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Thriller social: ¿cine de terror con sentido o explotación del trauma?

¿Cómo aproximarse a los eventos traumáticos en el cine? ¿Cuál es el efecto de la violencia explicita entre las comunidades marginadas? Una breve reflexión sobre uno de los géneros más populares de la actualidad en el cine y la televisión: el thriller social.

Parasite.
Película Parasite.
// Cortesía

Lo hermoso de las películas de terror es poder levantarse de la silla y saber que todo acabó: los fantasmas no existen, el asesino está encarcelado y las muñecas de trapo no están intentando matarte. Pero esto no sucede con el ahora tan popular género de thriller social.

Por Carolina Benitez Mendoza

El thriller social busca recalcar problemáticas sociales reales adicionándoles elementos del cine de terror. Pero es difícil dejar en la silla la sensación de miedo cuando el horror continúa en las noticias del medio día. Es el horror del diario vivir, aumentado con un poco de fantasía terrorífica.

¿Qué es el thriller social?

Es un subgénero del cine que existe desde los 50, pero recientemente experimenta un boom debido al auge de los movimientos sociales.

Su éxito en la taquilla y en las premiaciones no se debe a los momentos que hacen al espectador gritar y saltar, sino a su dura crítica a la sociedad, contada siempre desde la perspectiva de los oprimidos y marginados, que viven este terror a diario.

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Fue popularizado por el director Jordan Peele con su película ¡Huye! de 2017, una cinta terrorífica que explora cómo el racismo basado en microagresiones del blanco liberal puede pasar desapercibido antes de convertirse en violento.

Jordan Peele dijo haber basado la película en su propia experiencia conociendo a la familia blanca y poderosa de su esposa. El largometraje tiene al público en un constante estado de paranoia, para asemejar lo que experimentan las personas negras en su día a día: “¿Fue racista ese comentario?” “¿Lo dice sólo porque soy negro?” “¿Debería huír?”.

Pero fue Parásito de 2019, sin lugar a dudas, la película del subgénero más aclamada hasta el momento. No sólo por ser la primera película no-anglosajona en ganar un Oscar a mejor película, sino también por su fuerte comentario sobre el capitalismo tardío. Algo que el director llamó una crítica a la “mentalidad del trabajo duro”: una ilusión que mantiene viva la sociedad desigual y que no arregla el problema de raíz.

Machismo y thriller social

El machismo no se le escapa al thriller social. En 1975, Las Esposas de Stepford, una película sobre un hombre que lleva a su esposa a una comunidad cerrada de "mujeres perfectas" y que pronto encuentra a su mejor amiga feminista convertida en una de estas aterradoras sirvientas, dio un mensaje escalofriante acerca del alcance de la misoginia, e invitó al público a cuestionar hasta qué punto se estaba exigiendo perfección a la mujer.

A pesar de tener un éxito moderado en su época y recibir críticas por su mensaje feminista, la película llegó a convertirse en un filme de culto. Tanto así que produjeron un remake en el 2004, protagonizado por Nicole Kidman. Solo que más ligero y cómico.

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La explotación del trauma

Su nueva popularidad ha provocado una saturación de nuevas series y películas del subgénero en plataformas de streaming. Y, aunque por un lado son alabadas por exponer los problemas de la sociedad, son también criticadas por explotar el trauma de grupos marginalizados para ganar dinero rápido.

Esto debido a que en múltiples ocasiones no son las personas sufriendo estas opresiones sociales las que están detrás de estas historias, sino por el contrario, sus opresores. No hay una redención ni un mensaje reparativo más allá que la puesta en escena del sufrimiento morboso y desalentador del grupo marginalizado.

Esta crítica la recibió, por ejemplo, la serie Ellos, de Amazon Prime Video , que con sus escenas extremas de racismo violento desanimó a una gran parte de su público de verla. Se sentía más como una tortura lenta, como “porno de trauma”, que como una crítica al racismo.

Aunque se dice que el primer paso para sanar el dolor es aceptarlo, no hay mucho consenso entre qué tan explícito debería ser ese dolor, y dónde marcamos la línea entre aceptar nuestro trauma y torturarnos con él.

El reconocimiento al thriller social es esperanzador para una sociedad que antes veía el cine y la televisión como un escape, pero ahora los ve como una oportunidad de redescubrir y repensar el mundo críticamente.

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Algo es seguro: el thriller social tiene el potencial de ser un excelente cine, pero hay que verlo con pinzas y prestar atención a las condiciones en las que se produce. La ansiedad no va a acabarse cuando salga la escena de créditos porque los problemas que expone este hijo del terror no se quedan sólo en la pantalla: están aquí, respirándonos en la nuca.

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