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5 documentales musicales en Netflix que narran la lucha contra el racismo

En tiempos de sublevación y revisión histórica, 5 documentales que rinden honor a las luchas de los músicos negros contra el racismo en EE.UU
Foto: Netflix.
Foto: Netflix.
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Redacción Shock

Por estos días de sublevación, en los que el racismo y la violencia aparecen en mayúsculas en pancartas, hashtags o titulares, y que masas posan su mirada en los artistas afro, cinco documentales para ver en Netflix sobre guerreros de la música negra que con su obra pujaron por la igualdad, el orgullo y la relevancia de su raza.

Por Jenny Cifuentes // @Jenny_Cifu

Esta es una lista que no solo repasa las carreras de nombres como los de Sam Cooke, Nina Simone, Miles Davis, Robert Johnson o Clarence Avant, sino que traza las influencias que dieron forma a la música y a las luchas presentes.

El doble asesinato de Sam Cooke (2019)

Directora: Kelly Duane de la Vega

El cantante Sam Cooke tenía 33 años cuando lo mataron. Fue símbolo de libertad negra.  En su corta carrera no se conformó con ser una figura popular, alzó su voz contra el racismo y por los derechos de los artistas negros sobre su obra. 

“La energía que Sam Cooke poseía, para algunas personas del gobierno de este país, representaba una amenaza que debía evitarse”,  dice el escritor y activista Kevin Powel.

El músico emergió del góspel y a los 19 empezó a ser parte de la agrupación Soul Stirrers. Su magnetismo era evidente. En los primeros pasos que dio como solista versionó standards (muy famosa fue su interpretación de I love you for sentimental reasons);  hizo jazz, blues y encandiló con el soul a la audiencia afro y al público blanco. Eran los inicios de los 60 y Cooke, con conciencia política y social encendida, se negaba a actuar en lugares segregados y grababa sencillos del tipo de Chain Gang,  que hacía alusión a prisiones como Parchman y al sistema penitenciario, y de la que desplegaba un controversial video en el que aparecían él y sus productores vestidos de prisioneros.

Orgulloso de su raza, de sus rasgos y de los íconos de su cultura, impulsó a usar el pelo afro en un tiempo en el que muchos, por “conveniencia social”, se querían alisar. Puso a cantar junto a él a Muhammad Ali y se acercó a Malcom X.  Como visionario de la industria musical y el control de esta del dinero que fue, armó su sello SAB Records, que daba prioridad a los artistas negros.

El filme cita hechos relevantes para el Movimiento de los Derechos Civiles en Norteamérica que marcaron al cantante y acude a las voces de Smokey Robinson y Quincy Jones. Muestra también la pobre investigación policial sobre su misteriosa muerte y deja en evidencia los objetivos de este “doble asesinato”: eliminar a Sam Cooke y desaparecer su legado.

Miles Davis, Birth of the Cool (2019)

Director: Stanley Nelson

Era julio de 1955. Festival de Jazz de Newport. “Miles metió la sordina de la trompeta en el micrófono y, en ese instante, cambió todo el mundo del jazz, porque la belleza de esa canción y de su instrumento hicieron del bebop una música que podía ser aceptada por todos”. Así describe el empresario jazzero George Wein uno de los eventos en los que Miles Davis dejó a los asistentes extasiados y con los ojos en la barbilla. Davis, jefe supremo con miles de discípulos, indispensable de la música, con su sonido único, innovación constante, siempre alterando las estructuras, acompañado de una aureola de amenaza y misterio y la voluntad de no aceptar ningún tipo de concesión, fue símbolo de libertad. “Fue la personificación de lo ‘cool’. Materialización del hombre negro que no tolera ninguna insolencia. Se convirtió en nuestro Superman negro”, afirma la  profesora  Farah Jasmine Griffin, una de las voces que aparecen  en esta cinta, que muestra al ícono desde chico, creciendo con unos padres ricos en East St. Louis, con personas de los alrededores –en sus palabras- “racistas hasta la médula”, y lejos de que el poder económico de su familia lo protegiera de la segregación. Se ve a Miles en orden cronológico, de 13 despegando con su trompeta y a los 18 en la banda de Billy Eckstine topándose con Dizzy Gillespie y Charlie Parker; en su paso por la academia Juilliard,  estudiando en el conservatorio de día y de noche puliéndose en los clubes; más adelante, viendo en el bebop dignidad para los músicos negros.

