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Wu-Tang Clan es para siempre: la historia del grupo que revolucionó el rap

Wu-Tang Clan, el colectivo de Staten Island, Nueva York, cambió el rap con su debut en 1993. Su huella se extiende hasta hoy, como lo demostrará el sábado 25 de marzo en Estéreo Picnic.

Summertime In The LBC
GZA y RZA de Wu Tang Clan en el LBC festival. Agosto 5 de 2017 en Long Beach, California.
// Foto por Scott Dudelson/Getty Images

Era 1991 y la posibilidad de pasar ocho años en la cárcel por dispararle a un hombre pesaba sobre el cuello de Robert Diggs como una guillotina. Nacido en Brooklyn, había iniciado su carrera como rapero y productor en los 80, en las calles inundadas por el crack de la Gran Manzana.

Se hacía llamar Prince Rakeem y firmó un contrato con el sello Tommy Boy que parecía un bálsamo, pero la experiencia fue corta y decepcionante. Por eso había vuelto hace un año a Steubenville, Ohio, donde vivía su madre. Fue allí que se dejó llevar por noches turbulentas y una ola de crimen que no parecía tener puerta de escape.

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Mientras esperaba el juicio que definiría su futuro y pensaba en su hijo, que estaba por nacer, leyó con dolor la decepción en los ojos de su madre. Cuando el juez lo declaró inocente, ella le dijo que no desperdiciara esa segunda oportunidad que la vida le daba. Lleno de alegría y guiado por sus lecturas de la Biblia, Diggs se rebautizó a sí mismo como The RZA y regresó a Nueva York.

De vuelta a casa

RZA se reconectó con los raperos con los que había trabajado antes. Sus primos Ol’ Dirty Bastard y GZA, también decepcionado de las grandes disqueras, con los que había formado Force of the Imperial Master y luego All In Together Now años atrás; Method Man, U-God, Inspectah Deck y Raekwon, con los que había sido D.M.D. Posse; y su compañero de apartamento Ghostface Killah, al que le habían disparado hace poco. Después se uniría Masta Killa.

Estos vínculos estaban enraizados en Staten Island, el hogar de la mayoría. En este distrito de Nueva York, atravesado por la pobreza, la violencia y la necesidad de buscarse la vida como fuera, sus barrios, Stapleton y Park Hill, eran rivales.

Aun así, los nueve compartían la pasión por el rap, las películas de kung-fu y las enseñanzas religiosas del 5%. Ese terreno común fue la base de Wu-Tang Clan, quizás el grupo más importante de la historia de género.

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El plan

RZA, líder de Wu-Tang, tenía un plan en el invierno de 1992. Cada integrante había juntado cien dólares para poder grabar y publicar de forma independiente Protect Ya Neck, su primer sencillo. Si el rap de entonces tenía como polos el G-Funk cálido de Dr. Dre y Snoop Dogg en California y el jazz rap de A Tribe Called Quest y Native Tongues en la Costa Este, Wu-Tang entró con un sonido gélido y polvoriento que te obligaba a cubrirte con tu Avirex y asaltar a tu vecina.

Con Protect Ya Neck, una canción de competencia en la que cada uno lucha por abrirse espacio y demostrar sus habilidades, se formó un mundo nuevo: ya no era Staten sino Shaolin Island, en referencia a Shaolin and Wu Tang (1983), una de sus cintas favoritas.

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El plan de RZA consistía en llegar a la cima en cinco años, con cinco álbumes como solistas de sus estrellas en sellos diferentes y dos discos grupales como inicio y final de la estrategia, toda producida por él.

Steve Rifkind y Loud Records reconocieron el potencial y aceptaron las condiciones particulares del trato. Con 60.000 dólares en la mesa —menos de lo que otras disqueras ofrecían, pero con la ventaja invaluable de la flexibilidad que necesitaban— Wu-Tang firmó y el plan empezó a andar.

