompletos

El nuevo éxito de la célebre productora A24, 'Todo en todas partes al mismo tiempo', llegó a las salas del país para mostrarnos cómo llevar la idea de los multiversos hasta la última consecuencia. ¿Cómo seríamos si supiéramos cómo son nuestras posibles vidas? Una reseña sin spoilers.

Todo en todas partes al mismo tiempo
Todo en todas partes al mismo tiempo (Everything Everywhere All at Once, 2022)
// A24

Todo en todas partes al mismo tiempo (Everything Everywhere All at Once) es la película más taquillera del estudio neoyorkino independiente A24. Está dividida en tres actos que suman poco más de dos horas. Cuenta la historia de Evelyn, una migrante china que administra una humilde lavandería en Estados Unidos y debe hacer su declaración de impuestos.

Fin. Eso es todo. Muy emocionante. Vayan a verla. ¿Se sintieron identificados? Cuéntennos qué tal les pareció en los comentarios.

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¿Siguen acá? Es en serio.

Es que eso es lo mágico. Sin salir de ese marco, aparentemente rutinario, es una película de acción, un thriller de ciencia ficción, una comedia romántica, cine de artes marciales; una película sobre desamor, un drama personal con mensaje político, un tributo a Tarantino, una carta de amor a la diversidad LGTBIQ+ y mil cosas más. Todo al tiempo.

Incluso hay decenas de referencias a otras películas. Es algo así como "Ulises”, el colosal libro de culto de James Joyce, cuya historia pasa en el transcurso de un día cualquiera.

Solo que esta película es tan chistosa como emotiva y emocionante, y eso es posible porque sus directores y productores botaron la casa por la ventana.

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Por un lado, tiene un lujo de banda sonora a cargo de la banda Son Lux, con la participación de Mitski, David Byrne (Talking Heads) y muchos más. Por otro lado, está llena de efectos psicodélicos, actores extraordinariamente versátiles e ideas de guión que se sienten tan creativas como si fueran sacadas de un juego de niños en el parque, y están decididas a rechazar lo establecido sobre la linealidad y la uniformidad de estilos.

¿Pero cómo puede ser que hayan tantas cosas en la historia de una mujer que simplemente está encartada con sus impuestos? La respuesta está en el título. Una pista:

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Contra la ley del tiempo

Constantemente estamos pensando en lo que pudo ser pero no fue, y en lo que no está. Nos enfrentamos a la ley del tiempo: cada elección que hacemos, cada cosa que pasa, nos priva del infinito. Pero “Todo en todas partes al mismo tiempo” se propone imaginar cómo sería mandar al carajo esa regla.

La manera en la que lo hacen es propositiva, práctica y sobre todo bella. ¿Por qué no invocar a nuestro yo de otra historia, de otras habilidades u otros destinos, para integrarlo en nuestra vida?

Por ejemplo, ahora que salimos como país de una elección presidencial (del juego de imaginar posibilidades y sopesarlas), atrevámonos a pensar: “si yo fuera presidente” qué haría ante una crisis. Si hubiera perseguido algún sueño juvenil, y ese entusiasmo pudiera revivir fugazmente ante una decisión, ¿cambiaría el resultado? Allí es donde cobra sentido que la película esté dividida en tres actos, que funcionan como tesis (¿a qué nos enfrentamos?), antítesis (imaginar algo distinto) y síntesis (actuar).

El título de la película no es mera poética. Es literal. Los directores Dan Kwan y Daniel Scheinert (antes conocidos por Un cadáver para vivir) llevan hasta la última consecuencia, exprimiendo hasta la última gota de jugo, una única pregunta: ¿cómo sería tu vida si a cada momento supieras cómo son todas tus posibles vidas?

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Y no es otra pregunta que la del eterno retorno de Nietzsche (y del álbum debút de Pavlo ): ¿Si pudieras vivirlo todo otra vez, qué cambiarías? La diferencia es que Nietzsche no tenía a la mano la teoría de cuerdas ni mucho menos una cultura pop global que lleva años explorando la idea de los multiversos y los mundos paralelos.

Muchos han visto series como Dark o El ministerio del tiempo. Los amantes del universo cinematográfico de Marvel han discutido sobre la serie What If… y están digiriendo aún las recientes películas de Spiderman y de Doctor Strange. La pregunta por los universos paralelos está más vigente que nunca.

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Quizás por el capitalismo, por una tusa o fruto del pesimismo ante el cambio climático y otras crisis globales y locales, estamos sedientos de historias en las que los personajes estén tan desesperados como nosotros por escapar a realidades alternativas.

Marvel y muchos otros han explorado esta idea para decir que el contacto entre multiversos pasa por y para que los superhéroes salven el día; que cuando los mundos chocan se reúnen franquicias que recordamos con cariño; o que insistir en un sueño, en imaginar otros mundos posibles, es una respuesta al trauma de la que debemos ser salvados.

Pues con Todo en todas partes al mismo tiempo A24 apuesta por algo más ambicioso. Algo que toca las fibras de nuestros corazones abrumados por las rutinas y la incertidumbre. Lo empeñan todo para ayudarnos a imaginar que el infinito está encerrado en cada uno de nosotros, en nuestra sensación de ser insuficientes y estar vacíos, y en la posibilidad fértil de que otros vean nuestro desierto, porque el infinito nace en el encuentro entre nuestras soledades.

El ritmo de a24

Pero volvamos al título para hablar de los problemas de la película. Es una obra que jamás aburre, pero tampoco deja espacio suficiente para asimilar y pensar en las consecuencias de lo que va pasando. Técnicamente puede ser impecable, y fluye a través del lenguaje cinematográfico insignia de los productos de A24 (desde Euphoria hasta Ladybird pasando por Midsommar y Uncut Gems).

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Pero las ideas, los chistes y los giros en la trama van a una velocidad tal que, si bien impactan, por momentos son imposibles de considerar seriamente. Sí, hay un compromiso muy evidente e innovador a la hora de enfrentarse al concepto del juego entre multiversos. Pero la saturación de ideas (en serio es abrumador, marea) parece por momentos un espejismo para ocultar que en muchas de ellas no hay tanta profundidad como pretende haber.

Me alegra que exista una película que haya decidido tomar los multiversos como un vehículo para pensar el deseo, la carencia y la necesidad de elegir, y por tanto de privarse del infinito. Qué bueno es que entre tantas dimensiones vivamos en una en la que Dan Kwan y Daniel Scheinert, los directores, quisieran rendir tributo así a decenas de películas que nos han hecho contemplar lo que creíamos imposible, empezando por Un Viernes de Locos (¡te amo, Jamie lee Curtis!).

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El resultado invita a agradecer la posibilidad de caminar juntos cuando recordemos que este sí es un mundo absurdo y desesperante, y nosotros unos seres finitos e incompletos, pero que no están solos.

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