Con un sustancioso archivo fotográfico y de video, historiadores, miembros de la familia del trompetista, y con la aparición de un largo listado de músicos (la mayoría que tocaron con él: los  saxofonistas Jimmy Heat, Wayne Shorter, los bateristas Jimmy Cobb y Marcus Miller, el pianista Herbie Hancock, el guitarrista Mike Stern, o el productor Quincy Jones) se recrea la gestación de discos históricos como Birth of the Cool, Miles Ahead, Tutu, On the Corner, el poderoso Bitches Brew que generó turbulencias, o la banda sonora de la película Ascenseur pour l´echafaud – que fue famosa primero que el filme-.

Se acerca al público a las grabaciones de Miles con su quinteto en diferentes etapas: cuando incluía al saxofonista John Coltrane, -joyas del jazz hechas en sesiones maratónicas-, y con su quinteto de los 60 en el que reclutó a Herbie Hancock de 23 años y a Tony Williams de 17.

Profundiza en  la aparición del álbum Kind of Blue (1959), que se volvió un esencial del jazz, súper vendedor, noqueador, y narra lo que sucedió tras su salida. Al respecto cuenta Jimmy Heat: “Era la época del hombre negro, cuando quiso mostrar su orgullo por lo que era, y Miles fue la prueba evidente, se veía tan elegante como podía”. Sobre este tiempo, el documental ilustra el incidente de violencia policial del que Davis fue víctima, y deja claro, que el éxito musical, no fue una coraza que lo protegiera ante el racismo, pero sí, a medida que pasaban los años, un arma para desafiar al mundo.

El filme pone en pantalla las caras de Miles: la de “sacerdote vudú de la música”, la de animal con rabia,  la de  boxeador y pintor; la del genio por temporadas elegante, con gusto por los lujos, fascinado con Paris, obsesionado con los avances en la música, transgresor. A Miles exigiendo a las disqueras poner mujeres negras en las portadas de los álbumes, y varias décadas atrás, cuando no era lo usual, dando  conciertos multitudinarios, recibiendo el mismo trato que las estrellas de rock. Siempre viendo hacia adelante en la industria musical, recalcando con su presencia: soy negro y soy el más cool. También el rostro de Miles violento con sus parejas, con adicciones, paleando con enfermedades, con años de silencio seguidos por reapariciones impactantes.

Miles Davis, Birth of the Cool exhibe a  Davis a blanco y negro, colorido, brillante, oscuro, y siempre fiel a su máxima “si alguien quiere seguir creando, tiene que estar a favor del cambio”.

What happened, Miss Simone? (2015)                                                                  

Directora: Lizz Garbus

Nina Simone fue una dura. Cantante, compositora y  pianista, genio del blues, jazz, R&B, apodada la  “Suma sacerdotisa del  soul”.  Revolucionaria.  La grande del entretenimiento que miraba con furia y para quien la libertad significaba “no tener miedo”. Su voz profunda, el sonido conmovedor de sus discos y su particular estilo la hicieron musa iluminadora de generaciones de público y músicos como David Bowie o Nick Cave.

Eternos se volvieron hits como su interpretación de I Loves You Porgy (George Gershwin), la version de I put a spell on you (Screamin’ Jay Hawkins), My baby just care for me (Walter Donaldson y Gus Kahn) , o Feeling Good (Anthony Newley y Leslie Bricusse).