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La portada de Enter the Wu-Tang (36 Chambers) —el debut del clan, publicado el 9 de noviembre de 1993— presenta a un grupo de hombres encapuchados con la cara cubierta. Todavía hoy, al verla, es mejor que te asegures de que tu celular y tu cabeza sigan en su lugar.

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Method Man se confirmó como una estrella en la canción que lleva su nombre. Tearz le da la vuelta a un sample de soul, que acompañado de un bajo corpulento es escenario para los relatos vívidos y trágicos de Ghostface Killah. En C.R.E.A.M, un himno que reconoce y critica la importancia del dinero, Raekwon detalla su infancia de carencias y ese mismo suéter Polo viejo de tantos años, mientras que Inspectah Deck concluye que la vida es un agite.

Este retrato fragmentado de la Nueva York pre-Giuliani, tan puro como perico boliviano, funciona gracias a la dirección diestra de RZA, científico loco que logra equilibrar la locura explosiva de Ol’ Dirty Bastard con la meditación cortopunzante de GZA y la personalidad de cada rapero para cohesionarlas en algo más grande y, aun así, indómito.

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Entre interludios de kung-fu y rutinas en las que cada uno juega a imaginar la tortura más cruel posible,

Enter the Wu-Tang revolucionó el rap. Sin embargo, sus creadores todavía vivían el crimen y el hambre en primera persona.

Los 5 álbumes

La segunda parte del plan llegó entre 1994 y 1996 con el lanzamiento de cinco álbumes. El primero fue Tical, de Method Man, hecho bajo los efectos del polvo de ángel. Luego fue el turno de Ol’ Dirty Bastard, que con Return to the 36 Chambers: The Dirty Version demostró la potencia de su personalidad inflamable, coros impredecibles y una buena dosis de carisma punketo. Con Liquid Swords, GZA reclamó un lugar en la mesa de los grandes escritores del rap, con imágenes de ajedrez yuxtapuestas con batallas sangrientas en las que sus enemigos eran decapitados. Only Built 4 Cuban Linx…, de Raekwon, es contendor al título de mejor disco de rap de la historia: sus relatos de mafia, narrados con argot tan fresco como indescifrable, inauguraron un subgénero. Ghostface Killah, enfermo y envuelto en todo tipo de líos, cerró esta etapa con Ironman: viñetas impresionistas como un guion de Tarantino, pero mejor.

Todos los álbumes fueron producidos y dirigidos por RZA, que estableció con claridad el rango del sonido de Wu-Tang y logró sobreponerse a la pérdida de cientos de beats por una inundación en su estudio.

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Cada uno de estos discos marcó el rap de mediados de los 90, elevó el perfil de Wu-Tang en lo individual y en lo colectivo y demostró que no perdían ni un gramo de su excelencia si se paraban solos.

Wu-Tang Forever

Para que el plan de RZA concluyera en un triunfo absoluto, Wu-Tang Clan debía regresar con un segundo disco que consolidara a la agrupación como un gigante global sin sacrificar su idiosincrasia, la meta desde el 92.

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Así lo hizo Wu-Tang Forever (1997), que debutó en el primer puesto de la lista Billboard 200. Era la época de los discos dobles, como All Eyez On Me de 2Pac y Life After Death de Biggie. Wu-Tang hizo lo propio con un álbum de casi dos horas definido por todos los excesos posibles, como agrandar tu combo de hamburguesa triple.

Wu tang forever cover wu tang clan.jpg
Wu Tang Forever (Portada álbum)
Wu Tang Clan

Esto se extendió hasta los videos: el de Triumph —la canción más conocida del disco, que empieza con una estrofa fascinante de Inspectah Deck, el principal damnificado de la inundación— costó un millón de dólares y presenta a todos los integrantes, más Cappadona.

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Frente a la forma concisa y concentrada de su debut, el segundo álbum de Wu-Tang se siente innecesariamente hinchado y desordenado; la producción de RZA, más limpia e inclinada hacia lo cinematográfico, agudizó el contraste.