El filme, que ofrece material inédito de la artista y una entrevista con su hija, narra cómo Simone siendo niña prodigio del piano, oriunda de Carolina del Norte, quiso ser la primera pianista clásica afroamericana pero el racismo se lo impidió; su paso a ser cantante de jazz y blues y el camino al éxito en una ruta musical nada despejada. Muestra a esa Nina recia, con brillo en escena, la de los vestidos fabulosos, de trajes de estampados africanos, la de los sombreros, y también a la que vivió fuertes luchas privadas: una tormentosa relación con su esposo -un ex policía que llevaba su carrera-, enfermedades mentales, episodios de bipolaridad y adicciones.

La exhibe comprometida  en la lucha por los derechos civiles de la población afro en los 60 y  convertida en parlante, causa que plasmó en temas combativos como Mississippi Goddamn, escrito en respuesta al bombardeo en septiembre del 63, cuando supremacistas blancos pusieron un artefacto explosivo en una iglesia de Biirminghan Alabama, que mató a 4 niñas; o  To be Young, gifted and black, que fue acogido como uno de los himnos del Movimiento por los Derechos Civiles. Narra cómo sus conciertos se volvían cada vez más políticos y de qué manera su discurso punzante restringió el crecimiento de su carrera. 

En entrevista alguna vez dijo que no tenía más opción “¿cómo puedes llamarte artista y no contar lo que está pasando?”.

Entre muchos episodios significativos, el documental muestra su retorno en el Festival de Jazz de Montreaux de 1976, luego de 8 años de silencio autoimpuesto.

ReMastered: Devil at the Crossroads (2019)

Director: Brian Oakes

“Cuenta la leyenda que fue a la encrucijada a encontrarse con el diablo, le vendió su alma, y así se convirtió en el mejor guitarrista del mundo”. La historia de Robert Johnson, el músico que hizo un pacto con el demonio, -o eso dicen-, aparece en esta cinta que suma novedades a la biografía de la figura más celebrada de la historia del blues y quien labró con sus dedos los cimientos del rock.

La forma de tocar de Johnson ha influenciado a varias generaciones, marcando figuras como Keith Richards, Eric Clapton, Jimmy Page, Jack White, Gary Clark Jr. y cientos más. Un tipo tan relevante del que no hay mucha información, - existen apenas dos fotos y no hay videos-, sobre el que aún se posa ese halo de misterio y fantasía que lo eleva a altos peldaños en la mitología de la música.  

Del guitarrista solo se conocen 29 composiciones,  interpretadas cientos de veces por artistas de todos los estilos. Sus títulos, Crossroads, Sweet Home Chicago o  Love in Vain,  se oyen por los siglos de los siglos. La vida y obra  de Johnson han resultado tan fascinantes que han inspirado varias películas. Por citar alguna, la búsqueda de su  canción número 30 hace parte del argumento  del filme Crossroads (Walter Hill, 1986) con música de Ry Cooder.

Su destreza con la guitarra fue tremenda. Conocedores instrumentistas afirman que existe algo sobrenatural en su estilo de tocar, dicen  que en sus cortes parece que tocaran dos o tres, pero es él solo. “Algo hizo. Nadie desaparece un año y viene tocando así”, afirma el reconocido bluesero Taj Mahal, quien hace parte de artistas con brillantes credenciales que hablan sobre Johnson: Keith Richards, John Hammond, Bonnie Raitt, Keb’  Mo’, su amigo y compañero de viajes “Honeyboy”, sumados a  audios de un clásico esencial del blues: Son House. El documental  acude  a  animaciones y a testimonios  del  escritor Bruce Conforth, - quien lo estudió durante 50 años-, el hijo y nieto de Robert,  y hasta a una novia.

ReMastered: Devil at the Crossroads, para nada ladrilludo y con “ información nueva”, revela por qué Robert se la pasaba tocando en el cementerio, por qué daba la espalda al público en los clubes, cómo iba de pueblo en pueblo guitarra al hombro y viviendo en la carretera,  cómo murió a los 27 haciéndose bisabuelo del Club de los 27,  y cómo en sus letras además de asustar con el maligno, retrataba símbolos de la cultura afro en épocas  en las que Mississippi era sinónimo de peligro para los negros, victimas de linchamientos y muchos otros males. 

The Black Godfather  (2019)

Director: Reginald Hudlin

Si a uno le dicen que hay un tipo padrino de Michael Jackson, Barak Obama, Babyface, Jamie Foxx y Muhammad Ali, seguramente lo dudaría. Pero es real. Su nombre es Clarence Avant y le dicen The Godfather, como a Corleone. Y claro, no es mafioso, pero cuentan que supo lidiar con los que lo eran. Avant es un ejecutivo de la música, manager, cabeza de sellos discográficos, productor, cazador de talentos, que durante más de cinco décadas ha movido los hilos y ha hecho jugadas claves en la industria del entretenimiento.

Conoce a todo el mundo y todos confían en él. Es el que cierra los tratos. Cuando sus ahijados dicen “Clarence Avant” las aguas se separan para que ellos pasen.

Fue el que grabó a Rodríguez, el artista que la gente reconoció hasta hace poco por el documental Searching for Sugar Man; y el que lanzó a Bill Withers, voz de batazos como Lean on Me, que en Estados Unidos es más famosa que el himno nacional.

A Clarence, (que quedó muy marcado con el asesinato de Emmet Till, uno de los casos fundamentales en las relaciones raciales en Estados Unidos, que pusieron en evidencia la disparidad en la justicia con los norteamericanos negros) no le gusta marchar y, a algunos, les recalcó hace tiempo que no le interesaban los Derechos Civiles, solo los negocios. Pero con sus  acciones derribó barreras y abrió puertas para los afroamericanos.

Cuando tenía 20 años, en la década del 60, Joseph Glaser, fundador de Associated Booking Company (representante de  estrellas como Louis Armstrong, Duke Ellington, o Billie Holiday, según dicen, muy relacionado con Al Capone, y quien llegó a tener en sus manos casi el 70% del talento negro del país), lo convenció de volverse manager. Así, despegó manejando al organista Jimmy Smith, -de los mejores del mundo. Entre sus quehaceres, le consiguió al pianista Lalo Schifrin -el compositor del reconocido tema de Misión Imposible-, como 100 películas para hacer sus bandas sonoras. Convenció al jugador de futbol americano Jim Brown de aparecer en el cine, figurando como el primer actor negro que tuvo una escena de amor con una actriz blanca, Raquel Welch. “Puso a un afroamericano en Hollywood, desafiaba lo que supuestamente era Hollywood”, en palabras de Brown.

Fundó en los 70 el sello Sussex Records, -nombre que mezclaba sucsess y sex-, sobre el que dice Andre Harrell de Uptown Records: “suena a que él y Quincy Jones lo pensaron drogados”.

Avant era transgresor en esos años cuando no había casi ningún empresario negro en el negocio del rock&roll, y lo que hizo fue grabar artistas blancos y producir hits, cosa que ningún afro había hecho en la época. Tiempo después armó el sello Taboo Records, se involucró con Motown y hasta compró una emisora de música negra.

Enérgico al cien,  produjo entre otros, el concierto Save the Children, que incluyó en su cartel a luminarias del momento. Algunos de ellos: Marvin Gaye, The Jackson 5 y Sammy Davis Jr.  Fue promotor del tour Bad, de Michael Jackson, e incluso, mediador en un conflicto entre CBS y Universal por un audio libro de ET El Extraterrestre, narrado por Jackson.

Este documental, en el que intervienen muchos cerebros de la industria musical, encumbra a Avant como uno de los grandes veteranos involucrado con las carreras de músicos y jóvenes ejecutivos del showbiz, recalcando que “Clarence no es el puente, sino es el camino”.

 

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