Pero Wu-Tang Forever está lleno de temazos. Raekwon y Ghostface Killah se roban el espectáculo con rapeos de ida y vuelta al describir una pelea de boxeo con detalle surrealista en M.G.M. y desarrollar su jerga abstracta alrededor de crímenes y prendas de diseñador en Cash Still Rules.

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El título de esta última canción alude a la continuidad de los mundos retratados en Enter the Wu-Tang y Wu-Tang Forever, pero para 1997 Shaolin Island ya estaba atravesada por un cisma. Esto es evidente al escuchar con atención el segundo álbum.

La enfermedad del más

Method Man es incapaz de rapear mal, pero algunos de sus versos son lánguidos. ODB ya sufría los efectos de sus adicciones y apenas aparece en estas canciones. GZA también es una presencia poco frecuente, aunque con él la razón no es clara.

En conclusión, Wu-Tang fue víctima de lo que Pat Riley, mítico técnico de los Showtime Lakers de los 80, llamaba la enfermedad del más: todos los integrantes, borrachos de fama y éxito, tenían intereses y ambiciones que no coincidían. Por esta época había tensiones por el control dictatorial que RZA ejercía sobre el grupo y por los manejos turbios de la plata, de la que se encargaba su hermano Divine.

Cazaron peleas con Hot 97 y la salud de Ghostface empeoró. Para más inri, el FBI los empezó a perseguir como si fueran una banda criminal, persecución que no se detendría hasta 2004, tras la muerte de ODB.

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A pesar de sus defectos, Wu-Tang Forever es de lejos el segundo mejor álbum de la discografía del grupo. Ninguno de los que vino después, como Iron Flag (2001) o 8 Diagrams (2007) se acercó al nivel que RZA y sus secuaces alcanzaron durante esa racha dorada de cinco años entre el 92 y el 97, en parte porque cada vez era más difícil integrar a todos en una misma idea y un mismo lugar.

De los nueve espadachines, Ghostface Killah es el que tuvo la mejor carrera como solista, con clásicos como Supreme Cliente (2000). Method Man llegó a Hollywood. RZA pasó a componer bandas sonoras cinematográficas. Los demás mezclaron aciertos con yerros, aun cuando los rapeos siempre fueron de alto nivel.

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El culto a Wu-Tang

Es curioso, entonces, que Wu-Tang sea tratado con tanta reverencia por lo que hizo en un lustro, pero es que ese lustro llegó con videojuegos, una marca de ropa mundial y un logo que trascendió el hip hop para adornar camisetas en San Andresito y cualquier mercado de las pulgas que encuentres.

Su presencia fue masiva y también de culto, con cameos en cintas de Jim Jarmusch y skits de Dave Chapelle. Ningún otro grupo es como Wu-Tang, un enjambre de abejas asesinas imposible de atajar. No fue solo una buena racha, fue hegemonía que se extiende hasta hoy.

Además de su mitología, su lenguaje, su estilo y sus discos, la mejor forma de entender la importancia de Wu-Tang Clan es apreciar su impacto y su influencia en el hip hop. No solo fueron el cianotipo de rap callejero neoyorquino y abrieron la puerta para Nas, Mobb Deep y Biggie en los 90, sino que la ola de rap subterráneo contemporánea encabezada por Roc Marciano y Griselda bebe directamente de su fuente: RZA y sus baladas escabrosas, Ghostface y los loops de soul bañados con lingo abstracto, Raekwon y el lujo de Only Built 4 Cuban Linx… son el camino para todo lo que escuchamos hoy.

Seamos claros: sin Wu-Tang Clan no hay rap como lo conocemos, son el primer grupo que le mostrarías a los aliens para explicarles de qué va esto. Pese a sus fallas, el título de su segundo álbum acertó como una profecía. Wu-Tang Clan es para siempre.

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